17 de abril 2013 - 00:00

“Escribir pensando en el remate perfecto es contraproducente”

Rejtman: “Hay una clara conexión de mi literatura con el cine. De hecho, comencé a escribir literatura después de escribir guiones de cine. Mis primeros cuentos son casi guiones de cine”.
Rejtman: “Hay una clara conexión de mi literatura con el cine. De hecho, comencé a escribir literatura después de escribir guiones de cine. Mis primeros cuentos son casi guiones de cine”.
"Hay una clara conexión de mi literatura con mi cine, y soy tanto un escritor de cuentos como un cineasta", señala Martín Rejtman, quien publicó "Tres cuentos", en Literatura Mondadori, y se prepara para comenzar a dirigir la película "Dos disparos". Desde hace 8 años, Rejtman no sacaba un libro. El último había sido "Literatura y otros cuentos", y antes habían aparecido "Rapado" (que fue base de su primera película) y "Velcro y yo". Entre sus películas están "Silvia Prieto", "Los guantes mágicos" y "Copacabana". Como escritor Rejtman se siente ajeno al mundo social literario, no va a presentaciones ni hace presentaciones de sus libros, prefiere el trabajo creativo que es pausado en las letras y muy activo en reunir en guiones imágenes cinematográficas. En una bar de Palermo Hollywood, como correspondía, dialogamos con él.

Periodista: Por su extensión, su libro "Tres cuentos", ¿es de tres cuentos, tres nouvelles o tres novelas?

Martín Rejtman
: Es opinable si son cuentos o novelas. Nunca pensé que eran tres novelas que podía publicar por separado. Siempre escribí cuentos. Y estos textos son más cortos que una novela. "Nouvelle" no me gusta, acudir a un término francés me resulta un poco tilingo, y "novelita" me parece despreciativo. Ninguno de los títulos de los cuentos es el de un libro. "El diablo" es demasiado, "Eliana Goldstein" podía quedar un poco burlón, y "Este-Oeste" no va para nada. Y "Tres cuentos" es un título con una cierta tradición, Así se llaman algunos libros famosos.

P.: ¿Por qué hacía tiempo que no publicaba?

M.R.:
Me cuesta escribir. No me sale un libro tras otro. No soy de los que tienen la rutina de escribir como una especie de obligación. Yo escribo cuando sé que tengo que publicar. Además, necesitaba de estos tres cuentos que estuvieran integrados en el contexto de un libro.

P.: Empieza con "Este-Oeste", una historia que es dos historias, que se entra por una y se sale por otra, como en una cinta de Moebius.

M.R.:
Es una historia con dos protagonistas, Lara en la primera parte y Esteban en la segunda se cruzan en un momento. Lara queda embarazada de Esteban. Da el hijo en adopción porque es muy joven. Esteban ni se entera de eso. En la primera parte Lara va de Buenos Aires a Chile, en la segunda Esteban de la Costa Este a la Costa Oeste de Estados Unidos. Esos recorridos semejantes, en zonas diferentes, marcan las dos historias. Son dos cuentos en uno. Y el que esté narrado en dos capítulos no es algo típico de un cuento, pero las reglas se hicieron para romperlas.

P.: ¿Cómo nace en "Eliana Goldstein" la idea del pobre muchacho que para soportar los ensayos musicales del pianista de al lado necesita de marihuana?

M.R.:
A mí me molestan mucho los ruidos, supongo que vendrá de ahí. En realidad la idea viene del momento en que le queman la moto y la policía le pregunta si tiene algún enemigo. Esa historia, que me contó una chica en una residencia en Estados Unidos, es la misma que aparece para Esteban en el primero de los cuentos, "Este-Oeste". La chica que me contó eso, me dijo que la pregunta de la policía sobre si tenía enemigos la había trastornado totalmente. Generalmente mis cuentos surgen de detalles, historias que me cuentan o alguna pequeña situación que imagino, a partir de ahí empiezo a armar todo.

P.: ¿Así construye, por caso, esa velocidad narrativa que lleva al lector de una escena a otra?

M.R.:
En un principio se decía que en mis cuentos y en mis películas no pasaba nada. Creo que, al revés, pasan muchas cosas. Tal vez, demasiadas. Hay una acumulación constante de situaciones. Lo que tal vez no pasa es la gran transformación del personaje, ese arco narrativo del que siempre se habla cuando se discurre sobre una teoría del relato.

P.: ¿Esa forma de relato proviene de su formación en Estados Unidos, donde los cuentistas nos buscan el asombro final sino ofrecer un fragmento de vida?

