Lo que resulta claro con el 0,69 por ciento que perdió ayer el Dow (cerró en 12.878,13 puntos) es que la baja del lunes (-0,33%) no fue una reacción al 3,3 por ciento que ganó la semana pasada. Con los legisladores en Washington tras el largo descanso por el Día de Acción de Gracias, recién ahora se puede argumentar que los vaivenes en torno al acuerdo que evite el «precipicio fiscal» están afectando al mercado financiero. No fue una auténtica sorpresa ni algo demasiado grave, pero las palabras, poco después de las dos de la tarde, del presidente del Senado (un demócrata), referidas a que se ha «avanzado muy poco» con el acuerdo, coincidieron con la profundización de la baja de las blue chip. Lo interesante del caso es que el Dow ya transitaba entonces por terreno perdedor, a pesar de que la troika decidió rebajar la deuda griega en más de u$s 51.000 millones, permitiendo aumentar un 4% la relación deuda/PBI hacia el año 2020 (las principales acciones europeas subieron en promedio un 0,32%). En el mismo sentido (supuestamente alcista) estuvieron los anuncios de que la confianza de los consumidores trepó en EE.UU. al máximo de los últimos cuatro años y medio, el dato de que los precios de las viviendas llevan seis meses consecutivos de suba y el incremento de las órdenes de bienes durables, lo que deja abierta la explicación a la falta de entusiasmo que evidenciaron los inversores durante la primera parte de la rueda. Posiblemente, la cuestión del «precipicio fiscal» precipitó ayer la baja del mercado, pero no la explica de manera acabada.
De hecho, podríamos argumentar, sobre la base de los bajos valores del índice VIX, que los inversores no dudan que se llegue a un acuerdo, lo que nos complica aún más encontrar una explicación a esta falta de entusiasmo.
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