24 de diciembre 2010 - 00:00

Ex dueños de Quilmes ya tienen el 100% de la bodega Peñaflor

La familia Bemberg, descendientes de los fundadores de la Cervecería Quilmes y quienes se la vendieron a los brasileños de Brahma, concretaron ayer la compra de uno de los nombres más tradicionales del mercado argentino de los vinos: Peñaflor, fundado a mediados del siglo pasado por otra familia emprendedora, en este caso los Pulenta.

El fondo, denominado Terold, agrupa a casi todos los miembros de la familia Bemberg que eran accionistas de Quilmes al momento de su venta, salvo la rama de los Miguens cuya cabeza Carlos (hijo de la directora de cine María Luisa Bemberg y CEO de la cervecera cuando la compraron los brasileños) se abocó al negocio de la generación eléctrica y a la minería.

El vendedor, que hasta ayer conservaba el 50% de las acciones del grupo Peñaflor, es otro fondo: se trata del DLJ Merchand Banking Partners (ex Donaldson Lufkin & Jenrette) que hace algunos años fuera absorbido por el grupo financiero Crédit Suisse. La compra a los Pulenta se produjo en 2002.

Según fuentes de la vendedora, esta operación no implica una retirada de DLJ de la Argentina, sino la «maduración natural de una inversión». La tarea de los fondos como DLJ no es conservar el control de las empresas sino venderlas cuando la inversión haya madurado, agrega el informante. «Vamos a buscar otras oportunidades de negocios en las que aplicar los fondos resultantes de esta operación», agrega.

Con la compra de ayer el fondo Terold tendrá el 100% del capital accionario del Grupo Peñaflor SA; cabe recordar que en abril pasado Terold había ingresado a la sociedad comprando el 50% de sus acciones. En ninguno de los casos se informó el monto de la operación. Sin embargo, trascendió que en total Terold habría pagado una cifra cercana a los u$s 350 millones.

¿Qué es lo que compraron los Bemberg? Básicamente un grupo de bodegas que, en conjunto, es el mayor productor y comercializador de vino de la Argentina. En total el año pasado vendió 27 millones de cajas de 9 litros cada una, y facturó u$s 335 millones. Parte de esas ventas fueron exportaciones a clientes de unos 80 países.

Las principales bodegas del grupo son -entre las más conocidas- Trapiche, Michel Torino y Santa Ana, a través de las cuales tiene viñedos en las provincias de Mendoza, San Juan, Salta y Catamarca. Tiene unas 50 marcas, entre ellas Trapiche, Fond de Cave, Michel Torino, Santa Ana, Frizee, Hereford y Termidor.

El nuevo presidente de Peñafor será Juan de Ganay, miembro de la familia y -curiosamente- uno de los que más peleó en contra de la decisión de vender Quilmes. Reemplazará a Carlos García, que conserva su condición de CEO de DLJ South American Partners.

La decisión de los descendientes del mítico Otto Bemberg de comprar Peñaflor fue tomada durante una asamblea del grupo familiar realizada en París en julio de 2008. Según trascendió, la bodega cumplía con dos prerrequisitos que se había fijado la familia para invertir parte del producido por la venta de la cervecera: que fuera un proyecto a largo plazo y que la empresa a adquirir fuera líder en su rubro, con capacidad de ofrecer sus productos en mercados externos. Este último punto es claramente una admisión de algo que nunca lograron con Quilmes, que por las características propias del mercado cervecero estaba confinada a las fronteras argentinas.

Por eso, la mirada recayó en el sector vitivinícola (la Argentina es el quinto productor de uva del mundo) y en particular en Peñaflor (por volumen se ubica en el «top ten» de los productores de vino a nivel global).

Según trascendió, desde el primer momento los Bemberg apuntaron a tener el control de la compañía, pero al principio compraron sólo la mitad para mirar desde adentro las posibilidades a largo plazo de la empresa. Y si bien tenían un «call» (opción de compra irrevocable) por el otro 50%, lo ejercieron mucho antes de la fecha de vencimiento.

Por ahora, según se sabe, y pese a las esperanzas de los compradores, la mayor parte de los ingresos de Peñaflor provienen del mercado interno; la inflación y los altos costos internos la alejó bastante de poder competir en el exterior.

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