9 de noviembre 2011 - 00:00

“En literatura, como en economía, hay que contar historias persuasivas”

El escritor y economista chileno aclara: «Cuando escribo literatura sólo escribo literatura. Eso de hacer literatura por la mañana e investigación económica por la tarde yo no lo puedo hacer».
El escritor y economista chileno aclara: «Cuando escribo literatura sólo escribo literatura. Eso de hacer literatura por la mañana e investigación económica por la tarde yo no lo puedo hacer».
Un hombre regresa a Chile para concretar una asignatura pendiente con una mujer, que es además un modo de vengarse de su hermano, y eso ocurre el día en que, en el Mundial de Fútbol, el equipo de Chile se enfrenta al de la URSS, equipo donde al final del partido un famoso arquero ruso desaparece, provocando enfrentamientos entre espías de la CIA y la KGB. Tal es parte de la trama que despliega «Un día perfecto» (Norma), la nueva novela de Sebastián Edwards, consagrado economista chileno, profesor de la Universidad de California (UCLA), economista jefe para América Latina y el Caribe del Banco Mundial (1993-1996) y desde 1981 es investigador asociado del National Bureau of Economic Research (NBER), de quien su primera novela «El misterio de las Tanias», publicada hace dos años, fue un éxito de ventas. En su breve visita a Buenos Aires dialogamos con él.

Periodista: ¿Cómo fue que, luego de su exitosa novela de espionaje «El misterio de las Tanias», se decidió a escribir una historia de amor cruzada con un partido de fútbol en el que no falta un enfrentamiento entre espías de la CIA y la KGB?

Sebastián Edwards: Desde hace un tiempo tengo muchas historias que quiero contar. La pregunta que me hago es cuál contar primero. Después de «El misterio de las Tanias» me propuse hacer una historia que fuera más íntima, que tuviera un misterio, pero un misterio más de los afectos. Es así como me surge una historia psicológica, de la terrible rivalidad de dos hermanos, donde las figuras centrales son la humillación, la venganza, y el dilema entre partir y dejarlo todo o enfrentar la realidad y tratar de resolverla. A la vez en la segunda historia de la trama se cuenta otro misterio que tiene como escenario un partido del Mundial de Fútbol de 1962 hay espías y un arquero famoso que vive también el dilema de partir o no partir.

P.: ¿En qué momento se planteó el reto narrativo de contar de forma cinematográfica esas dos historias centradas en los límites de un día?

S.E.: Me propuse un conjunto de desafíos para ir más allá de mi novela anterior. El primero era pasar en la narración de primera persona a tercera persona. La primera persona es cómoda porque uno puede «robarse» la voz del narrador y hacerla la voz de uno. En «El misterio de la Tanias» el narrador era un economista que daba clases en California. El segundo desafío fue eso de que todo ocurriera en una jornada, en un solo día. Desde un punto de vista técnico quizá lo más difícil era que los flashbacks no se apropiaran de la narración. El tercero, que las dos historias paralelas apenas tocándose se reflejaran la una en la otra como un espejo. Todo eso requirió revisión tras revisión tras revisión. Un problema esencial es como el telón de fondo lo da un partido de fútbol, donde muchos saben qué pasó en cada momento, cómo fueron los goles, qué hizo el árbitro, y eso hasta se puede ver hoy en YouTube, lo que se cuenta tenía que ser absolutamente fidedigno. Y, a la vez, lo que ocurre en la cancha va marcando, mucha veces, lo que sucede en el relato. Hay algo que es muy de los varones, y de forma indudable en un partido de esa trascendencia, que lleva a que en cierto momento el interés por el fútbol supera el interés por el amor. En el momento en que Esteban, el protagonista, parece que va a seducir a la mujer que ha amado toda su vida, de pronto se vuelca a escuchar en la radio cómo va el partido.

P.: Usted maneja dos hechos que tienen un carácter mítico, por un lado la pelea de dos hermanos por la posesión de un bien, en el caso una mujer, y por otro, esto sobre todo para su país, el partido del Mundial de Fútbol de 1962 donde Chile le ganó al equipo de la Unión Soviética.

S.E.: Algo impensable en ese momento. Vale recordar, para los que le gusta el fútbol, que el equipo de la Unión Soviética había ganado el Campeonato de Europa de 1960, y figuraba como favorito junto a Brasil. Haberles ganado es hasta hoy el gran triunfo deportivo de Chile. Es una situación del enfrentamiento del tipo David y Goliat, y ese tipo de confrontación también se refleja en el triángulo sentimental, en el que el que triunfa de los dos rivales es el más débil.

