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Europa se desinfla otra vez (lección para la Fed)
"Lowflation", dijo, en su momento, Christine Lagarde, la exministra de finanzas francesa que hoy conduce el FMI. La vigencia de una "baja inflación" no la negará nadie, ni el más germano de los halcones. La primera estimación de inflación minorista de julio para toda la eurozona fue del 0,4% interanual. Cuando en marzo la lectura tocó el 0,5% las autoridades la rotularon como una aberración puntual. No obstante, se repitió en mayo y junio. Y ahora que desciende otra décima habilita un nuevo umbral mínimo. La inflación, amén de baja, es declinante. Un año atrás, el registro de julio había sido cuatro veces superior: el 1,6%. La desinflación manda. Rige desde fines de 2011 y, a diferencia de lo sucedido en EE.UU. y Canadá, no se observa el alivio de ningún rebote. Weidmann dirá que no es grave, que no hay que pasar por alto los efectos no recurrentes. Los precios de la energía y de alimentos han caído y traccionan a la baja. El renglón de servicios acusa un aumento interanual del 1,3%, apenas una décima inferior al de julio de 2013. Pero, los productos industriales sin vinculación directa con la energía, que subían el 0,4% un año atrás, ahora cotizan sin variación. Hay algo más que empuja hacia abajo. "Son los ajustes hechos en España y Grecia", apunta Weidmann. Y como se trata de un reportaje en Le Monde aprovecha para pasar el aviso: "Francia debe dar un buen ejemplo" y hacer las reformas estructurales, y no reclamarle a Berlín acciones que promuevan el crecimiento. Una de las razones, pues, por la que no hay deflación es que Francia presta oídos sordos a la prédica, y más bien atosiga al BCE para que actúe y, al menos, espante la fortaleza del euro.
Alemania, que sería el espejo en el cual mirarse, no es ajena a las vicisitudes. La inflación interanual en julio, horadando los pisos previos, bajó del 1% al 0,8%. Y, lo que es peor, la economía siente a pleno la corrosión que deriva de la desinflación. Ya no existe el tabique de separación que antes la protegía. Se espera una retracción leve -una caída del 0,1%- en el PBI del segundo trimestre. Y la procesión está por venir. Las órdenes de exportación provenientes de la eurozona cayeron el 10% en junio, como no sucedía desde las turbulencias de Lehman Bros. Y ahora aterrizarán las sanciones de Rusia. La confianza tambalea: el índice Zew se desmoronó; la Bolsa, otro tanto; y el bund a 10 años rinde apenas el 1%. Y conste que Alemania es el paraíso. No es Italia que entra a su tercera recesión consecutiva en siete años y ostenta hoy el mismo PBI real que cuando despuntó el siglo. Para los países de la periferia, la desinflación supone la tortura adicional de elevar la carga de la deuda pública sobre espaldas resentidas por una crisis en continuado.
Europa, pues, se desinfla de nuevo. En un sentido literal. ¿Se podrá recuperar el momentum que se desvaneció entre mayo y junio? Será crucial. El BCE descargó munición pesada, desde la tasa negativa hasta el esquema a la inglesa del "funding for lending", pero esta asistencia crediticia recién arrancará el mes que viene. Europa también es una lección para quien quiera aprenderla. ¿Qué apuro tendrá la Fed en Jackson Hole por acelerar sus pasos? Es infinitamente mejor pisar sobre seguro que pretender quemar etapas y fracasar por un exceso de celo. Qué ejemplo más oportuno, en vivo y en directo, para que Janet Yellen le muestre a los suyos y así modere a los impacientes.


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