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Lo sucedido en los últimos doce meses a junio pasado pende sobre dos patas. La primera son las tarifas por la provisión de sus servicios, determinadas por el Estado, y que continúan siendo manifiestamente insuficientes. Si bien incrementó en un 50% la energía que produce y vende a 4526 GWh (por cuestiones básicamente técnicas los valores del primer semestre 2016 fueron los menores desde 2003, lo que invalida la comparación directa), esto le significó ingresos por $1.061 millones, apenas 11% más que un año antes (frente a una inflación minorista de 21,9%) frente a costos que aumentaron 29%, dejándole un bruto de $242 millones, una merma de 23%. Si bien controló el incremento de los gastos de administración y comercialización (+3%), la suba de los "otros gastos" (+24%) y en particular la disminución de los "otros ingresos" (esta es la segunda pata a que hacíamos referencia más arriba), donde lo más significativo pasó por la disminución en los aportes por las diferencia de cambio por créditos VOSA y Foninvemem aportando $56 millones menos que antes, la hicieron quedar con un saldo operativo de $22 millones, esto es 88% menos que en 2016 (y 39% menos que en 2015). Esto lo palia en parte con la mejora en la carga financiera que reduce 56%, quedando con un "pre tax" adverso de $81 millones, esto es 79% más que lo que resignaba el año previo. Con el fisco aportando 3 puntos menos que antes, queda luego con un resultado neto de $63.096.920 en contra esto es 70% menos que lo que perdía en 2016 (su último semestre ganador fue el de 2011). Sobre su futuro, nos refiere en las perspectivas: "En lo referente al aspecto regulatorio, las autoridades anunciaron un nuevo marco para la generación existente que combinado con las subastas para nueva capacidad deberían contribuir a la normalización del sector".
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