3 de octubre 2012 - 00:00

Enoch Zu Guttenberg hizo muy buena letra

El experto director Enoch Zu Guttenberg, de larga vinculación con la Orchester der Klangverwaltung.
El experto director Enoch Zu Guttenberg, de larga vinculación con la Orchester der Klangverwaltung.
Orchester der KlangverwalDirector: Enoch Zu Guttenberg. Obras de W. A. Mozart, J. Haydn y F. Schubert. (Nuova Harmonia, Teatro Coliseo, 1 de octubre).

En remplazo de la NDR Sinfonie Orchester de Leipzig que canceló su gira sudamericana y cuya actuación estaba prevista para noviembre como cierre del ciclo 2012, la asociación Nuova Harmonia brindó a sus abonados la posibilidad de disfrutar de la Orchester der Klangverwaltung de Munich junto a su director principal, Enoch zu Guttenberg, y a juzgar por los resultados es difícil pensar que alguien se haya sentido defraudado con el cambio.

Si el nombre de la orquesta es tan difícil de recordar para los no germanoparlantes como poco «vendedor» (la traducción castellana vendría a ser «Orquesta de la Administración del Sonido»), su presencia musical e incluso visual, donde a través de sus rostros y movimientos se advierte el compromiso de cada uno de sus integrantes, es sencillamente cautivante.

En parte responsable del entusiasmo y la energía que desborda la ODKV es Zu Guttenberg, experto director cuya larga colaboración con este ensamble ha sabido crear un puente en el que las clarísimas intenciones musicales impartidas por su batuta se transmutan en una gama infinita de sutilezas.

Abarcando un lapso cronológicamente acotado, el programa comenzó por la obertura de «La flauta mágica» de Mozart, cuyo «adagio» inicial, vertido con una pesadez excesiva, contrastó con la claridad y vitalidad que Zu Guttenberg imprimió al «allegro». A su turno, la «Sinfonía en re mayor» número 104 llamada «Londres» de Haydn mostró a la orquesta alemana en un óptimo manejo de la dinámica y el despliegue de un fraseo flexible.

La brillantez del sonido de las cuerdas (por momentos tocando sin vibrato, como en el «andante con moto»), la precisión de las maderas y la calidez de los metales fueron el medio ideal para el gran testamento sinfónico de Franz Schubert: su novena sinfonía, «La grande». La versión tuvo profundidad en la lectura y exactitud en la «administración del sonido» que da su nombre a la orquesta. En el momento de los bises, Zu Guttenberg explicó que se abstendrían de ellos por respeto a la obra magna de Schubert, y no hubo motivos de protesta: el «crescendo» de intensidad que se había desplegado a lo largo del concierto y la altísima calidad de las interpretaciones constituyeron para el público una entrega más que suficiente.

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