Estupenda muestra de porcelana isabelina

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En una Buenos Aires riquísima en ofertas culturales hay una exposición que nos lleva al siglo XIX. Se trata de «Porcelana Isabelina», que se exhibe hasta el 5 de junio, en el Palacio Errázuriz, sede del Museo Nacional de Arte Decorativo (Av. Libertador 1902), patrocinada por la Academia de Bellas Artes en conmemoración de su 75° aniversario (1936-2011), y bajo la curaduría de Hugo Pontoriero.

El grupo de piezas exhibidas en el suntuoso Salón Regencia, pertenecen al coleccionista de arte antiguo y contemporáneo Rafael Ferraro (Córdoba), prestigioso abogado y licenciado en Filosofía y Humanidades. Ferraro señala que a mediados del siglo XIX, consolidada la economía, habiéndose creado las grandes estancias y el comercio urbano, surgieron las grandes fortunas, los viajes de placer y los negocios a Europa así como la formación de importantes colecciones -muchas de ellas constituyen hoy el acervo de nuestros principales museos- y es así como llegaron fastuosos muebles, pinturas, objetos decorativos.

Llevado por su atracción hacia ellos con rigor de épocas y estilos (siglo XVII al XIX), fue formando una colección y estas porcelanas son parte de ella. Se denominan «Isabelinas» por Isabel II de España, también «Victorianas» por la reina Victoria de Inglaterra y «Segundo Imperio».

Las 50 piezas de diversos tamaños y características integran lo artesanal con lo seriado y en sus comienzos, aunaban lo útil con lo decorativo. Muchas de ellas pertenecen a talleres situados en los alrededores de París (porcelana Vieux Paris) y también a fábricas de decoración de Dresde.

Entre las piezas se destacan dos benditeras, una de ellas con la efigie modelada del Nazareno con la cruz a cuestas, centros de mesa con decoración de hojas y flores doradas, de forma asimétrica con empleo de rocallas y caladuras.

Una tetera Tiefenburg Porzellan Manufaktur, profusamente recubierta de oro, alrededor de 40 floreros, algunos de carácter fitomorfo con cuellos que se estrechan. El que ilustra esta nota es un recipiente en forma de expandido cartucho, perfil acentuadamente curvado y las asas, carnosos tallos vueltos sobre sí con grandes flores y guías colgantes de pimpollos. En la tarja del frente, un ramo de flores y hojas superpuestas coloreadas en tonos pastel y doradas. Hay también floreros decorados especialmente para el equipamiento de las iglesias.

Se destaca el reloj de porcelana blanca, policromada y dorado, de sobremesa, estilo rococó, roleos, rocallas, delicadas flores sobrepuestas y dos palmetas caladas. Otro ejemplo de porcelana Vieux Paris es el tintero concebido para el ámbito doméstico y probablemente femenino con una guía floral y una rosa centralizada.

Una curiosidad , fruto de la investigación, y que además nos enseña a leer ciertos cuadros, por ejemplo, un retrato de una dama pintado por Amadeo Gras en 1854, en el que aparece junto a una mesa donde hay un florero como los descriptos (Museo Martiniano Leguizamón, Paraná) y el de Manuelita Rosas de Prilidiano Pueyrredón (1851) perteneciente al Museo Nacional de Bellas Artes, en el que la joven se apoya cerca de un vaso en forma de ánfora con flores sobrepuestas.

Un gran paisajista que se radicó en Córdoba , fallecido en 1997, Egidio Cerrito, realizó en 1967 «Florero con Flores» cuyo motivo central es una de las piezas de la colección de Ferraro, así como Dante Montich (Córdoba), realizó su «Anunciación» (2010), una pintura con una versión muy contemporánea de otra pieza aquí exhibida, ambas obras reproducidas en el excelente catálogo editado especialmente.

Esta hermosa colección proveniente de Córdoba, única en el país por su variedad, permite conocer un aspecto de la historia argentina, la moda y los gustos de la época así como acercar al público a un segmento del arte decorativo, y se complementa con 24 piezas que el pintor Jorge Larco donara al Museo de Arte Decorativo en 1968.

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