5 de septiembre 2011 - 00:00

Exhiben tesoros de la colección Neumann

«Enigma», de Miguel Dávila, una de las obras tempranas de artistas que integran la muestra «Figuraciones, Abstracciones, Informalismos y Neofiguraciones».
«Enigma», de Miguel Dávila, una de las obras tempranas de artistas que integran la muestra «Figuraciones, Abstracciones, Informalismos y Neofiguraciones».
Mauricio Neumann es un destacado médico psiquiatra, escritor, autor de libros sobre artistas argentinos, miembro de la Asociación Argentina de Críticos de Arte, que empezó su colección de arte argentino casi en la adolescencia. A lo largo de sus 87 años, apostó, arriesgó, compró, sin fines de lucro, obras de artistas consagrados y de los que hoy son nombres emblemáticos y lo hizo en momentos de gran ruptura de los lenguajes establecidos. Muchos curadores recurren a su acervo para muestras que ponen en valor determinados períodos y corrientes artísticas que recorren nuestra historia del arte.

«Figuraciones, Abstracciones, Informalismos, y Neofiguraciones», que se exhibe en el Pabellón de las Bellas Artes de la UCA (Alicia Moreau de Justo 1300), bajo la curaduría de Cecilia Cavanagh, está integrada por setenta y seis obras de la Colección Neumann que cubren tres décadas. Y debe recorrérsela con gran detenimiento ya que depara grandes sorpresas aun para aquellos que hemos sido testigos de los cambios ya mencionados.

Aunque ahora se evita hacer definiciones sobre las corrientes artísticas, los ismos ya casi no se consideran, y lo llamado «contemporáneo» es una hibridación de los lenguajes, es válida la diferenciación porque los artistas trasgredieron todas las normas existentes en esos momentos y se enrolaron en las corrientes de vanguardia gestadas tanto en Europa como en Estados Unidos.

No haremos aquí historia de estos movimientos pero sí cabe destacar algunos como Mario Pucciarelli, Víctor Chab, Kenneth Kemble, Martha Pelufo, Alberto Greco, que irrumpieron, algunos en los 50 y otros en los 60, y que, a través del gesto y la materia, se opusieron a la rigidez de los abstractos de los 40.

Aquí aparecen un Cogorno muy matérico, un inesperado Gorriarena, y un Venier, este último con tres paisajes que lo separan de una obra que más adelante se volvería más convencional.

De los famosos Macció, Noé, Deira, de la Vega, un cuarteto que hizo época con la llamada «Otra Figuración», no hay obra de la etapa inicial, sólo «La Vidente» (1960) y una de 1980 de Deira. Extraordinarios los Noé de 1980, siete obras de De la Vega, artista de culto, muy influenciadas por el Pop Art realizadas en la última etapa de su vida.

En cuanto a los Macció, son aquellos que ahora extrañamos, lo decimos sin temor, quizás se enoje o quizás no le importe, ese Macció contundente que nos hacía vibrar por su vitalidad que, según sus palabras, «estaba contra todo esteticismo», cada cuadro, una verdadera revolución. Destacamos los Dávila de mediados de los 60, un quiebre entre la figuración y la abstracción, las figuras fragmentadas, anunciadoras de una época siniestra. Muy importante la inclusión de Lea Lublin (1929-1999), obra muy poco exhibida, de carácter dramático y que valdría la pena rescatar.

Siete obras de Antonio Seguí que revelan su paso por el informalismo, y el despliegue a través de la gráfica de sus famosos hombrecitos que se pierden en las metrópolis. Muy extraña la obra abstracta de Ducmelic que posteriormente se caracterizaría por sus figuras hieráticas y atemporales.

Cuatro obras de Chab de los 60, muy buscadas actualmente por los coleccionistas, un período onírico, «un momento en el que sus obras exhalan un hálito sobrenatural», como lo señaló el crítico Guillermo Whitelow.

No podemos dejar de mencionar el dibujo de Emilio Renart, un verdadero creador que reflexionó sobre el entorno biológico , psicológico y espacial del arte, un pionero en el uso de materiales de desecho, resinas, fibras, sistemas lumínicos. Hay siete obras de Alberto Greco, óleos y técnicas sobre tela y madera, enroladas en el informalismo, figura mítica si la hay por su «Vivo- Dito», sus acciones callejeras y del que se dice que su última obra fue su suicidio..

Entre las obras imperdibles está la muy conmovedora «Estoy muerto» (1999) de Clorindo Testa o sus «escrituras» anteriores; la muy significativa de 1978 de Alejandro Puente, artista clave de una geometría con raíces americanas; un refinado «pochoir» de Julio Le Parc; otras geometrías, cinetismos y juegos ópticos de Carlos Silva, Manuel Espinosa, Josefina Robirosa.

Una importante exposición de obras tempranas, en su mayoría de riesgo, de aquellas por las que se empezaron a revelar algunos artistas a los que se calificaban de trasgresores.

Algunos días previos a este recorrido por el pabellón de la UCA, habíamos visitado la muestra internacional de Proa que cubre el período 1965-75 en la que participan artistas argentinos que también están en la muestra que nos ocupa y se enfatiza lo que se da en llamar sistemas, acciones y procesos, con énfasis en lo conceptual además de la irrupción de los nuevos medios. Desde distintas ópticas ambas muestras son necesarias para comprender la explosión creativa de esos años.

Clausura el 4 de septiembre.

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