4 de abril 2018 - 22:46

Esperando al Mesías: pobreza, empleo, déficit e inflación en la era de “lo peor ya pasó”

Esperando al Mesías: pobreza, empleo, déficit e inflación en la era de “lo peor ya pasó”
"Y un día, finalmente, el Mesías llegó a Jerusalén. Uno de los habitantes lo reconoce en la puerta de su casa, lo saluda y le dice: Mesías, ¿cuándo vas a venir?". La anécdota la repasa el filósofo Darío Sztajnszrajber de la pluma del historiador Gershom Scholem. La clave es el tiempo, el devenir y el estado de promesa eterna, que muchas veces vale más que la propia realidad.

El mantra de la política cambiemita dicta: el dato es letra muerta, lo que vale es la interpretación y, mejor aún, la promesa en clave interpretativa. Así, el Gobierno parece haber dado con una estrategia que lo mantiene indemne de cualquier pena: la mejoría en términos económicos es un proceso, está asociada al paso del tiempo y el paso del tiempo resulta, a la vez, la condición necesaria para poder evaluar esa política; entonces, habrá que esperar y conformarse con el dato, o, mejor dicho, con la interpretación, mientras se espera.

La reducción de la pobreza, la baja de la inflación, el descenso del déficit, la recuperación económica, la mejora en el mercado de empleo, el renacimiento del consumo como motor económico, el parate al endeudamiento excesivo, el freno a los tarifazos una vez que se alcance la 'normalización'. Una y otra vez la letra duranbarbista nos dice que lo que tiene lugar en el presente no existe como tal, sino como parte necesaria de lo que viene, un engranaje más. Y lo que viene, como se supone, no llega nunca, porque cuando llega, es presente y no futuro. Mientras tanto, en una decadencia sin precedente, la oposición política fracasa en su intento de sumar elementos para pensar si esas promesas se van a cumplir. Como dice Sztajnszrajber: "La realidad es amorfa, el acceso a la realidad se hace desde el punto de vista de lo que el Gobierno quiere instalar".

Macri dixit: "Lo peor ya pasó". "Lo mejor está por venir". "Todavía falta". "Si hacemos el sacrificio, vamos a estar mejor". "Todos tienen que ceder algo para que podamos mejorar". "Vamos en el camino correcto". El presidente Macri suele insistir con estos conceptos en clave temporal. Lo hizo incluso la última semana, al anunciar los datos de pobreza, y repasar los del desempleo, déficit e inflación.

La novedad es que, mientras cada dato que destaca el Gobierno viene con su propio manual de lectura e interpretación, un análisis menor pero consistente, podría revelar que parte de esa iconografía puede ser objetada, sobre todo, si la expectativa está puesta -como quiere el Gobierno- en lo que viene. Ahí reside la monumental paradoja. Algunos ejemplos:

Pobreza. El Gobierno festejó que en el segundo semestre de 2017 la pobreza bajó al 25,7% medido por la cantidad de personas con ingresos insuficientes. El dato de indigencia es aún más sorprendente: apenas el 4,8% de las personas no llega a cubrir una canasta básica de alimentos con sus ingresos. Pero un análisis más detallado de los datos nos hace relativizar el supuesto triunfo en la batalla contra la pobreza. La canasta básica total que se toma como referencia para fijar la línea de pobreza (segunda mitad de 2017) suma apenas $5.130, con lo cual una jubilación mínima o una pensión por el 80 por ciento de la mínima, alcanzarían largamente para superar ese umbral. Además de la subestimación de la canasta cuya brecha se abrió aún más con la inflación de 2016, el presupuesto electoral y la consecuente contingencia de contar con esos recursos en la economía, y los tarifazos del año pasado, hay un dato adicional que abre más interrogantes: la pobreza bajó entre semestres, pero subió del tercer al cuarto trimestre, lo cual indica que la baja no es una tendencia definida.

Desde la UCA dieron más señales de la cautela necesaria: señalaron que en diciembre de 2017, con el crecimiento de la inflación y cierta parálisis de consumo en las clases populares, hay indicios de un aumento de la pobreza. Además, lanzaron una advertencia sobre los aumentos de las tarifas de servicios públicos, que "están cambiando la ecuación" para medir la pobreza, ya que "el peso no es el mismo que teníamos en 2004 o 2005, y el registro de la pobreza no está ponderando el componente tarifario".

Desempleo. El Gobierno celebró la baja del desempleo al 7,2% para el último trimestre de 2017. Sin embargo, otros estudios, también en base a datos oficiales, muestran un marcado deterioro en la calidad de los puestos de trabajo en el mercado laboral de fines del último año, en relación a la situación existente al último mes de 2015. Un análisis de la Universidad Nacional de San Martín revela que en los últimos dos años el empleo registrado creció en 280 mil puestos, pero de ese total el 54% corresponde a las categorías de monotributistas y el 9% a trabajadores de casas particulares (domésticos). El empleo asalariado, en tanto, creció únicamente en el sector público, mientras que en el sector privado descendió levemente.

Déficit. El Ministerio de Hacienda, en manos de Nicolás Dujovne, presentó como una buena noticia el resultado del déficit fiscal primario del sector público nacional para febrero de $20.228 millones, al resultar 24,4% menor al del mismo mes del año pasado. Sin embargo, el déficit financiero, que se omite en el comunicado oficial, y que incluye no sólo el gasto primario del sector público sino también el pago de intereses de la deuda, alcanzó a $27.738 millones, un 7,5% inferior al de igual mes de 2017.

Inflación. La inflación del mes de febrero que midió el INDEC fue del 2,4%. Según la UMET, que midió exactamente la misma inflación para febrero, la sumatoria anual del alza de precios arroja un 26,3%. Sin embargo, el aspecto más relevante del estudio es que realiza una medición comparativa entre distintos niveles de ingresos (deciles), de la que resulta que la inflación para la franja de menor retribución (decil 1) fue de casi un 3 por ciento en febrero, muy lejos del 2,15 por ciento que le correspondió a la población de más altos ingresos (decil 10). Haciendo la misma comparación pero desde noviembre de 2015 hasta febrero de este año, resulta que la inflación para el decil 1 alcanzó el 104 por ciento y para el decil más alto fue del 80 por ciento: 24 puntos de diferencia.

Se podría seguir repasando los datos económicos y todos ofrecen estas dobles lecturas que el Gobierno omite porque prefiere concentrarse en la promesa. Eso no le hubiera sorprendido a San Agustín, quien desde el Siglo V había afirmado que "el tiempo es presente en tres facetas: el presente como lo experimentamos; el pasado como memoria presente; y el futuro como expectativa presente". Precisamente en este último aspecto es que el Gobierno debiera repensar su estrategia: no sea cosa que el Mesías golpee la puerta un día y alguien le pida explicaciones por la larguísima espera...

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