Hace 40 años, el 18 de julio de 1976, en los Juegos Olímpicos de Montreal, una chica de 14 años se convertía en ícono mundial, con un salto acrobático se apropiaba de las tapas de diarios y revistas del mundo. La gimnasta rumana Nadia Comaneci baila, salta sobre una barra, hasta ahí tiene un 9, pero cuando se lanza a las barras asimétricas (se lo puede ver hoy por YouTube) el marcador electrónico no sabe qué poner, lo que ha hecho esa chica supera las posibilidades humanas, una ovación corrobora el 10. Lola Lafon construye una novela implacable a partir de ese momento epifánico. Finge una entrevista con Nadia Comaneci que nunca existió, es "una ficción soñada, una manera de devolver la voz a esa película muda que fue la trayectoria de Nadia". Muestra la estupefacción que provocó su logro. La utilización de la pequeña ídola como bandera de "la perfección socialista", la instrumentación de su figura por el régimen de Nicolás Ceaucescu. Las diferencias de su uso en el mundo de la Guerra Fría, el del Muro recién construido. En Occidente Nadia es la Lolita superstar, la chica que empuja la onda de la paidofilia comercial que convierte a niñitas en modelos. Gusta esa chica de maillot blanco, distante y reconcentrada, de movimientos seductoramente deslumbrantes. Todo finalizará a los 18 años. Ganará algunas medallas de oro más, pero ya no es la del poster. Lola Lafon va de 1969, cuando a los 8 años es elegida por un entrenador en una escuela de provincia, a 1990 cuando se va a vivir a Estados Unidos y se vuelve empresaria y filántropa, que aún busca la libertad soñada. Una extraordinaria novela, cosechadora de premios, va más allá de ser una biografía para interrogar el sentido de la vida, algo que lograran Echenoz con "Correr" y Joyce Carol Oates con "Del boxeo".
M.S.
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