21 de mayo 2014 - 00:00

“Escribir sobre vidas apacibles no es lo mío”

Dujovne Ortiz: “Nunca podré ocuparme de una persona que crea tener una identidad única definida. Y si escribo sobre mujeres es porque las entiendo mejor porque soy mujer. Yo he escrito sobre hombres, pero no desde adentro”.
Dujovne Ortiz: “Nunca podré ocuparme de una persona que crea tener una identidad única definida. Y si escribo sobre mujeres es porque las entiendo mejor porque soy mujer. Yo he escrito sobre hombres, pero no desde adentro”.
La irlandesa Elisa Lynch era una niña rica que, para sobrevivir, se tuvo que convertir en cocotte en París, y en Asunción, donde la arrastró el general Francisco Solano López fue despreciada por prostituta y envidiada por su elegancia y su cultura, porque en su palacio se reunían diplomáticos y visitantes ilustres. Alicia Dujovne Ortiz, escritora argentina residente en Francia, que ha publicado las novelas "El árbol de la gitana", "Mireya" y "La muñeca rusa", y las biografías de María Elena Walsh, Diego Maradona, Eva Perón, presenta "La Madama" , que publicó Emecé, novela histórica que se entreteje alrededor de una charla que Elisa Lynch, enferma y abandonada por sus hijos, mantiene con Victor Hugo y otros célebres personajes. Dialogamos con Dujone Ortiz en su breve estadía en Buenos Aires.

Periodista: Siempre dedicándose a contar historias de mujeres...

Alicia Dujovne Ortiz
: De mujeres fuertes y frágiles a la vez, con una capacidad absoluta de ser ellas mismas. Mujeres que tienen también una identidad dividida. Una identidad social dividida como Eva, hija de un estanciero que no la reconoce. Ella siempre se llamó Eva Ibarguren, que era el apellido de la madre, que si bien es un apellido que se las trae, se trataba de una lavandera de pueblo. Después sería Eva Duarte, y finalmente Eva Perón. Siempre trato de identidades divididas. Es mi tema. Nunca podré ocuparme de una persona que crea tener una identidad única definida. Siempre trato de gente que está a caballo de dos cosas distintas. Y si escribo sobre mujeres es porque las entiendo mejor porque soy mujer. Yo he escrito sobre hombres, pero no desde adentro. En mujeres hablo hasta en primera persona, como me pasó con Santa Teresa de Avila, que era medio judía, en "Un corazón tan recio". Si entro en un personaje femenino es porque sé lo que le pasa. Siento que estoy seducida por esos temas. A veces me cuentan historias como la de Santa Teresa, nieta de un judaizante condenado por la inquisición, o la Madama Elisa Lynch a caballito de Irlanda, Francia y Paraguay, que tiene un papel digamos que heroico en la Guerra de la Triple Alianza, o de "La Triple Infamia" según Alberdi, o como África de las Heras que se casó con el uruguayo Felisberto Hernández para crear una red de espionaje soviética en América Latina basada en Montevideo. Oigo esas historias y digo ésa es para mí. Que esos personajes vivieron para que yo los escriba es un poco mucho, pero que entran a formar inmediatamente parte de mi colección. Escribir sobre vidas apacibles que transcurren en un solo lugar, no es lo mío.

P.: ¿En "La Madama" la inspiró el encuentro en París de Solano López con Elisa Lynch?

A.D.O.:
Yo funciono con imágenes. Una es ésa. Un baile en las Tullerias. Una hermosísima mujer de 18 años que tuvo un casamiento que fue una trampa legal del militar francés Xavier de Quatrefages, del que lo único que le queda es volverse cortesana de lujo. Y en esa condición es invitada a un baile de Napoleón El Pequeño y la emperatriz Eugenia de Montijo. Ahí conoce a ese petiso retacón, general paraguayo enviado por Carlos Antonio López, su padre, a hacer acuerdos económicos con países europeos. Solano López se la levanta y se la lleva al Paraguay. Una imagen fuerte, pero la primera imagen que tuve es la del final.

P.: ¿Fue la que la hizo conocer a Elisa Lynch?

