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“En mi literatura trato de ponerme en el lugar del otro”
Fajardo: “Busqué recuperar esas partes de la identidad española amputadas a lo largo de la historia: el componente judío, el musulmán, el laico”.
Luego de los elogiados ensayos históricos "La epopeya de los locos" y "Las naves del tiempo" (Premio Internacional de Periodismo Rey de España), de ser un destacado periodista cultural, el granadino José Manuel Fajardo pasó a la narrativa con exitosas novelas históricas, "Carta del fin del mundo", "El converso", "Una belleza convulsa", "A pedir de boca". En su reciente visita a nuestro pais dialogamos con él.
Periodista: ¿Por qué su novela "Mi nombre es Jamaica", que fue premiada en Francia, recién llega a la Argentina cinco años después y publicada por otra editorial?
José Manuel Fajardo: Cuando publiqué "Mi nombre es Jamaica" en 2010 con Seix Barral había el compromiso de traerla a la Argentina, a México, a Colombia. Como eso ocurrió en los años de la crisis, la novela no salió de España. Yo no concibo la literatura en lengua española encasillada por países. Tenemos la inmensa dicha de compartir una lengua que se dice de tantas maneras distintas, pero que todos podemos reconocernos en ella. Cuando escribo, escribo para lectores de lengua española y no para lectores del país España. Decidí recuperar los derechos de la novela, y publicarla en otra editorial que me permite estar con ella de este lado del Atlántico, lo que me es importantísimo porque yo me formé leyendo literatura latinoamericana, que me hizo descubrir una musicalidad de la lengua que en los años 70 se había perdido en España, y yo la encontraba leyendo a Carpentier, a García Márquez.
P.: ¿Qué lo impulsó a escribir "Mi nombre es Jamaica"?
J.M.F.: Uno de los motivos es que la identidad española, y no me refiero solamente a la española de los habitantes de España, sino a la comunidad repartida por el mundo, en casos ha sido reducida a lo católico. En esa novela busqué recuperar esas partes de la identidad española que han sido amputadas a lo largo de la historia: el componente judío, el musulmán, el laico. Todo eso ha sido negado de manera sistemática. Estamos formados de esos diversos componentes que se han proyectado en el mundo a través de la cantidad de exilios, porque España es un país que se ha deshecho en exilios. Lo español es más complejo y más matizado de lo que las versiones oficiales suelen mostrar. España es un país plural, conflictivamente plural muchas veces. pero profundamente plural. Esa pluralidad es la que me interesaba recuperar en mi novela.
P.: Comienza su novela con sus protagonistas, dos profesores universitarios, participando en Tel-Aviv de un congreso sobre judeoconversos españoles, sobre la diáspora sefardí.
J.M.F.: Cuando estaba escribiendo esta novela, encontré un estudio científico sobre marcadores genéticos hecho por la Universidad Pompeu Fabra de Barcelona y la Universidad de Leicester de Inglaterra, que permite saber de dónde vienen las poblaciones. Encontraron que un 22 por ciento de los españoles tienen antepasados judíos y 11 por ciento, antepasados árabes. Hay un 33 por ciento de la población que es de origen judío o de origen árabe, uno de cada tres españoles que pasan por la calle. Eso se ha negado, es una memoria oculta, rechazada oficialmente y perdida en gran medida porque lo que no se cultiva se acaba diluyendo. Quería acceder a esa memoria perdida. Tema que trabajé en tres novelas sobre el criptojudaísmo y la expulsión de los moriscos. "Carta del fin del mundo" cuenta de la expulsión de los judíos en tiempos del descubrimiento de América, hechos que se dan simultáneamente. En el primer viaje de Colón va Luis de Torres, judío converso. "El converso", en el Siglo de Oro, en una sociedad moderna, con el yo individual más consolidado que en el Renacimiento, se ha pasado de la visión comunitaria, grupal, donde uno era de una familia, de un pueblo, a la del individuo, a la del yo como ser central de la sociedad. Me interesaba ver qué pasó con las intolerancias religiosas en seres con un yo más constituido. "Mi nombre es Jamaica" desde el siglo XXI revisa el pasado con evocaciones al siglo XVII. Digo que es la Trilogía del Secreto, y es secreta hasta para mí. Los personajes tienen que vivir en la mentira o en el secreto porque lo que son es perseguido o está olvidado. Escribí la primera como novela única. Mucho después escribí otras novelas, y una que vi que tenía vínculos con la primera. Y pensando que tenía que traer esos temas al presente escribí la tercera. De pronto me di cuenta de que tenía una trilogía que no había preparado como tal, que se podía leer en forma independiente.
P.: Lo que ocurre en "Mi nombre es Jamaica" es contado por Dana Serfati, una profesora judíofrancesa. ¿Qué le sucedió al elegir contar desde una mujer, que se encuentra con un colega, un hombre más que amigo, que se vuelve loco?
