Núñez condensa el estado de ánimo de todo Independiente, apesadumbrado por las dos derrotas consecutivas que lo dejaron en jaque en el campeonato.
Lejos de aquellos tiempos en los que la fortuna estaba de su lado, por lo menos desde una óptica resultadista, a Independiente se le trastocó el panorama desde hace un par de fechas. Luego de la derrota ante Gimnasia, en La Plata, los dirigidos por Américo Gallego volvieron a caer, esta vez en su estadio, ante San Lorenzo, y empezó a sentir que el campeonato se le escurre como agua entre los dedos. Ya no depende de sí mismo para salir campeón y en caso de que Godoy Cruz o Argentinos Juniors triunfen en sus compromisos de hoy, le arrebatarán la punta del torneo. ¿Por qué esa solidez que detentaba fechas atrás parece haberse diluido en dos partidos? La respuesta no es sencilla. Hay varios motivos para explicar este pequeño bajón futbolístico. En primer lugar, la ausencia de Leonel Galeano, una pieza clave en el andamiaje de la última línea del Rojo. El juvenil se entendía a la perfección con Eduardo Tuzzio y con Adrián Gabbarini y conformaban un triángulo efectivo en la tarea de defender. Ni Sergio Vittor ni Julián Velázquez lograron disimular la ausencia de Galeano. Otra razón es la falta de puntería que afecta tanto a Darío Gandín como a Andrés Silvera, sumado al escaso aporte de Ignacio Piatti en la ofensiva. A Independiente le cuesta emparejar el desarrollo del partido cuando el marcador le es adverso. Quedan cinco fechas y sobran candidatos. Las derrotas del conjunto de Avellaneda le agregaron más emoción al campeonato. Un Clausura que quedó al rojo vivo.
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