A.D.O.:
Oí hablar de ella de chica. Mi madre, la escritora Alicia Ortiz, que me llenaba la cabeza de fantasías familiares, me hablaba de Giuseppe Oderigo, marino genovés invitado por Rivadavia para crear una flotilla fluvial que uniera Buenos Aires con Asunción ,y conoció a la Madama Lynch que lo invitó a comer en su maravilloso palacio. La Madama entró así a formar parte de mis fantasías infantiles. En los años ochenta, en París, conocí a Augusto Roa Bastos, que con emoción me contó que Elisa Lynch murió olvidada en un departamento humilde del 54 de Boulevard Pereyre. Me fui a mirar el lugar. La búsqueda es el placer de la investigación. Roa Bastos me dio la imagen que más tarde desencadenó mi libro. Elisa en Cerro Corá donde le llevan el cadáver mutilado de Solano López, con el que había tenido seis hijos, que no había querido rendirse, y le matan ante sus ojos al hijo mayor, "Panchito", que con sus 16 años como su padre grita "un militar paraguayo nunca se rinde". Y ella saca a patadas a la tropa brasileña que va a violarla, como han violado a todas las mujeres del campamento. Y "La Madama", "La Mariscala", era la soñada por su origen, su belleza, su lujo. Grita: "No me toquen, soy ciudadana británica". Impone su autoridad y se dedica a enterrar a su compañero y a su hijo. Su condición de británica la pone a salvo. Llega a Francia con los hijos que le quedan. Uno muere, otros estudian, se casan y se alejan. Ella muere sola, de un cáncer al estómago a los 50 años. Cuándo Roa Bastos me cuenta esto, me dije tengo que contar de esa mujer.

P.: Hubo quienes compararon a Elisa Lynch con Eva Perón.

A.D.O.:
Cuando escribía la biografía de Eva Perón encontré que el primer personaje que representó Evita en su serie radial "Mujeres célebres" fue el de Madama Lynch. Las dos fueron amadas y odiadas, eran codiciosas, les encantaba la riqueza. Evita no llegó a los extremos de Elisa, capaz de hacer torturar a mujeres que la habían despreciado para sacarles las joyas. Elisa tuvo que enfrentar a "damas casadas legítimamente", pacatas y ultra católicas, que no se apretaban la cintura con un corset como ella, ni andaban con esos escotes, y no tenían una belleza tan excesiva y desafiante, ni la cultura de ella, que manejaba varios idiomas, que era ávida lectora, cantante, pianista. Y que en el maravilloso palacio que le regala Solano López, para consolarla de que era sólo la favorita de su harén, daba comidas de gala a diplomáticos extranjeros.

P.: ¿Al lado heroico de Elisa Lynch, no le falta su típico condimento erótico ?

A.D.O.:
No. Si bien ella tiene esa horrible relación cuando con 15 años es entregada a ese cirujano militar, un perverso que sólo quería tener su inocencia y corromperla, yo le concedo que tuvo una fogosa relación con un amante ruso, el conde Mijail Medem. Es algo que le deseo de mujer a mujer, tener algo que le haga conocer el placer luego de haber estado casada con un cuarentón que no pareciera haber sido el rey de la sexualidad. Porque la relación con Solano fue una relación de mutua conveniencia. En fin, tuvo seis hijos con él. Sexo no falto. Pero creo que para él ella era una especie de trofeo, y la necesitaba. Y ella lo necesitaba a él porque era el hombre del poder y la riqueza. Elisa había desarrollado una avidez de posesiones que es su parte menos simpática. Ya que no podía ser la mujer legítima quería ser la dueña del Paraguay. En medio de la guerra se compra enormes posesiones, cafetales, yerbatales, estancias. En cuanto a su lado heroico, es un punto de inflexión, se muestra extraordinariamente valiente. Elisa podría haberse vuelto a Francia cuando comenzó la guerra, como Solano se lo pedía, y ella se niega y se va a esa guerra, que fue una matanza atroz, con sus hijos. Va donde va Solano. Y se llevó a la selva su tesoro, los muebles de su castillo, y se ponía furiosa cuando a sus hijos, a los que les hacía creer que estaban en una burbuja, no le salía bien la lección de piano. Es un maravilloso personaje, tan contradictorio, como Solano que era cobarde y valiente, que era patriota y capaz de llevar el país al desastre por su loco deseo de gloria.

P.: ¿Ahora en qué está trabajando?

A.D.O.: Ahora vivo en el campo. Me compré una casita lindísima del siglo XVIII en las afuera de París, al lado de un bosque con ciervos, y tengo un jardín con rosas. Y estoy en una novela sobre la Zwi Migdal, antes la comunidad judía no hablaba sobre el tema, a los rufianes de la Migdal les llamaban los"impuros", y se temía que hablar de eso pudiera provocar una reacción antisemita. En la novela cruzo eso con montones de personajes, como Simón Radowitzky, porque los jóvenes comunistas y anarquistas iban a los teatros de los rufianes a tratar de salvar a las chicas adoctrinándolas, aparece la gente del diario "Crítica", y hay tango en idish porque la protagonista, una polaquita morocha, para salvarse del horror que vive se pone a traducir tangos al idish.

Entrevista de Máximo Soto

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