8 de noviembre 2011 - 00:00

¿Está el beso en extinción en el cine?

Anita Ekberg y Marcello Mastroianni en «La dolce vita». Para el ensayista Alexandre Lacroix, el beso ya no tiene valor en el cine.
Anita Ekberg y Marcello Mastroianni en «La dolce vita». Para el ensayista Alexandre Lacroix, el beso ya no tiene valor en el cine.
París - El beso, «pariente pobre de la sexualidad», está en vías de extinción en el cine, donde protagonizó escenas célebres como el roce de labios de Marcello Mastroianni y Anita Ekberg en «La dolce vita»- y merece ser rehabilitado, escribe el ensayista francés Alexandre Lacroix en su último libro, «Contribución a la teoría del beso». Lacroix pone el acento en la escena de sexo express del último film de James Bond, sin besos, y enciende una luz de alerta.

«Existen toneladas de libros sobre fetichismo y sadomasoquismo y casi nada sobre el beso. Como si el beso fuera una práctica banal que ya no le interesa a nadie», señala el teórico en su nuevo libro. Antes de la globalización del llamado «beso hollywoodense», explicó Lacroix, no se besaba en todas las latitudes. Fue gracias al poeta Pierre de Ronsard y a Jean-Jacques Rousseau que el beso, en Occidente, se hizo sagrado para los enamorados, como una etapa obligada de los preliminares amorosos, hasta que llegó a su apogeo, en la posguerra, con la institucionalización del flirteo.

«En los tiempos modernos, en cambio, se asiste a una decadencia lenta e inexorable del beso», dice Lacroix. En el primer James Bond, por ejemplo, Sean Connery seduce a Eunice Gayson durante un partido de póker: entra en el dormitorio y la encuentra en camisa y tacos aguja, con un palo de golf en la mano. La besa apasionadamente durante al menos 20 segundos, y el resto queda librado a la imaginación del espectador. Cincuenta años ocurre exactamente lo contrario: el James Bond de Daniel Craig tsólo deja librado a la imaginación del espectador el improbable beso previo.

«¿Perdió su poder de seducción -se pregunta Lacroix- o el beso ya es demodé en el cine?». Si antes una película terminaba con la escena de un beso, agregó, hoy besar es un detalle insignificante, relegado al rango de una escena entre adolescentes. «Esta es la época de las pulsiones, no del deseo», observó Belinda Cannone, autora de «El beso, tal vez», también nostálgica de un tiempo que los besos eran un esperado tabú.

«Eran la promesa de un tal vez, misterioso y excitante -agregó- porque el beso revelaba lo que estaba por venir. Desde los años 50 el beso se democratizó -agrega por su parte la sexóloga Catherine Solano--. Hoy se consume el sexo como un producto de satisfacción personal. Pero el beso no se compra, no se ordena. Nuestro cuerpo no nos lo impone, y nuestra libido tampoco: es un acto gratuito. Besar implica involucrarse emotivamente».

En su libro, Lacroix concluye: «Triste época la que olvida el beso: lo hace opcional, un simple reflejo mecánico de la mañana y la noche. Boicotear el beso mata a la pareja. Hay que recuperar el tiempo de los primeros besos».

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