25 de abril 2011 - 00:00

Estupendo “duelo” de voz y armónica para el tango

Javier «Cardenal» Domínguez es un cantor a la vieja usanza que no le teme a los arreglos audaces y el armoniquista Franco Luciani es un admirable continuador de la obra y la escuela de Hugo Díaz.
Javier «Cardenal» Domínguez es un cantor a la vieja usanza que no le teme a los arreglos audaces y el armoniquista Franco Luciani es un admirable continuador de la obra y la escuela de Hugo Díaz.
«Rurales y urbanos». Actuación del «Cardenal» Domínguez (canto) y Franco Luciani (armónicas). Con D. Godfrid (piano), A. Argañaraz y H. Reinaudo (guitarras), A. Argañaraz (percusión), I. Canario (violín) y M. Martos (bajo). Invitados: A. Santos (flautas) y J. Luz (voz). (C.A.F.F.; 22 y 23 de abril).

El Club Atlético Fernández Fierro (C.A.F.F.), regenteado por los integrantes de la orquesta típica de igual nombre, es uno de esos lugares que uno recomendaría a un amigo extranjero, de visita por Buenos Aires, que quiera encontrarse con un espacio genuino en la ciudad y escaparle a las cenas-show para turistas. En esa autenticidad de galpón acomodado «hasta ahí» a las necesidades del espectáculo, en la posibilidad de encontrarse con el tango y sus alrededores en versiones alejadas de los formatos «for export», en los precios accesibles que lo diferencian de tantas otras propuestas relacionadas con el género, están las virtudes de este sitio (su mayor déficit son algunos problemas de sonido).

En este club ya instalado en la cartelera porteña, se juntaron dos artistas de propuestas distintas, que llegan al tango desde lugares diferentes y que pueden cruzarse en la curiosidad y en el interés compartido de no quedarse con lo que indica la tradición más clásica.

Javier «Cardenal» Domínguez es un cantor a la vieja usanza, de voz rugosa, con acento en los graves, que elige preferentemente un repertorio anclado en el pasado (aun el de los comienzos del siglo XX, donde no faltan estilos y milongas). Pero su modo de acompañarlo instrumentalmente, con un cuarteto sin bandoneón -de guitarra, bajo, violín y percusión-, deja ver sus búsquedas hacia lo moderno y la ruptura. Así, los arreglos elegidos para acompañar piezas como «La mariposa», «Cristal» (a la que hasta le agregó un intermedio flamenco con bailaora incluida), «Milonga triste» o «Tu pálida voz» (con percusión centroamericana) sirven para demostrar que, con aciertos y errores, prefiere asumir el riesgo de la búsqueda.

Sostenido en el imponente recuerdo de Hugo Díaz, el rosarino Franco Luciani, por su parte, se está instalando como un muy honorable continuador de la obra y la escuela de aquel recordado armoniquista santigueño. En este caso, su referencia central es el tango. Pero su historia musical, en discos y sobre todo en los conciertos solistas o compartidos de lo más diversos, dan cuenta de su similar interés por el folklore o por el jazz. Desde ese eclecticismo y con una técnica deslumbrante, Luciani improvisa o simplemente «canta» las melodías de composiciones como «Los sueños» y «Adiós Nonino» (su mejor momento del concierto) de Piazzolla, «Tu vals», de su propia creación, «Garúa», con un largo y brillante solo de armónica, «Margarita Gautier» o la chacarera «La humilde».

En muchos momentos del concierto, ambos se juntan para compartir interpretaciones o músicos; y en algunos casos logran buenos cruces en los «duelos» de voz y armónica para tangos, milongas, valses y chamarritas. Aunque breves, fueron lucidas las participaciones del flautista Alejandro Santos. Más emotiva que musicalmente interesante, en cambio, fue la presencia de la cantante francesa, prima de Luciani, Johanna Luz para hacer «Volver» y una canción en su idioma.

Ricardo Salton

Dejá tu comentario