23 de marzo 2009 - 00:00

“Empezamos con un tango pero subrayaba lo triste”

Los payasos belgas Dominique Abel y Fiona Gordon, autores y actores de «Rumba», se sienten «parte de la misma familia de los cómicos del cine mudo, a la que también pertenecía Jacques Tati».
Los payasos belgas Dominique Abel y Fiona Gordon, autores y actores de «Rumba», se sienten «parte de la misma familia de los cómicos del cine mudo, a la que también pertenecía Jacques Tati».
Hace justo dos semanas, «Rumba» se convertía en la joyita de Pantalla Pinamar, y sus autores, los simpáticos Dominique Abel y Fiona Gordon («que además son matrimonio con libreta», los presentó Carlos Morelli humorísticamente a tono con ellos) resultaron también la pareja más graciosa y encantadora del festival. Es lógico: son payasos por naturaleza y por estudios. Dialogamos con ellos a propósito de su estreno en cines esta semana.
Periodista: ¿Cómo empezó todo?
Dominique Abel: Salíamos de haber estudiado dos años en la escuela de Jacques Lecoq, estaba cada uno parado en la vereda, nos miramos, y nos dijimos «¿vamos a intentar algo juntos». Y después de cinco espectáculos, tres cortos y dos largometrajes, nos enamoramos.
Fiona Gordon: Pero si pregunta cómo empezó «Rumba», le diría que con un tango.
D.A.: Sí. Primero empezamos con una idea, resumida en una frase. Se la mandamos por mail a nuestro codirector, Bruno Remy, también payaso, fuimos ampliando, hasta llegar a cuarenta páginas, y ahí, con la historia ya esbozada, empezamos las improvisaciones poniendo tangos, pero sentimos rápido que esa música tiene algo profundo y sombrío, y como la historia que queríamos contar ya era bastante triste, buscamos otra cosa, y dimos con la rumba, que no conocíamos, y seguimos sin conocer, pero nos gustó la musicalidad de la palabra. En la película bailamos sones, no rumbas.
P.: ¿Por qué querían contar una historia triste?
F.G.: Ella nos eligió. Pero nosotros no quisimos subrayar su tristeza. Al contrario, nos empezó a quedar graciosa. El clown es naturalmente optimista, y ese optimismo nos aflora, y empuja a nuestros personajes y al público. Lo importante es que en el mundo que descubrimos dan ganas de bailar, por encima de las desgracias.
P.: El público de Pinamar los aplaudió muchísimo.
F.G.: Después de Cannes exhibimos este film en 25 países, pero ésta fue la primera vez que tuvimos una respuesta tan afectuosa y tan intensa. Valió la pena estar ahí.
D.A.: Fue como estar en casa, porque vivimos cerca de Ostende, Bélgica, y el pueblo vecino a Pinamar también se llama Ostende. Y ambas son localidades balnearias.
P.: Una nació inspirada en la otra. ¿Ustedes son belgas de pura cepa?
D.A.: Yo soy belga de Bélgica. Fiona es belga de Australia. Bruno es belga de Francia. Los tres somos muy testarudos, y no nos gusta delegar nada en los demás, así que hacemos la película entre los tres. Es muy importante ser tres. Jugamos con sillas, cartones, sombreros, hablamos muy poco, nos reímos, y cuando ya está todo listo llamamos al equipo de rodaje.
F.G.: Durante el rodaje no cambiamos nada. En cuanto al estilo, nos sentimos parte de la misma familia de los cómicos del cine mudo, a la que también pertenecía Jacques Tati. Ellos son nuestros héroes, pero no queremos imitarlos.
D.A.: Somos de la misma familia, porque también venimos del circo, del vodevil, como ellos. Nuestro arte vivo está fuera del realismo, trabajamos con la intromisión de lo poético, con la imaginación de nosotros y de ustedes. E intentamos ser siempre inventivos y simples. Y graciosos: aún en los efectos especiales aplicamos el humor.
P.: Hablando de eso, ¿cómo hicieron el baile «de las siluetas», que el público aplaudió a telón abierto?
D.A.: La explicación más sencilla me llevaría quince minutos. Le diré que dispusimos de una sala de 40 metros, una tela de retroproyección en el medio, una cámara, un trabajito digital intermedio, de nuevo la cámara con la tela, y otros cuatro pasos más. ¿Salió lindo, no?
F.G.: Usamos mucho la retroproyección a la manera de Alfred Hitchcock en los cincuenta. Nos gusta ese lado creativo del trabajo, distinto al modo en que hoy se emplea.
P.: También el humor de ustedes es muy distinto al que hoy se emplea.
D.A.: Somos siempre nosotros, y sobre eso no reflexionamos. Nunca hacemos humor paródico. No le decimos a la gente «miren qué tontos son estos personajes», sino que somos nosotros, de alma.
F.G.: Por eso nos sentimos autorizados a hacer esta historia de un matrimonio de bailarines, donde él pierde la memoria y ella una pierna. Confiamos en que, si la gente ve chistes con discapacitados, no crea que nos estamos burlando de nadie. Lo nuestro es simplemente una risa que se libera. Y como ellos se siguen amando, está todo bien. En la vida real, también nosotros nos queremos.
Entrevista de Paraná Sendrós

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