24 de mayo 2012 - 00:00

Entre la risa y el estupor

Los personajes de la obra del norteamericano David Lindsay-Abaire irritan, desconciertan y hasta provocan rechazo, pero al rato resulta difícil no apiadarse de ellos o al menos reflexionar sobre sus conflictos.
Los personajes de la obra del norteamericano David Lindsay-Abaire irritan, desconciertan y hasta provocan rechazo, pero al rato resulta difícil no apiadarse de ellos o al menos reflexionar sobre sus conflictos.
«Buena gente» de D. Lindsay-Abaire. Dir.: C. Tolcachir. Int.: M. Morán, G. Garzón y elenco. Esc.: A. Negrín. Vest.: S. Di Nuncio. Ilum.: E. Sirlin. (Teatro Liceo).

La obra es incómoda, sus personajes irritan, desconciertan y hasta provocan rechazo (sobre todo, ciertas actitudes de la protagonista). Pero a medida que unos y otros van mostrando sus razones, debilidades y contradicciones, resulta difícil no apiadarse de ellos o al menos reflexionar sobre sus conflictos. Los que, entre otras cosas, tienen la virtud de actualizar temas tan polémicos como la lucha de clases o la noción de justicia social.

¿Qué determina el destino de un individuo? ¿La suerte? ¿El contexto socioeconómico? ¿La propia personalidad? Sin tomar partido por ninguno de los bandos en conflicto, la pieza arranca con una división provisoria: por un lado, los que nacen con estrella; y por el otro, los que nacen estrellados.

Su autor, David Lindsay-Abaire (1969) tuvo un fuerte espaldarazo al recibir el Premio Pulitzer por el drama «Rabbit Hole» (luego protagonizado en cine por Nicole Kidman). También escribió el libreto y las letras del musical «Shrenk». Pero con «Buena gente» ha demostrado ser muy poco complaciente con ciertos cánones de la sociedad norteamericana y consigue poner en duda el antiguo mito protestante de que con esfuerzo y voluntad cualquiera puede triunfar en la vida.

No hay lugar para maniqueísmos en esta historia donde se enfrentan personas del mismo origen a quienes la vida ha conducido por diferentes derroteros.

Marga (gran trabajo de Mercedes Morán) es madre soltera, proviene de una familia desarticulada y tiene a su cargo a una hija ya adulta pero en grave estado de minusvalía. Sus llegadas tarde hacen que pierda una vez más su trabajo. Desesperada trata de conseguir otro cometiendo toda clase de tropelías. Aconsejada por una de sus amigas, se inmiscuye en la vida de Juan, un ex noviecito del barrio y hoy prestigioso endocrinólogo. Con su lengua filosa y humor cínico, la mujer dispara verdades imposibles de digerir y atormenta a su supuesto benefactor, primero en su consultorio, luego en su casa, donde lo degrada ante su propia mujer. Juan quiere olvidar su antigua barriada lumpen y termina dejando de lado sus buenos modales para mostrarse despreciativo e indiferente, aun ante la posible paternidad que le endilga Marga.

Las malas decisiones de la protagonista (y las de su entorno) provocan risas, sorpresa y hasta cierto estupor entre el público. El director Claudio Tolcachir creó una puesta dinámica que favorece el lucimiento de todo el elenco.

Eso sí, conviene estar atento a todas las historias que se relatan y no dejarse encandilar por las escenas más impactantes. La obra ofrece mucha información (incluso visual, ya que incluye una vibrante proyección de imágenes como separador de escenas) y es fundamental tenerla en cuenta para comprender cabalmente la decisión final de su antiheroína.

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