4 de agosto 2010 - 00:00

Festín romántico con Nelson Goerner

Nelson Goerner, pianista argentino de carrera internacional, realizó un recital de obras románticas en la temporada del Mozarteum en el Colón.
Nelson Goerner, pianista argentino de carrera internacional, realizó un recital de obras románticas en la temporada del Mozarteum en el Colón.
Nelson Goerner, piano. (Mozarteum Argentino, quinta función, primer ciclo de abono). Obras de Chopin y Schumann (Teatro Colón, 2 de agosto). 

Ya nuevamente en el Teatro Colón, el Mozarteum Argentino brindó un nuevo plato de su jugoso menú de este año: un recital del pianista argentino (de carrera internacional) Nelson Goerner, con un programa dedicado a homenajear a Frédéric Chopin y Robert Schumann en el bicentenario de sus nacimientos. Con la misma inteligencia que caracteriza su interpretación, Goerner eligió entre el vasto repertorio del autor polaco cuatro obras que se articulan muy bien entre sí para la primera parte: dos piezas armónicamente complejas y de carácter contrastante (la vigorosa «Polonesa en Fa sostenido mayor» opus 44 y el «Nocturno» opus 15, en la misma tonalidad pero en modo menor) seguidas por la «Berceuse» opus 57, que por el contrario, y al modo de una «chacona», desarrolla variaciones sobre una armonía reiterada.

Luego, la «Sonata n° 2 en Si bemol menor» opus 35, todo un compendio en sí misma del estilo del compositor y sus distintos aspectos. Igual que Bach y Mozart, que dejan al cantante expuesto en virtudes y defectos, Chopin (cuya música, según Schumann, es reflejo de su propio estilo como virtuoso) exige que el pianista ponga todas sus cartas sobre la mesa. Y Goerner lo tiene todo, técnica y musicalmente hablando: energía dosificada en la medida justa, velocidad, cantabilidad, precisión.

Su ejecución denota una capacidad extraordinaria para ver el conjunto sin perder los detalles; su pequeña figura no se dispersa en gestos sobreactuados, pero hay algo de teatral en esa lectura suya que puede ser absolutamente personal sin resignar fidelidad al texto. Aunque él mismo desaconsejaba su ejecución en público, como consta en una carta escrita a su futura esposa Clara Wieck, los «Estudios Sinfónicos» opus 13 de Schumann fueron un excelente complemento.

La serie de piezas tituladas originalmente «Estudios de carácter orquestal, por Florestan y Eusebius», dos heterónimos con el que el compositor firmaba algunas creaciones, permitieron a Goerner profundizar en otro de sus méritos: la variedad de colores y sutilezas del sonido que pueden evocar los diferentes timbres de un conjunto instrumental. Como bises el aclamado pianista brindó uno de los «Preludios» de Rachmaninov y otro «tour de force» chopiniano: el «Estudio opus 10 n° 4».

El Colón dio un marco grandioso a un encuentro íntimo entre dos autores geniales, un intérprete exquisito y un público ávido, aunque vale mencionarlo, durante todo el concierto una corriente de aire proveniente del escenario infló persistentemente el telón. Los positivistas lo habrán atribuido a una modernización tecnológica que aún está ajustando detalles; los místicos dirán que era la música misma la que agitaba el terciopelo como una brisa envolvente y arrulladora.

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