Europa, impotente en drama de Haití

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En el último día de 2009, Thomas Klau, presidente del European Council on Foreign Relations, expresaba su esperanza de que las nuevas autoridades de la Unión Europea (UE) «crecieran en su puesto». Cabe recordar que los nombramientos del democristiano belga Herman Van Rompuy, como primer presidente permanente, y de la laborista británica Catherine Ashton, como nueva ministra de Relaciones Exteriores, decepcionaron por su falta de relevancia política. Klau pronosticaba también que «el gran test» vendría para ellos con «una gran crisis política» y entonces deberían «demostrar si tienen capacidad de liderazgo efectivo». He ahí la última ilusión de quienes apostaban a que la entrada en vigencia del Tratado de Lisboa y la asunción de sus nuevas autoridades implicarían un refuerzo del protagonismo político europeo en la escena internacional.

Pero no hubo milagro. El test llegó el 12 de enero con el terremoto de Haití y fue reprobado. Ni siquiera se trató de una gran crisis internacional, sino de una emergencia humanitaria ante la cual la UE no estuvo a la altura de sus ambiciones. El diario sueco Dagens Nyheter lo sintetizó así: «Después de todos los inflamados discursos acerca del papel de la Unión como un actor global, hasta el momento está resultando embarazoso ver la debilidad y la poca claridad en la reacción».

Ahora bien, mientras la UE exhibía descoordinación y lentitud en sus esfuerzos, algunos de sus referentes criticaban el despliegue estadounidense por excesivamente militarista, aunque sin ofrecer una alternativa para evitar que Haití se hundiese en el caos. Conscientes de la incongruencia de esta actitud, los ministros de Exteriores de los 27 países de la UE anunciaron ahora el envío de una fuerza de gendarmería de 300 efectivos.

Pero en tanto Barack Obama convocaba a los presidentes «Nº 42», Bill Clinton, y «Nº 43», George W. Bush, para coordinar la ayuda a Haití, el flamante presidente de la UE guardaba silencio.

La prueba de Haití fue particularmente dura para Catherine Ashton, quien quedó muy mal parada frente a la visibilidad de su par estadounidense, Hillary Clinton, que viajó inmediatamente al escenario de la catástrofe. Y más graves que sus errores fueron sus excusas, como cuando replicó que no fue a Haití porque no era «ni bombera ni doctora».

«Es la primera vez que la nueva responsable de Exteriores de la UE se hace notar y el resultado no ha sido positivo», dijo en diálogo telefónico desde París con Ámbito Financiero el economista Gilles-Laurent Rayssac, director de la consultora Respublica Conseil. Sin embargo, agrega, «lo más grave es que hoy nadie reacciona ante esta irrelevancia de la UE, cuando hace quince años ésta habría creado un sentimiento de decepción en la gente y se habrían elevado voces para protestar, pero hoy Europa no es más un tema político». ¿A qué o a quiénes atribuir esto? «Existe una responsabilidad de los dirigentes actuales pero también de los anteriores, en particular de Jacques Chirac, que permitieron que Europa continuara ampliándose sin dotarla de medios políticos a la altura de esa ampliación, por lo cual nos encontramos hoy con un espacio en el que lo económico monetario funciona bastante bien, en especial, la zona del euro, pero desde el punto de vista político, Europa no es más un actor; la ampliación, en estas condiciones, ha llevado a una suerte de banalización».

«La última novedad excitante y con impacto en la ciudadanía -dice Rayssac- fue el lanzamiento del euro, pero ese acontecimiento cerró un ciclo, y nadie desde entonces fue capaz de darle a Europa una nueva visión que abriese otro ciclo de conquistas políticas». Para este especialista en políticas públicas, un punto de inflexión fue el «no» de Francia -vía plebiscito- a la Constitución Europea: «Por eso menciono a Chirac, porque ésa fue una señal extremadamente negativa considerando que los franceses estuvimos históricamente a la vanguardia de la construcción de Europa; ese rechazo marcó un antes y un después, repercutió y sigue repercutiendo fuertemente en la dinámica de la Unión».

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