El cuerpo es el nudo central de su obra. Su propio cuerpo-autorretrato presente también en citas a artistas paradigmáticos la revelan en sus fotografías intervenidas, técnicas mixtas, lápiz sobre papel, como una gran conocedora de la anatomía a la que trata con sutileza.
Los cuerpos de Stella Sidi no se quedan en esa imagen en la que se asocian belleza, fragilidad y juventud. En algunas obras los cuerpos no están completos, son imágenes fragmentadas envueltas en gasas transparentes, en tramas que los recorren y son percibidos a través de urdimbres, nudos, collages que se mimetizan con la piel .
Esto no es todo. De pronto el cuerpo se convierte en un paisaje venoso y arterial. Arterias y venas que buscan escaparse del hábitat que las contiene mostrando el fluido interior que les da vida.
Sidi apela a costuras, agujas, tramas casi invisibles, metáfora de la condición femenina a través de los tiempos, las telas aparecen como una prolongación de su carnadura, en algunos casos recubren un cuerpo robot, acerado, otra imagen que la tecnología intenta imponer.
Pero los cuerpos no están invadidos ni son el blanco de los medios que los han vulgarizado implacablemente. Sidi los plasma en el soporte, no importa cuál, de manera emocional, son imágenes de un cuerpo humano, único, irrepetible.
Centro Cultural Recoleta Clausura el 7 de agosto.
La muestra tiene la virtud de lo ambiguo y de plantearse ciertos interrogantes cuando uno se enfrenta a sus imágenes. ¿Es pintura, fotografía, pintura digital? ¿Cómo logra la fusión de diversas técnicas, entre ellas, pasteles, tintas, acrílicos? Nada de esto importa ya, no se discute más el cómo sino lo que es. Y Jaroslavsky nos introduce en su visión de estos puentes, ya sea en Venecia, París, Zárate-Brazo Largo, Nueva York, el Riachuelo, Londres.
A veces, una visión desenfocada, otras, esquemática, no esquiva lo siniestro ni lo romántico, lo hace a través de la modulación del color, sucesión de manchas pequeñas o muy extendidas. Se reconocen, caminamos imaginariamente por ellos, provocan nostalgia, simbolizan «el traspaso de un estado a otro, el cambio o el anhelo de cambio». En el texto del catálogo, Lucas Fragasso señala de manera tanto filosófica como poética: «el puente no junta simplemente dos orillas sino que es él el que hace ser orilla a las orillas y el que instala el paisaje como extensión de las mismas». Para pensar.
Se dice que con la fotografía y el cine nace la estética de la desaparición, Jaroslavsky conoce bien lo de la fugacidad de los objetos, pero el artista tradicional que hay en él la transforma en la estética de la aparición. El puente existe en la obra de arte desde hace cientos de años, Da Vinci, Monet, Derain, Van Gogh y, entre otras interpretaciones simbólicas, una manera de acercarnos los unos a los otros.
Clausura el 7 de agosto.


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