24 de julio 2009 - 00:00

Empresarios de Israel buscan socios argentinos

Héctor Méndez, presidente de la UIA, y su par israelí David Artzi. «La Argentina podría usar la tecnología de las empresas israelíes y su posibilidad de reunir fondos en el Nasdaq».
Héctor Méndez, presidente de la UIA, y su par israelí David Artzi. «La Argentina podría usar la tecnología de las empresas israelíes y su posibilidad de reunir fondos en el Nasdaq».
El gobernador bonaerense Daniel Scioli anunció ayer que la empresa de aguas israelí Mekorot (en hebreo, «fuentes») invertirá u$s 130 millones en una planta potabilizadora que abastecerá de agua corriente a unos dos millones de habitantes del Gran La Plata. Agregó que se hará con el sistema de iniciativa privada.

El anuncio fue lo más saliente -al menos en resultados- del viaje de una delegación de empresarios israelíes, que acompañaron al canciller Avigdor Lieberman en su gira por América Latina. El grupo de industriales está encabezado por David Artzi, hombre de la Israeli Aviation Industries (IAI), la empresa que reparó el avión presidencial. Artzi conversó con Ámbito Financiero junto con Héctor Méndez, su par de la Unión Industrial Argentina (UIA), un rato antes del inicio del seminario que abrió Lieberman y en el que Scioli reveló el proyecto israelí de potabilización.

Ambos dirigentes coincidieron en lo complementario de las economías: la Argentina tiene recursos naturales y humanos; Israel, tecnología. «Lo ideal sería que llegaran empresas tecnológicas o industriales israelíes a la Argentina, que utilicen los recursos humanos excelentes que hay en este país, los costos más ventajosos, y que exporten su producción desde la Argentina al resto del continente», esbozó Artzi.

Por su parte, Méndez recordó que Israel es uno de los principales recolectores de fondos en el Nasdaq (el mercado bursátil de las empresas tecnológicas), y dice que las empresas israelíes plantean una oportunidad que no debe dejarse pasar. «Es así: el esquema cierra con las tecnológicas radicadas aquí fondeándose en el Nasdaq», enfatiza Artzi.

El empresario israelí, tras rehusarse diplomáticamente a responder preguntas sobre la situación política de su país, dijo que «todo el progreso de Israel, sus logros en tecnología, en calidad de vida de su gente, deben atribuirse al sector privado, no a los gobiernos. Quizás por eso nunca quise ocupar un cargo político».

Sin embargo, cuando se lo interrogó sobre si el brote de antisemitismo que surgió en la Argentina a partir del último conflicto en Gaza podría impedir esta asociación comercial bilateral, Artzi contó que en un reciente encuentro en París, un alto directivo de Boeing le presentó a dos uniformados, con quienes conversó largamente y se despidió con una promesa: «Dentro de poco ustedes serán clientes nuestros». Los entorchados eran dos generales de Arabia Saudita, que se despidieron con un apretón de manos y un Inchallah («tengo fe»). «Uno no hace la guerra contra sus socios comerciales. Cuando hay un interés común, los problemas se solucionan», aseguró.

Por su parte, Méndez agregó que «la propuesta es muy tentadora. A partir de ahora vamos a hacer trabajo de campo para buscar la contraparte argentina a esta posibilidad de negocios».

Pero dado que el comercio debería -al menos en teoría- ser una calle de dos manos, Artzi admitió que la Argentina podría venderle a Israel «carne y productos alimenticios con valor agregado, pero sobre todo ofrecer buena voluntad, apertura mental para conformar 'joint ventures' mutuamente convenientes», y dijo que tenían ofrecimientos en los sectores de electrónica, procesamiento de alimentos, equipamiento médico, maquinaria agrícola y fuentes de energía alternativa, entre muchos otros. «Está el caso de la firma Ketter, una de las más exitosas del mundo en productos de plástico. ¿No sería ideal traer la maquinaria, las matrices, fabricar aquí con un socio local y exportar a la región? Para eso vinimos», cerró.

Sergio Dattilo

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