J.M.F.: Lo sentí como un reto fascinante. Tenía que entrar en su manera de pensar. Descubrí hasta qué punto uno está condicionado por su género. Al principio me costó mucho. Las expresiones, las metáforas en muchos casos están vinculadas al género de quien habla. Tuve que aprender a decir las cosas con otros matices, a mirar las cosas con otro punto de vista, con otras referencias incluso corporales porque el modo en que un cuerpo está en el mundo es distinto. Es otro cuerpo, con otras exigencias, con otras características, y precisa otras reacciones. Casi todo lo que he escrito trata de lo que para mí es uno de los núcleos de la modernidad desde que Tomas Moro escribió "Utopía", los conflictos irresueltos entre la libertad y la igualdad, el derecho a mi felicidad y los límites de ese derecho, hasta dónde estoy autorizado a luchar por mi felicidad y a qué precio. Es el conflicto entre el yo y el otro. En una sociedad en el que el yo del individuo se ha consolidado y se ha constituido como una especie de fortín entronizado en el centro, la relación con el otro, con el diferente, con el que es de otra manera, se convierte en una relación central y una de las causas de mayor conflicto. En mi literatura he tratado de ponerme en el lugar del otro. En "Carta del fin del mundo" conté la llegada a América desde la mirada de los indígenas no sólo de los descubridores. En "El Converso" en el período de la piratería, de la Inquisición, de la expulsión de los moriscos, de los judíos, quise contar de todos los condenados a vagar por el mundo. Allí un inglés, una especie de pícaro del Siglo de Oro, va contando la historia de su amigo judío converso, y las aventuras y desventuras que va viviendo en busca de un espacio de libertad. En "Mi nombre es Jamaica" quise dar un salto, no hablar del otro sino hablar desde el otro. Y el otro de un hombre, desde la primera presencia, es la mujer. Era un buen punto de vista para abordar el tema del criptojudaísmo, de ese otro que en verdad es también uno. En contra de lo que Sartre decía, que el infierno son los otros, pienso que el único paraíso, si es que existe, son los otros. Quería escribir desde el otro como un modo de decir el otro soy yo.
P.: El protagonista, el profesor Santiago Borni, alguien que tras la muerte accidental de su hijo se vuelve otro, que se vuelve loco, que habla un idioma desconocido, está expulsado de la realidad.
J.M.F.: La locura nace a veces como un acto de rebeldía cuando la crueldad de la realidad es inadmisible, cuando sobrepasa las fronteras de lo que uno puede soportar manteniendo un equilibrio. Santiago quiere ser otro para dejar de sufrir. En esto la novela está construida como mirándose en el espejo del Quijote, y pueden descubrirse algunos guiños que hago al respecto. Siempre escribo teniendo una novela como faro, una gran obra que me ayuda a orientarme. La locura para el narrador es una herramienta para poder reflexionar con libertad sobre un tema espinoso. Mi personaje junto a disparates que dice o hace se plantea hasta qué punto uno puede volver a reinventarse, nacer de sí mismo. Hay algo que nos guste o no nos guste va con uno, entonces lo importante es quién se puede ser. No lo que se es por los orígenes, las circunstancias, sino quién se puede llegar a ser. Y ahí se ve hasta qué punto somos prisioneros de una identidad que es algo que construimos y en lo que vivimos. La identidad es la celda que nos encierra o el paisaje por el que nos movemos.
P.: Su libro tiene de novela histórica, de novela romántica, novela de ideas, de novela de aventuras, y de actualidad dado que tiene de fondo la crisis de Medio Oriente.
J.M.F.: Tiene un componente histórico, pero no es una novela histórica. Yo propongo una literatura desclasificada. Lo que me interesa como escritor es crear mi propio territorio literario. No creo que haya que escribir sobre las clasificaciones literarias. Me parece bien que haya estudiosos de la literatura que analicen y clasifiquen las obras, es un problema de ellos, a lo que los escritores no debemos hacer caso. El escritor debe crear territorios literarios a partir de todas las herramientas de las que uno pueda disponer.
P.: Después de esta trilogía secreta, ¿qué está escribiendo?
J.M.F.: Después de veinte años de escritura muy intensa con novelas, cuentos, crónicas, ensayos, periodismo y rodar el programa de televisión "Tiempo de papel", me he quedado en una situación de relativa sequía. En "Mi nombre es Jamaica" participan personajes de otros libros míos, por dar un caso, mi lejana novela "Una belleza convulsa" trata sobre un periodista secuestrado en el País Vasco, el protagonista ahora reaparece como un amigo de Santiago. Por el momento estoy pensando y repensando una cosa sobre la "Utopía" de Moro, y digo una cosa porque es una mezcla de ensayo político, ensayo literario, comentario histórico, libro de viajes, un texto sin clasificar.
Entrevista de Máximo Soto


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