M.R.:
Detenerse en algunos puntos. Iluminar algunos momentos. Me siento identificado con esa forma de narrar. Es una tradición distinta de la del cuento argentino que está más ligada a lo fantástico -Borges, Bioy, Cortázar- o al efecto. No hay muchos países con una gran tradición cuentística. Rusia, Argentina, Estados Unidos. En algunos lugares, como en España el cuento es menospreciado, se lo toma por un género muy menor. En cuanto al uso del efecto final, al remate, creo que tiene que ver con el cortometraje. Y el remate es para mí lo que mata al corto siempre. La idea de trabajar sobre un remate es, la de trabajar sobre la perfección, la creación tiene que ser un círculo perfecto, que debe cerrar y dar un golpe al final que resignifique todo. A veces sale bien, pero muy pocas. Creo que es un modo de trabajar contraproducente. Me pasó, cuando era estudiante de cine, que hice un corto "circular y perfecto". Tenía ese remate final que resignificaba todo. Me frenó durante un par de años. No pude hacer más nada. Buscaba que todo lo que hiciera tuviera eso. Me di cuenta que era caer en una fórmula. Y empecé a trabajar en contra de la idea del remate, de la circularidad, de "la perfección". Decidí ver qué salía al escribir sin tener una idea antes de ponerme a trabajar.

P.: ¿Lo visual es, más que "lo literario", la relación que une sus cuentos y sus películas?

M.R.:
Mi literatura es más descriptiva que interna. No me detengo en las reflexiones de los personajes, que son muy poco reflexivos, simplemente actúan; y el cine también es acción. Siempre hay recursos para hacer conocer los pensamientos de los personajes, pero son recursos. Normalmente una escena es una escena, lo que se ve es lo que está ahí. Hay una clara conexión de mi literatura con el cine. De hecho, comencé a escribir literatura después de escribir guiones de cine. Mis primeros cuentos son en tercera persona, en presente del indicativo, son totalmente descriptivos. Son casi guiones de cine. Después empecé a variar y a trabajar en primera persona.

P.: ¿Le interesan en especial los personajes jóvenes?

M.R.:
No sé por qué eso pasa en los cuentos, en mis películas los personajes fueron creciendo. En "Rapado" eran adolescentes, en "Silvia Prieto" tenían cerca de 30, en "Los guantes mágicos" cerca de 40, y en la película que voy a filmar hay de todas las edades.

P.: ¿Qué va a filmar ahora?

M.R.:
Voy a filmar a fines de septiembre un largo nuevo, "Dos disparos". Ahí hay un adolescente con un hermano de veintipico y su madre. Hay como tres grupos de edades y todos tienen el mismo peso, todos son protagónicos. Tiene título de policial, empieza con dos disparos pero luego gira para otro lado.

P.: ¿Qué está escribiendo ahora?

M.R.:
Antes señalaba como el momento en que aparece un datos, una escena, algo que me lleva a narrar. Y cuando me ocurre eso empiezo a estar con mayor disponibilidad para captar escenas que me van a servir. Ahora estoy empezando de escribir otro guión. Ayer fui al cine y de pronto comencé a tomar notas en una libreta. Nada de lo que pasaba en la película sino cierto momento, cierta imagen, acaso un dato, que había disparado en mi otras cosas, ideas que tenían que ver con lo que estoy escribiendo. Cuando se abre en mí el canal de un proyecto comienzo a sumar elementos para el cuento o la película en la que trabajo.

P.: ¿Qué es el libro "Entrenamiento elemental para actores"?

M.R.:
Es una versión narrativa del guión de un película que hicimos para televisión con Federico León. Era parte de una serie de TV que combinaba a un director de cine con un director de teatro. Son las clases de un profesor de teatro a niños, a los que no les da clases como a chicos sino como si fueran adultos. Es la invención de una escuela de teatro un poco utópica. Yo había quedado marcado a los 14 años por la visión de "L'argent de poche", que acá creo que se llamó "La piel dura", una película genial de François Truffaut con niños. Yo tenía pendiente la idea de trabajar con chicos. Y me vino bien trabajar con Federico para no tener que enfrentarme solo a una película donde la mayoría de los personajes fueran niños. Fue la oportunidad de colaborar con otro artista. Cuando se trabaja creativamente con alguien se comienzan a comprender los mecanismos de la creación de una manera diferente. Fue enriquecedor.

P.: ¿Algún nuevo proyecto literario?

M.R.:
Nada. Apenas un cuento a pedido para una antología que va a salir, y nada más. Las residencias en el exterior son buenas para obligarte a trabajar. Mientras me pongo a leer cosas suficientemente lejanas. Ahora, por ejemplo, "La piedra lunar" en aquella colección de tapas negras que dirigió Borges. En realidad leo un poco de todo, por ejemplo, mezclo a Wilkie Collins con el libro de Patti Smith sobre Robert Mapplethorpe. Tengo un kindle y me bajo libros de todo tipo de temas. No pertenezco al mundo literario, que no sé bien cuál es. No voy a presentaciones de libros ni las hago. No participo en mesas redondas. No me gusta la parte social de todo eso, en la literatura tengo la excusa del cine, y en el cine muchas excusas no tengo.

Entrevista de Máximo Soto

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