18 de agosto 2011 - 00:00

Eterno retorno: ¿Estado laico o confesional?

Eterno retorno: ¿Estado laico o confesional?
Madrid - Está todo listo para recibir a lo grande hoy al jefe de la Iglesia Católica, pero los fastos han reabierto en España el debate sobre la separación entre Iglesia y Estado.

Las calles de Madrid se encuentran «tomadas» desde el fin de semana por jóvenes peregrinos, que vestidos con coloridas camisetas de la Jornada Mundial de la Juventud (JMJ) cantan y dan palmas por toda la ciudad, exhibiendo su fe con orgullo bajo el calor sofocante de estos días. Han llegado más de un millón, según la organización. Y mientras, la jerarquía católica trata de demostrar su poder con el mayor encuentro internacional que organiza la Iglesia.

Se vio en la misa de inauguración de la JMJ que el martes por la tarde ofició en la Plaza de Cibeles el cardenal arzobispo de Madrid, Antonio María Rouco Varela, junto a 800 obispos y cardenales de todo el mundo y 8.000 sacerdotes.

Asistieron decenas de miles de jóvenes, pese al fuerte sol que aún hacía y el calor de agosto en Madrid. «Somos miles, somos fuertes y queremos demostrárselo al mundo», decía estos días una joven a la espera de la llegada del Papa.

La tercera visita de Benedicto XVI a España es pastoral, no de Estado. Pero pese a ello, los reyes Juan Carlos y Sofía recibirán al pontífice en el aeropuerto. Y el viernes, Joseph Ratzinger acudirá al Palacio de la Zarzuela, la residencia oficial de los monarcas, en una «visita de cortesía».

Ese mismo día por la tarde será el jefe del Gobierno español, el socialista José Luis Rodríguez Zapatero, agnóstico declarado, quien se desplace a la Nunciatura para mantener un encuentro con el Papa.

«La visita del Papa es un error, un pecado de lesa laicidad», criticó el catedrático de Teología Juan José Tamayo, creyente y secretario general de la Asociación de Teólogos y Teólogas Juan XXIII.

El director ejecutivo de la JMJ, Yago de la Cierva, asegura por su parte que es el protocolo el que «obliga» al Papa a tener ciertos encuentros. «Nosotros no lo mezclamos, está dentro del protocolo internacional y es absolutamente normal. Es razonable que cuando viene el Papa -que es entre otras cosas un jefe de Estado- tenga un encuentro con el jefe de Estado, y por eso va a La Zarzuela».

La organización cifra el costo de la JMJ en 50 millones de euros que financian los peregrinos y las donaciones de empresas. Pero las administraciones han puesto a su disposición colegios, polideportivos y otras instalaciones públicas para que duerman los peregrinos, asumiendo ellas los gastos que supone. Y han rebajado mucho el precio del transporte público para los participantes en la JMJ. Es dinero que las arcas públicas dejan de percibir, igual que el que no recaudan por las deducciones fiscales a las empresas donantes. Y en una España en crisis económica, se han levantado las voces.

Hay un «exceso de apoyo político a través de las administraciones públicas», según el teólogo Tamayo, quien sostiene que se trata de una «consecuencia de los restos que aún quedan del nacional catolicismo en un Estado supuestamente aconfesional».

No son sólo ateos y agnósticos los que critican el gasto público de que España albergue por segunda vez una JMJ, tras la de hace 22 años en Santiago de Compostela. También colectivos cristianos de base y asociaciones como la Juan XXIII y el Foro de Curas se adhirieron a la manifestación de la tarde de ayer en el centro de Madrid con el lema «De mis impuestos, al Papa cero».

«Esta visita va a reforzar el componente teatral de un catolicismo de masas, de ocupación y sacralización del espacio público, con el objetivo de atraer a los jóvenes», critica Tamayo.

De la presencia de Ratzinger en Madrid se esperan nuevas críticas al Gobierno de Zapatero, al que la Santa Sede considera responsable de situar a España como «vanguardia del laicismo» por la aprobación de leyes como el matrimonio homosexual, la agilización del divorcio o la despenalización del aborto.

En su anterior viaje a España, en noviembre, Benedicto XVI comparó el «laicismo» actual del país con el anticlericalismo anterior a la Guerra Civil española (1936-1939), un tiempo con persecuciones de religiosos y quema de iglesias. El Gobierno se sorprendió, pero no quiso reaccionar. Eso sí, Zapatero explicó al Papa al despedirse de él que España es un Estado aconfesional. Reconoce el peso de la Iglesia Católica, «pero garantiza la libertad de todos».

Pero aunque Zapatero defiende la aconfesionalidad, no ha cumplido uno de sus compromisos electorales: una ley de libertad religiosa que evite situaciones como los funerales de Estado católicos incluso cuando las víctimas no son creyentes o son de otras confesiones y las tomas de posesión ante el rey, delante de un crucifijo.

Agencia DPA

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