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Empresarios hacen control de daños por ausencia en el acto
La sonora negativa de la Unión Industrial Argentina (UIA) a sumarse a la foto del martes fue un hecho casi inédito en la historia reciente de la central fabril; la decisión ya había sido tomada durante el fin de semana previo por los principales referentes de la entidad, pero fue formalmente votada «por aclamación» (como le dijo a este diario un alto dirigente de la UIA) por su «parlamento», la Junta Directiva.
Tanto la actitud de la UIA como el comunicado en el que anunció su decisión de no participar, dado a conocer apenas un par de horas antes del inicio del acto en la Casa Rosada, marcan un fuerte distanciamiento de los industriales con el Gobierno y también un acercamiento innegable con la Asociación Empresaria Argentina (AEA), con la que hasta hace algunos meses se miraban con desconfianza.
En otras palabras: la cúpula de la UIA no tuvo problemas en fotografiarse en su propia casa con Héctor Magnetto -CEO del Grupo Clarín y hombre fuerte de la AEA- pero no trepidaron en negarse a la foto con Cristina de Kirchner, Guillermo Moreno y demás funcionarios y hombres cercanos al Gobierno que estuvieron en la Rosada.
Esto también podría marcar una nueva correlación de fuerzas en el denominado «Grupo de los Siete», en el que participan además de la UIA banqueros, constructores, comerciantes, el campo y la Bolsa. La presencia en el acto del martes de Carlos de la Vega (titular de la Cámara Argentina de Comercio) y de Adelmo Gabbi (su par de la Bolsa porteña) no cayó bien entre los industriales y los empresarios de AEA, muchos de los cuales son miembros también de la central fabril. Volaron incluso acusaciones contra De la Vega y un supuesto beneficio otorgado a la CAC por el Ministerio de Trabajo.
En una postura intermedia se ubicó ADEBA: su presidente, Jorge Brito (Banco Macro) se fue de viaje al exterior el viernes, evitando tener que votar con su presencia por el Gobierno y en contra de «Clarín» y «La Nación». De todos modos envió a su hombre de confianza, Norberto Peruzzotti, histórico director ejecutivo de la entidad que nuclea a los bancos de capital nacional.
Tampoco estuvo Carlos Enrique Wagner, presidente de la Cámara Argentina de la Construcción, cuya empresa ESUCO ha sido una de las más favorecidas en las últimas décadas por la concesión de obras públicas (primero en la Patagonia, después en el resto del país). Wagner se alineó con los industriales y con AEA quizás porque su sector estaba siendo uno de los más golpeados por la insólita medida de fuerza que protagonizaban los camioneros de Hugo y Pablo Moyano bloqueando los ingresos a siete plantas de Siderar/Techint.
El G-7, cabe recordarlo, había quedado reducido a un «G-5» desde la pelea por las retenciones; tanto la Sociedad Rural (SRA) como Confederaciones Rurales Argentinas (CRA) se habían autoexcluido del nucleamiento disconformes con la falta de solidaridad de sus colegas de los otros cinco agrupamientos. Hace un mes la SRA hizo las paces y sería una cuestión de tiempo para que CRA también regrese al G-7, algo que el comunicado de la UIA podría acelerar.
Resta saber qué sucederá ahora con el vínculo empresas-Gobierno; se sabe que Moreno será la punta de lanza de las renovadas presiones que ayer mismo y en pleno calor provocado por el enojo de las ausencias se planeaban en el entorno del matrimonio presidencial. Los empresarios, sin embargo, parecen haber hecho su balance y decidido que es más fuerte el temor que les causa la ofensiva contra Clarín, Techint y otros «rebeldes» que lo que pueda pasar de ahora en más con Moreno.


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