Eterno y viejo rugbier

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Jornada solidaria en Tucumán de los "classics" a total beneficio del Hospital de Niños de esta ciudad

Los que alguna vez jugaron al rugby conocen la sensación. El retiro de la práctica activa les desmorona un pedazo grande de vida. En muchos casos es el paso obligado de la juventud hacia el hombre de familia. Los rugbiers saben que sus actividades particulares y la vida posterior al deporte no es la misma. Un hueco enorme se emerge en la vida diaria y sólo se encuentra su relleno en los recuerdos. Pero también sabido es que el rugbier siempre vuelve a su club. Es por eso que en Tucumán, para paliar esa falta de tardes de rugby y anocheceres de tercer tiempo, los veteranos hacen su encuentro. Esta vez con fines solidarios. Como para que ese espíritu que alguna vez portaron con tanta pasión no se acalle.

El cielo puede esperar... la pasión nos mantiene vivos. Con este lema como bandera, los classics del rugby de Tucumán, el NOA y del país, reivindicaron al rugby y sus valores al protagonizar el séptimo encuentro para mayores de 35 años.

Como cada año, las canchas de Universitario fueron escenario de mucha pasión, juego y amistad. El fin solidario emocionó. Se recaudaron juguetes para los chicos del Hospital de Niños.

Hemos querido darles la bienvenida a nuestros amigos con la expectativa de que vivan una tarde-noche en la que pusimos todo nuestro esfuerzo para que nuestra casa, la casa de ellos también, les de lo mejor y la pasen espectacularmente, expresó Marcelo Rojas, actual presidente de Viejos Jugadores de Universitario (VIJU).

Son viejos amigos que nos dejó este fabuloso deporte al que, siendo sincero, ya no jugamos, sólo nos divertimos con una pelota ovalada y entre amigos, añadió el Chelo.

Y allí fueron los viejitos y los no tanto. Las figuras de miles de batallas y decenas de títulos se fundieron entre los que apenas tuvieron un puñado de partidos en primera. Las viejas glorias compartieron el mismo entusiasmo con los que nunca pasaron de la intermedia. Hasta los árbitros tuvieron su equipo, y alguno se desquitó de alguna vieja deuda con los soplapitos. La alegría, la amistad y la camaradería fueron los sentimientos que impregnaron el predio de Las Serpientes. Todo con un fin benéfico, como para que la fiesta sea completa.

Existen actos solidarios en la vida con altísimo valor, incluso para la vida misma. La frase pertenece a Gustavo Muzzo, un médico cirujano del Hospital del Niño Jesús y jugador classic de Universitario, quien tomó la iniciativa de que los participantes del encuentro llevasen un juguete para donarlos a los niños internados en el hospital.

La idea surgió un jueves, estando de guardia, cuando un niño de 4 o 5 años despertándose de una anestesia después de una cirugía delicada sólo atinó a preguntar dónde estaba un juguete que le habían prometido horas antes. Ahí realmente descubrí el significado de algunas cosas y el valor de alguna de ellas, explicó Muzzo. Un juguete le devolvía la sonrisa a ese niño, le aliviaba su angustia y le quitaba o minimizaba ese dolor.

Entonces nos reunimos con los chicos del club y todos accedieron, con un notable espíritu solidario, que real-mente contagia y emociona, agregó el especialista.

La de los jugadores son virtudes y cualidades que sin dudas fueron desarrolladas por el rugby, un deporte que hoy nos une con la pasión de siempre, finalizó.

Cuánta razón tiene el doctor Muzzo. Sólo bastaba apartarse y ver cómo los abrazos iban y venían, y cómo los canosos manejaban la guinda mientras en el perímetro del campo los demás paseaban con las medias bajas y alguna bebida en mano.

El asado y el rock le pusieron un corolario perfecto para la jornada tucumana. Una jornada de rugby. En donde no importa si se llama Hugo Porta, Michael Fox o un Juan Pérez que nunca debutó en primera porque sus condiciones no le permitían ese lujo. El rugbier sabe que al deporte se lo vive igual.

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