De este taller, fundado a la manera del de Torres García, un centro de irradiación, de convergencia, de amistad y de solidaridad, «egresaron» artistas que continúan sus enseñanzas no sólo en el plano formal sino que continúan la mística y una forma de vida en la que ética y estética son una unidad.
Entre ellos, Ana Dragone, comprometida con estos postulados, lleva a Campana, su ciudad natal, su bagaje artístico como docente y desde 1992 dirige tanto el Taller Experimental de Arte Municipal y el Taller Antares cuyos propósitos fundacionales priorizan la difusión del pensamiento constructivista rioplatense y la razón de ser americano.
En su actual muestra en Insight Arte, (Arenales1 239), Rue des Artisans presenta obras que la ligan a la estructura constructivista pero con una actitud más libre, una pintura más aérea que se desplaza por el soporte sin rigidez alguna, deja fluir su mano, el pincel, logrando formas, texturas y colores que mucho tienen que ver con el litoral donde transcurrió gran parte de su vida.
El fluir de su pintura no significa dejar todo librado a la improvisación, muy por el contrario, procede de una profunda meditación acerca del empaste sensible, de las buscadas transparencias.
La estética de Dragone se basa en el estudio de artistas admirados, por ejemplo, Spilimbergo, Diomede, por supuesto su permanencia en el taller de Delmonte y la poética de otro gran artista como Jorge Rivara, maestros generosos.
Las tintas sobre papel como por ejemplo «¿Quién dijo que las tortugas no corren?» también son resultado de una profunda observación y meditación de la naturaleza que la rodea y capta quizás en «ese momento creativo que puede llegar en una mañana delicada, cuando el espíritu mueve el pincel y la tinta vibrando y con riqueza, un momento que llega de repente y ya no vuelve», de acuerdo a la estética taoísta.
Clausura el 7 de agosto.
Barracas fue uno de los primeros territorios habitados después de las dos fundaciones de la ciudad de Buenos Aires y posee una rica historia en lo que concierne al interior de sus límites como aquellos acontecimientos que influyeron en la constitución del país en general.
Las fotos pertenecen al Archivo General de la Nación, al Archivo Histórico Enrique Puccia, a la Asociación Unión Israelita Sefaradí «Luz Eterna», al Club San Andrés y las colecciones de Mateo E. Giordano y Luis Priamo.
Las imágenes más antiguas se remontan a fines del siglo XIX y principios del XX y el origen del nombre se debe a las barracas que servían para el almacenamiento de frutos, cueros y otros productos de exportación así como para el depósito de las mercaderías recibidas del extranjero. Muchos comerciantes del Riachuelo tenían la suya, existían de varios tipos según el uso que se le daba y se las denominaba «barracas del Riachuelo». Amor y tragedias se desarrollaron en las lujosas quintas donde veraneaban familias patricias en la Calle Larga, hoy, Montes de Oca. Debe recordarse que Felicitas Guerrero, famosa por su belleza fue asesinada en 1872 y en 1879 sus padres erigieron la Capilla de Santa Felicitas en su memoria. Otra historia sentimental fue la de la pulpera de Santa Lucía o la «rubia del saladero». La epidemia de fiebre amarilla en 1871 provocó el éxodo de las familias acomodadas hacia el norte de la ciudad pero la zona se convirtió en un gran foco contagioso a causa de los saladeros y mataderos, hecho que había sido advertido por varios médicos británicos que atendían en el Hospital.
Muchas fotos dan cuenta del crecimiento del barrio que para 1904 tenía alrededor de 85.000 habitantes y 40.000 eran provenientes de Europa, en su mayoría españoles e italianos
El barrio tuvo una intensa actividad fabril que constituyó una importante fuente de empleo: Bagley, Aguila Saint, General Motors, Phillips, Cruz de Malta, Piccaluga, y la Fábrica Argentina de Alpargatas pero a partir de la segunda mitad del siglo XX, pierde su vitalidad originaria, sus fábricas se cierran, proceso que se acelera en los 70 y 90.
La Barracas actual está separada en dos zonas diferenciadas. La que está más cercana al centro urbano, entre Herrera y Av. Regimiento de los Patricios, ostenta construcciones de buen aspecto y mayor actividad comercial.
Muchos de sus ámbitos inspiraron a José Mármol, autor de «Amalia», a Esteban Echeverría «El Matadero», a Leopoldo Marechal y su «Adán Buenosayres», a Pedro Orgambide «La pulpera de Santa lucía» o «Sobre Héroes y Tumbas» de Ernesto Sábato.
Graciela Puccia, Presidente de la Junta de Estudios Históricos de Barracas, señala en el prólogo del catálogo que pese a todos los avatares , dolores y desgarros de los habitantes de las villas, las casas tomadas, las industrias cerradas o de aquellos que se arriesgan a invertir en la zona, «Barracas resiste a la destrucción de gran parte de su historia y patrimonio».
La muestra cierra el 30 de agosto, día del barrio y fecha en la que se creó el Juzgado de Paz de Barracas, separando su jurisdicción del de San Telmo en 1853.


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