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En el Vaticano, relaciones y amistades que serían clave
En ese año viajó a Roma para participar del Sínodo de los Obispos, asamblea que se reúne junto al sumo pontífice, en el Vaticano. Le correspondía coordinar esa reunión al obispo norteamericano, pero, sucedió en ese mes el derribamiento de las Torres Gemelas que lo obligó a regresar a su país. Eso dejó, al suplente, Bergoglio, quien asistió como relator general adjunto al frente de la X Asamblea Ordinaria del Sínodo de los Obispos. Aseguran que allí "deslumbró a sus pares".
En ese encuentro se elaboró un documento de trabajo que señaló que "antes que nada, el obispo se ubica frente al mundo con una mirada contemplativa, ante la realidad de nuestro mundo, en lo concreto del propio ministerio y en comunión con la Iglesia universal y particular, a cuyo cuidado él está destinado.
Luego, lo hace con un corazón compasivo, capaz de entrar en comunión con los hombres y las mujeres de nuestro tiempo, para los cuales debe ser testigo y servidor de la esperanza". También en esa preparatoria del sínodo los obispos señalaban que "nos encontramos en un momento nuevo de la historia humana.
Muchos se interrogan sobre las metas futuras de la humanidad y se preguntan cuál será el futuro del mundo, que aparece por una parte inmerso en un dinamismo de progreso, con una creciente interdependencia en la economía, en la cultura y en las comunicaciones, y por otra parte todavía lleno de conflictos sociales, con amplias zonas donde crecen el hambre, las enfermedades y la pobreza". Para algunos allegados, esa ocasión fue determinate en su futuro y quizá para que en el presente lograra llegar al ejercicio de la máxima responsabilidad en la Iglesia Católica.
En otra ocasión, después de haber cumplido dos períodos como provincial de la congregación jesuítica en la Argentina fue enviado a Roma. Fue en esa ocasión que conoció a Carol Wojtyla con quien llegó a tener una gran amistad, cuando aún el polaco no se había convertido en el papa Juan Pablo II. Bergoglio regresó a la Argentina para ser consagrado arzobispo de Buenos Aires y más tarde cardenal primado del país y presidente de la Conferencia Episcopal.


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