30 de mayo 2012 - 00:00

“Escribí este libro como una reacción contra los engaños”

En su libro, Rojo dedica mucho espacio a Borges, porque «es muy poético y muy acertado sobre el azar. Borges es el escritor más fantástico de todos pero a la vez es el que más ha inspirado conocimientos racionales en otras áreas».
En su libro, Rojo dedica mucho espacio a Borges, porque «es muy poético y muy acertado sobre el azar. Borges es el escritor más fantástico de todos pero a la vez es el que más ha inspirado conocimientos racionales en otras áreas».
La vida de Alberto Rojo alterna entre sus dos pasiones, la música y la ciencia. Doctorado en Física en el Instituto Balseiro, desde hace años está radicado en EE.UU. donde es profesor en el Departamento de Física de Oakland University. Es un muy buen guitarrista, notable compositor e intérprete, creador de canciones folklóricas. Admirador incondicional de Jorge Luis Borges, ha señalado la relaciones del gran literato argentino con el pensamiento científico. Uno de los aspectos de la versatilidad de Alberto Rojo son sus calificadas contribuciones a la divulgación científica, fruto de ese aspecto de su vida es su reciente libro «El azar en la vida cotidiana», que publicó Siglo Veintiuno en su colección «Ciencia que ladra». Dialogamos con él.

Periodista: Pareciera que el azar está presente a cada momento en nuestra vida cotidiana. Usted trata eso en su libro desde un abordaje científico.

Alberto Rojo: Todo tiene una explicación racional desde el punto de vista del análisis del azar. La de la apreciación del azar, de cómo atribuimos virtudes místicas a sucesos que son simplemente consecuencias del azar, es una historia vieja. La comprensión del azar ha sido muy rara a través de la historia. La teoría de las probabilidades es un hijo tardío de las matemáticas. Pensemos que la teoría de la geometría es de Euclides, hace unos 2.300 años, mientras que la verdadera teoría matemática de las probabilidades, del azar, es de 1930, fue bastante esquiva a la formulación porque la manera de imponer el rigor matemático es muy difícil. El azar se presenta inicialmente como parte de un arte adivinatorio, de un modo de tratar de indagar la mente de Dios, cosa que ya estaba mal vista. Luego, en el Renacimiento, aparece como la racionalización del juego. Los probabilistas comienzan a tratar de encontrar la descripción matemática de la timba, que tampoco estaba muy bien vista. Hay un montón de rasgos históricos interesantísimos que tiene el azar, que han hecho que hace relativamente poco entendamos que es algo dable de analizar matemáticamente.

P.: Los temas que trata en «El azar en la vida cotidiana» han sido fuentes inagotables de la literatura desde Homero y Sófocles a Samuel Beckett y J.M. Coetzee, son parte estructural de la fantasía. Esa fantasía a la que impulsan los horóscopos, que usted hace entender de otro modo en su libro.

A.R.: Está bueno ver las casualidades como una fantasía, como una cosa de narrativa fantástica, pero que quede en claro que es una fantasía. Los horóscopos en el fondo nadie los cree. Creo que la gente que consulta a los astrólogos lo toma como un juego. La astrología llamada seria, que usa las matemáticas, entra dentro de las disciplinas seudocientíficas que son ciertamente contradictorias. Por un lado no reconocen el hecho de que el análisis científico las refuta, dice que no tienen ningún fundamento, ninguna correlación estadística, sin embargo piden prestada la iconografía científica y pretenden que hay relaciones de causa y efecto. Si no creen en la ciencia, que no la usen. Sus postulados son puramente esotéricos.

P.: ¿Cómo aparece en usted el interés por el tema del azar en la vida diaria?

A. R.: Como una reacción frente a los engaños. Como divulgador de la ciencia me gusta encarar proyectos que me ayuden a ordenar las ideas, y a investigar. Y éste es un tema que apasiona, no hay un evento que no sea azaroso en nuestra vida. De alguna manera somos máquinas con una enorme cantidad de variables y con una propiedad que no se entiende todavía, la conciencia. Y surgen cosas que en un punto son misteriosas, no sabemos si existe en algún plano la perfecta predictibilidad de lo que va a venir. En el azar está todo lo que provoca en la gente, y a la vez todo el desarrollo científico, matemático, estadístico, los análisis probabilísticos que tienen muchísimas aplicaciones prácticas en las encuestas, en la epidemiología, en los seguros, en los mercados de valores, etcétera. Así el azar entra en nuestra vida de forma no rigurosa, y de forma rigurosa, por ejemplo, en cuánto nos van a cobrar de cuota en un seguro, o si una vacuna va a funcionar o no.