P.: ¿Es por su carácter épico o para mezclar ficción con realidad qué vuelve a ese suceso futbolístico ocurrido en Chile hace casi 50 años atrás?

S.E.: Al decidirme a contar una historia donde todo ocurriera en un día, ese día tenía que ser uno que había capturado el imaginario nacional. Inicialmente había pensado en el 16 de octubre de 1962, que es cuando se resuelve la Crisis de los Misiles en Cuba. Pero ese hecho había atrapado sólo a un grupo, en cambio Chile versus la Unión Soviética era más amplio, a la vez que me permitía mezclar el ámbito privado con el público en la cancha y en la celebración. Buscaba un día que haya capturado el imaginario, ya sea por un gran logro como fue aquel partido, como por la gran angustia internacional que se dio durante el día en que las naves soviéticas que llevan los misiles debido al bloqueo se vuelven, y Nikita Krushev da el discurso donde promete sacarlos de Cuba. Me interesa mucho la delgada línea gris entre la realidad y la ficción. Así hay gente que leyó la novela y cree que Lev Yashin, el arquero soviético conocido como «La araña negra», realmente desapareció durante unas horas como se dice en «Un día perfecto».

P.: ¿Y eso no es cierto?

S.E.: No hay crónica alguna sobre lo que ocurrió ese día en el vestuario de los soviéticos. Nadie sabe exactamente qué pasó. Los años 60 son para mí una época fascinante. Si bien yo era preadolescente sentía esa intensidad donde todos pensábamos que nos jugábamos la vida, que había que tomar partido. Aparecía la píldora, el sputnik, se realizaba el alunizaje. Eran tiempos de la Guerra Fría, de la Crisis de los Misiles. Esa época le da un marco de intensidad a las dos historias que son como un espejo, pero de repente un espejo de contradicciones. En el caso de la KGB y la CIA estaba claro cuál era el lado de los buenos y cuál el de los malos. En la historia del triángulo amoroso no hay esa certeza. En cierto, uno de los hombres es el humillado, pero después eso de algún modo se da vuelta. Así en una de las historias hay certezas, y en la otra ambigüedades. Leo Horn, el árbitro holandés, judoca, héroe de la resistencia, miembro de una familia judía perseguida, que está construido con datos absolutamente reales, es una especie de conciencia de la novela.

P.: ¿Cómo hace un economista para dedicarse a la vez a la literatura?

S.E.: La economía tiene cierta relación con la literatura en la medida en que hay que contar una historia que tiene que ser persuasiva y atrapante. En la medida en que uno se va haciendo más grande va abandonando la economía del modelo matemático, dejándole eso a aquellos que van saliendo de la facultad, y va entrando más en la economía narrativa y en la historia de la economía. Yo he escrito varios libros de lo que se denomina economía analítica, que usan mucho los historiadores y los politicólogos. En ese tipo de texto cómo se cuenta la historia, la secuencia, la estructura, no es tan importante, pero a veces puede serlo. Por caso en el libro «Populismo o mercados», que es lo último que publiqué de economía, una pregunta importante era si la historia del populismo en América Latina la contaba en forma cronológica, por país o por áreas como populismo y educación, populismo y crisis cambiaria, populismo y distribución del ingreso. Cómo se cuenta tiene un cierto paralelo con cómo se cuenta un relato, pero la economía es más lineal y literatura no, o no tiene por qué serlo. Lo cierto es que cuando escribo literatura sólo escribo literatura. Por lo general dedico unos cinco meses a escribir una novela. Eso de hacer literatura por la mañana e investigación económica por la tarde yo no lo puedo hacer. Después de esos cinco meses, dedico el sexto mes a retomar el ritmo, volver a dictar clases, a las conferencias, a libros que tengo que terminar, a artículos que escribir para diarios, a mis comentarios en CNN.

P.: ¿Qué libros tiene entre sus próximos proyectos?

S.E.: Acabo de escribir un libro sobre «La economía de África». África es un lugar muy abandonado del que se ha escrito poco. En los últimos 25 años he estado en relación, que ahora he intensificado mucho, con Tanzania, que tiene un paralelo con América Latina que es interesante.

P.: ¿Y en ficción?

S.E.: Una novela que tiene como título tentativo «La hija de Gamboa». Está también instalada en los años sesenta, y es una historia contada a cuatro voces. A igual que las anteriores tiene un tema de misterios que hay que resolver, y una historia personal muy fuerte. Y también va a haber espías.

Entrevista de Máximo Soto

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