5 de noviembre 2014 - 00:00

Ferri: “Me atrajo hacer un personaje de mi edad”

Alessandra Ferri, retirada de la danza en 2007, vuelve en una obra inspirada en textos de Colette, junto con Hernán Cornejo, Norma Aleandro y la pianista Polly Ferman.
Alessandra Ferri, retirada de la danza en 2007, vuelve en una obra inspirada en textos de Colette, junto con Hernán Cornejo, Norma Aleandro y la pianista Polly Ferman.
Ella es un ícono de la danza de su generación; él, uno de los bailarines actualmente mejor considerados en el mundo. Ella, la italiana Alessandra Ferri, en su regreso a la danza tras su retiro en 2007; él, el argentino Herman Cornejo, primer bailarín del American Ballet Theatre. Ambos coinciden ahora en Buenos Aires para un acontecimiento coreográfico y teatral: "Chéri", creada y dirigida por Martha Clarke sobre dos novelas de Colette.

La producción, que podrá verse en el Maipo desde esta noche y a lo largo de 11 funciones, contará con la participación de Norma Aleandro y la pianista Polly Ferman, quien interpretará en vivo las páginas de Ravel, Poulenc, Wagner, Mompou y Feldman que sirven de base musical a la obra.

La pieza narra el amor del joven Chéri con Léa, una íntima amiga de su madre. La relación, que se prolonga durante años, es interrumpida primero por el matrimonio de él y luego por la guerra, y pese a un rencuentro, el tiempo y las circunstancias vividas se ocuparán de demostrar que ya nada es igual.

Dialogamos con Ferri:

Periodista: ¿Qué le atrajo de este proyecto?

Alessandra Ferri:
Tenía ganas de trabajar con Martha, es una directora interesante, más directora de teatro que coreógrafa. Me interesaba empezar a trabajar la danza en otro aspecto. Cuando ella me propuso trabajar juntas pensé que era el proyecto perfecto, con este papel, Léa. Yo conocía bien la novela; el papel es muy interesante, y acepté. Lo que más me atrae es poder hacer un personaje de mi edad. Casi todos los personajes de los ballets son muchachas muy jóvenes, inexpertas, que cuentan una historia de amor en juventud. Para mí poder interpretar a una mujer de mi edad con sus emociones, su experiencia de vida, es maravilloso. Léa es compleja, llena de una gran fuerza que le da esta experiencia, pero también de una gran fragilidad respecto de la vida que avanza y lo que implica tener cincuenta años. La novela es muy erótica, llena de matices, de colores. Léa tiene la complejidad de una mujer de cincuenta, no de una muchacha de dieciocho o veinte, que ve la vida blanca o negra.

P.: ¿Cómo es un vínculo, dentro y fuera del escenario, con Herman?

A.F.
: Trabajamos casi un año sobre esta obra, y Martha tiene un modo muy especial de trabajar, muy íntimo, así que quiso que exploráramos las emociones. Creo que artísticamente es algo importante, los sentimientos son nuestros.

P.: ¿De qué manera transcurrió el tiempo entre su retiro de la danza y el retorno, el año pasado?

A.F.:
Fue un período lleno de altibajos, de momentos muy hermosos y también dolorosos. En cierto punto me di cuenta de que dejar la danza me había hecho perder una identidad, porque para mí la danza no es un trabajo, es lo que soy. Era como si hubiera apagado una luz. Por supuesto los dos primeros años fueron hermosos, porque nunca antes había tenido tiempo de hacer cosas que quería hacer, pero luego me di cuenta de que eso era superficial, y que en lo profundo no estaba viva. Luego vino una separación dolorosa del padre de mis hijas, con quien hacía 15 años que estábamos juntos. Y entonces una vez más la danza me salvó la vida.

P.: En este momento de su vida, ¿siente la danza y el teatro de un modo diferente?

A.F.:
Sí, mucho. Es como si hubiera vuelto al origen de mis comienzos en el baile, pero con la sabiduría. Fui muy afortunada, tuve una carrera muy rica, única, pero en cierto punto se vuelve una carrera. Ahora volví a bailar por eso que era para mí de chica.

P.: El año pasado usted debutó como coreógrafa. ¿Esa experiencia cambió en algún punto su modo de bailar o de concebir la interpretación?

A.F.:
No. Era también una exigencia, que contaba el fin de un matrimonio, que trabajé con un escritor norteamericano que hizo el guión. La razón por la que hice esa coreografía fue que era una historia nacida de mí, y era difícil darlo a otro, yo tenía la imagen de lo que quería. Cuando empecé a trabajar, aún no lo sabía, pero luego de un año mi matrimonio había terminado, de manera que yo estaba coreografiando la realidad. Por eso era imposible que otro lo hiciera.

P.: ¿Qué consejo daría a los jóvenes bailarines?

A.F.:
Permanecer fieles a la fuente de lo que nos ha hecho querer bailar. Frecuentemente ahí se encuentra la verdad.

Entrevista de Margarita Pollini

Dejá tu comentario