2 de noviembre 2010 - 00:00

“En tango, es bueno no romper la buena tradición de los 40”

Cedrón: «Cuando veo a tantos jóvenes cantando engominados y con corbata para los turistas me da tristeza. Hay otras formas de ganarse la vida».
Cedrón: «Cuando veo a tantos jóvenes cantando engominados y con corbata para los turistas me da tristeza. Hay otras formas de ganarse la vida».
Después de vivir por casi tres décadas en Francia, hace ya seis años que Juan «Tata» Cedrón está de nuevo instalado en Buenos Aires. Representante de una corriente renovadora del tango sostenida en la poesía musicalizada, contemporáneo de las búsquedas de Astor Piazzolla y de Eduardo Rovira pero muy diferente en sus resultados, sigue encarnando un camino unipersonal que no ha encontrado seguidores.

Hoy tiene disco nuevo -un doble CD, uno sobre diferentes autores y otro íntegramente dedicado a los poemas de Miguel Ángel Bustos- y un libro flamante, «Tango y quimera», que habla de la historia del Cuarteto Cedrón y que fue escrito por la socióloga y periodista chilena Antonia García Castro, que es además su mujer. Lejos de su recorrido más habitual, hace unos años Cedrón hizo también su experiencia encabezando una orquesta típica. Dialogamos con él:

Periodista: ¿Cómo influye en usted la tradición?

Juan Cedrón: Siempre pensé que los años 40 fueron una época de oro para el tango. Hay artistas increíbles, como Troilo, Di Sarli, Caló, Pugliese, Gobbi; la manera en que se arreglaban las cuerdas, la concepción de la orquesta. Todo eso me gustó siempre. Estando todavía en Francia, en los años 80, viendo que muchos chicos estaban muy enquistados en el modelo de Piazzolla, se me ocurrió que había que trabajar sobre ese puente que había quedado trunco. Me acuerdo que entonces hablé con Ignacio Varchausky, le pasé arreglos. De aquello terminó resultando que él armó la Orquesta Escuela de Tango, que tuvo durante años al gran Emilio Balcarce como director. Y yo armé mi propia orquesta. En Francia trabajamos inclusive en milongas e hicimos algunos bailes. Después, hicimos un disco que también se editó en la Argentina.

P.: ¿Por qué no trabajó también aquí en bailes?

J.C.: Es que acá no hay quien lo pague. Una, porque es más barato poner discos en las milongas, y otra, porque a veces los músicos tienen exigencias que no están de acuerdo con las circunstancias. Yo creo que hay que pelear siempre como para que las condiciones de la sociedad sean mejores, para que haya más dinero, para que todos ganen bien; pero ésa es una lucha que se da en otra parte. Cuando llega el momento del arte, yo soy de la idea de que hay que hacer cosas aunque no haya tanto dinero.

P.: Muchos músicos de tango sueñan con trabajar en Europa o en Japón. Por su experiencia francesa de tanto tiempo, ¿es muy distinto lo que ocurre por allá?

J.C.: A mí a veces me parece que es el triunfo de los mediocres. Muchos quieren engañar a los demás y se engañan a sí mismos. Afuera no se ganan fortunas. A mí me pone mal cuando veo a músicos muy buenos que están de lunes a lunes tocando «El choclo», «La comparsita» o «Adiós Nonino» para los turistas. La verdad, es que el consejo que yo les doy a los jóvenes es que es preferible que trabajen de otra cosa, por ejemplo dando clases, pero que a la hora de hacer música, de hacer arte, no estén pensando en la plata. Si no, terminan haciendo mierda y no música.

P.: ¿Y en qué lugar ubica entonces a muchos artistas jóvenes que trabajan recreando lenguajes tangueros del pasado?

J.C.: Yo también tengo un pie en el pasado y está muy bien tener presentes las raíces. Pero cuando veo a jóvenes tocando engominados y con corbata, me da tristeza. Veo que hay pibes muy interesantes que son buenos instrumentistas y que tienen ganas de seguir haciendo nuestra música. Eso está bárbaro, pero es importante no imitar, que busquen su propio lenguaje. No debería importarles tanto si salen o no en el diario, o si triunfan. Lo importante es ser genuino y honesto con lo que uno quiere. Si uno busca Hollywood, sólo se va a encontrar con una felicidad falsa.

P.: Yendo a su disco, ¿va a estar presentándolo por estos días?

J.C.:
Siempre estamos tocando y haciendo las canciones nuestras, y ahora incorporamos las del disco nuevo, que además es doble así que tiene mucho material. Pero no tengo esa locura por las presentaciones formales. Lo que además me tiene ocupado y entusiasmado por estos días es que la Universidad de París 8, la que responde a la escuela de Foucault, me contrató para dirigir aquí, en Avellaneda, una escuela de música. De algún modo, ahí espero poner en práctica esas cosas que vengo diciendo, trabajando la educación de los músicos desde lo espontáneo, desde la posibilidad de expresarse con libertad.

Entrevista de Ricardo Salton

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