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España se argentiniza más: batahola y clamor “que se vayan todos”
La consigna «que se vayan todos» encabezó una columna de las que ayer confluyeron sobre la Plaza Neptuno, a metros del Congreso de los Diputados. Hubo más de cincuenta heridos, uno de gravedad.
La reaparición de los «indignados» tuvo similitudes más nítidas con las protestas ocurridas en Argentina hace más de diez años, no sólo por la batahola en el centro de Madrid, sino por las consignas de los manifestantes y estandartes y banderas que reclamaban «que se vayan todos». También fueron increpados por la multitud algunos periodistas que intentaban ingresar al edificio legislativo.
El Gobierno de Mariano Rajoy había advertido que no toleraría que los manifestantes rodearan el Congreso mientras los diputados sesionaban. La delegada del Gobierno en Madrid, Cristina Cifuentes, había advertido: «No se va a permitir bajo ningún concepto que se rodee o que se tome el Congreso». «Eso sería delito», dijo.
Al cabo de la jornada, la respuesta política llegó de la mano de la vicepresidenta del Gobierno conservador, Soraya Sáenz de Santamaría, quien afirmó que «la democracia tiene que ejercerse sin presiones».
Miles de «indignados» permanecían anoche cerca del Congreso, en la Plaza Neptuno, y otros se habían trasladado a la más lejana Puerta del Sol.
Horas antes, los agentes antidisturbios habían golpeado a los asistentes con porras y disparado balas de goma, dando lugar a lo que medios ibéricos calificaron como «batalla campal». La manifestación fue convocada bajo la denuncia de que España vive una democracia «secuestrada» por «los mercados financieros».
Según un balance provisional, al menos 32 manifestantes resultaron heridos, uno de ellos «grave», otros diez policías debieron ser atendidos y 28 personas fueron detenidas.
«Estas son nuestras armas», corearon por momentos los manifestantes, algunos de ellos sentados en el suelo, alzando las manos al cielo, para calmar la atención y evitar más choques.
Varias organizaciones y movimientos de «indignados» habían convocado a la protesta bajo la consigna «Rodea el Congreso» a través de las redes sociales, por lo que el edificio amaneció protegido por barreras metálicas y por cientos de policías antidisturbios.
La ayuda de hasta 100.000 millones de euros que la Eurozona puso a disposición de la banca española y la cura de austeridad para reducir el déficit público del país llevaron al Gobierno español a tomar medidas que han provocado un profundo malestar social. La ausencia de resultados viene ocasionando en los últimos meses una aceleración de la frecuencia e intensidad de las protestas.
«Nos han robado nuestra democracia», denunció ayer Soledad Núñez, comerciante de 53 años de la comunidad de Castilla y León que lucía dos claveles rojos y una pancarta que rezaba: «¿De verdad crees que cruzando los brazos esto se arregla?».
«Si no hay consumo, yo no puedo vender», dijo. «Toda una serie de medidas han sido adoptadas con decretos leyes, sin que las puedan estudiar los diputados», denunció por su parte una portavoz de Coordinadora #25S, una de las plataformas convocantes.
Los primeros choques estallaron por la tarde en la plaza de Neptuno, cuando los policías cargaron golpeando a unos manifestantes que intentaron derribar una de las barreras dispuestas en las inmediaciones de la Cámara baja.
Al final de la jornada, los policías cargaron de nuevo y dispararon balas de goma contra los convocados, algunos de ellos con los rostros cubiertos por pasamontañas y que lanzaron vallas contra las fuerzas del orden.
La mayoría de los manifestantes se dispersaron entonces por las calles aledañas, gritando «¡el pueblo unido, jamás será vencido!» o «¡Vergüenza!», mientras otros permanecieron en la plaza de Neptuno, en la que había varios furgones de policía desplegados.
«Vengo a protestar contra una clase política que no da ninguna opción al pueblo a opinar», lanzó uno de los asistente, Rómulo Banares, un artista de 40 años que empezó la protesta en la Plaza de España, uno de los puntos desde los que partieron los manifestantes al principio de la tarde.
Llevaba un cartel inmobiliario con la inscripción «Se Vende España» y anteojos de sol con la señal del dólar y del euro en cada uno de los cristales.
Agencias AFP y DPA, y Ámbito Financiero


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