P.: En su libro habla mucho de Borges, y no menciona a Paul Auster que ha hecho del azar, de la coincidencia, de las casualidades, parte importante de su narrativa, y de un modo que por su repercusión pareciera que alcanza a mucha gente.

A.R.: Lo he dejado aparte a propósito, quizá más adelante escriba algo para un diario, en realidad tendría que haber hablado, quizás en la próxima edición de «El azar en la vida cotidiana» le dedique un capítulo. Lo que ocurre es que Borges es muy poético y muy acertado sobre el azar. Y Paul Auster se equivoca muchísimo. No trabajé tanto «La música del azar», pero en «El cuaderno rojo» cae en la trampa de darle significado a las coincidencias. Y no tienen ningún significado. Analizando nuestra vida siempre se van a encontrar cosas raras que son coincidentes y que, en el fondo, son consecuencia inevitable del azar. La mera agregación de elementos improbables en una secuencia larga va hacer que aparezcan coincidencias. El equívoco está en pensar al azar como algo uniforme, sin grumos. Las estrellas en el cielo están al azar, como las gotas de lluvia que van cayendo en el piso, nunca va a ser una cosa uniforme. Y si hubiera uniformidades, huecos o grupos dentro del conjunto, se podría pensar que alguien ahuecó o juntó las estrellas o las gotas de lluvia. La distribución azarosa tiene esos cúmulos, esos grumos, que son las ocurrencias simultáneas de eventos que aisladamente son improbables, pero que vistos de conjunto alguna vez tienen que darse. La coincidencia más grande sería que jamás haya coincidencias. La cosa más extraña sería que no existan las coincidencias. En «El cuaderno rojo» Auster hace una lista de coincidencias. Se le cae una moneda en Brooklyn y encuentra una a la otra cuadra y está seguro de que es la misma.

P.: Se puede pensar que Auster utiliza el idioma del azar, el idioma de la casualidad y las coincidencias, de los encuentros fortuitos que se convierten en destino, una tradicional forma narrativa.

A.R.: Como recurso literario está muy bueno, Borges hace más que eso. En Borges, a veces equivocadamente y la mayor parte de las veces acertadamente, no sólo son recursos de seducción literaria sino también indagaciones racionales sobre el universo, y más de una vez acertó. Él pretende hacer un análisis serio de la situación. Dice cosas reveladoras, por ejemplo cuando habla de la mezcla de las causas entreveradas, se refiere al azar de muchas maneras. Hay cosas profundísimas de Borges, se refiere al azar como un fenómeno dable de ser analizado matemáticamente. Cuando dice que «las evidencias de la muerte son estadísticas, todo hombre corre el albur de ser el primer inmortal», esa frase está hablando de la inducción. Es una frase poética profundísima que está hablando de las leyes de la ciencia. Cuando se dice que vamos a morir, esa es una ley de la ciencia o es simplemente que la evidencia hasta hoy es que todos han muerto, por lo tanto es muy improbable que haya alguien que no. Hasta ahora todos los cuerpos que se han analizado caen según las leyes de la gravedad, pero puede que exista uno que no.

P.: Borges debe partir de ideas literarias y esotéricas, de Ahasverus, del judío errante, entre otros seres míticos condenados a no morir.

A. R.: La frase de Borges tiene un rigor casi epistemológico. Él intercepta vertientes, la esotérica, la cabalística, la puramente racional, así como ha leído a Sholem a leído a Rusell y a Shakespeare, y ha hecho su propia historia. La literatura tiene que ser un espacio de fantasía pero creo, que también de revelación de verdades, la invitación a través de la fantasía al descubrimiento de la operación real del mundo, por eso yo soy tan borgiano. Es el escritor más fantástico de todos pero a la vez es el que más ha inspirado a conocimientos racionales en otras áreas. Borges ha prácticamente inaugurado disciplinas. En lingüística Foucault inicia «Las palabras y las cosas» inspirándose en Borges. En mecánica cuántica hay cosas a las que Borges se anticipó. Lo leo y de pronto me digo: entendió un poco más que yo de física. Hay cosas que, por no saberlas, Borges se permitió pensarlas por su cuenta. Y eso ha hecho que esté lleno de físicos que citan a Borges, de matemáticos que citan a Borges, porque el tipo nos enseña a los que trabajamos en la ciencia.

P.: ¿Qué está escribiendo ahora?

A. R.: Pasándome a la narrativa, un libro de cuentos que parten de datos de la ciencia. Y un libro sobre Borges y la mecánica cuántica.

Entrevista de Máximo Soto

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