1 de junio 2009 - 00:00

Escraches: PJ “custodiará” actos de Kirchner y Scioli

A 48 horas del incidente en Lobería, Daniel Scioli compartió, en Tigre, un acto con Sergio Massa. Hoy volverá con las giras por el interior.
A 48 horas del incidente en Lobería, Daniel Scioli compartió, en Tigre, un acto con Sergio Massa. Hoy volverá con las giras por el interior.
En la oscuridad, ensordecido por el estruendo de las aspas del helicóptero sobre la cabeza, Daniel Scioli se inclinó para hablar al oído de Alberto Pérez, su jefe de Gabinete, cuando lo sacudió el impacto: trastabilló y, aturdido, apenas atinó a protegerse.

Fueron 8 segundos de confusión: corridas, gritos y la turbia cercanía de un grupo que sorteó a la Policía y se abalanzó sobre la comitiva. ¿Fueron huevazos o hubo un golpe? La versión oficial habla de lo primero, pero los atacantes llegaron hasta Scioli.

El incidente de Lobería no fue el único: 24 horas antes, a Julio De Vido lo increpó con dureza, y le rodeó el auto, un puñado de chacareros en General Villegas, y ese mediodía, Néstor Kirchner vivió un episodio inquietante mientras recorría el barrio El Faro de Lomas de Zamora.

La frecuencia de incidentes y el tenor del último ataque a Scioli tuvieron un efecto: en reserva, los jefes del PJ de cada distrito que visitarán Kirchner y Scioli montarán con militantes una custodia paralela a la Policía para prevenir escraches.

El operativo se concentrará, sobre todo, en el interior de la provincia donde, esta semana, Kirchner planea hacer dos incursiones -esta tarde a Cañuelas; el viernes a Mar del Plata-, y Scioli emprenderá dos giras, mañana y el jueves, con escalas en unas diez ciudades.

Es, para el peronismo, un principio casi filosófico; la disputa por la calle forma, para el PJ, parte primordial de su ADN, y el episodio Scioli, además del malestar por la brutalidad, tocó otro nervio, todavía más sensible, referido al dominio del territorio.

Desde esta semana, cada visita de Kirchner o Scioli activará un dispositivo partidario con militantes preparados para oficiar de tribuna amable y, de ser necesario, reaccionar frente a eventuales ataques de grupos ruralistas como los ocurridos la semana pasada.

En simultáneo, los alcaldes del interior enviaron mensajes al ex presidente y al gobernador para que, en lo posible, limiten sus apariciones. Motivo: su presencia, tradujo un funcionario que escuchó los argumentos de los intendentes, da protagonismo a los grupos de Unión-PRO.

La prevención oficial, compartida por la Casa Rosada y la gobernación, se basa en un criterio: que los grupos que escracharon -y atacaron- a Scioli y a De Vido están organizados y mantienen vínculos con el espacio político de Francisco de Narváez.

Ayer, el ministro del Interior, Florencio Randazzo, reforzó esa teoría: «Varios de estos inadaptados, antidemocráticos y prepotentes son candidatos de las otras fuerzas políticas, o militan en la oposición».

Fuego cruzado

«En cada lugar que visitamos, hay unas 10 o 20 personas, con globos negros y actitud agresiva. Sabemos que responden políticamente y no expresan el sentimiento de la gente del campo», ensayó un biotipo el jefe de Gabinete bonaerense, Alberto Pérez.

Bajo fuego cruzado, De Narváez se corrió de la escena: primero envió a su mano derecha, Gustavo Ferrari, a despegarse del incidente. Luego habló: «Nuestros dirigentes pueden andar por la calle».

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