26 de mayo 2009 - 00:00

Filarmónica, bien dirigida y con solista excepcional

En su tercer concierto del año, la Filarmónica brilló con la conducción de Arturo Diemecke, y el oboísta español Lucas Macías Navarro tuvo una actuación descollante como solista en una obra de Martinú.
En su tercer concierto del año, la Filarmónica brilló con la conducción de Arturo Diemecke, y el oboísta español Lucas Macías Navarro tuvo una actuación descollante como solista en una obra de Martinú.
Orquesta Filarmónica de Buenos Aires. Dir.: E. Diemecke. Sol.: L. Macías Navarro. Obras de Smetana, Martinú y Dvorák. (Teatro Coliseo).

La Orquesta Filarmónica de Buenos Aires continúa en buena forma. En el tercer concierto del ciclo de abono fue dirigida por su director musical, el maestro mexicano Arturo Enrique Diemecke, que vuelve a desempeñarse como titular del organismo luego de la brillante temporada el año anterior, sobre todo si se tienen en cuenta las condiciones desfavorables en que se mueve la agrupación dependiente del Teatro Colón.

Diemecke es un director de gran eficacia para la orquesta, por su temperamento, musicalidad y conocimiento profundo del repertorio.

En este concierto, Diemecke comenzó el recorrido con la fogosa obertura de la ópera «La novia vendida», de Smetana, que fue interpretada con una vehemencia que no extraña en el estilo desenvuelto y festivo del director. Combatiendo de alguna manera la anquilosada programación de los conciertos locales se interpretó el poco habitual Concierto para oboe y pequeña orquesta de Bohuslav Martinú (1890-1959). Es una bella obra en tres movimientos, de un moderado modernismo, donde el instrumento solista tiene una participación descollante. Para ello se invitó al extraordinario oboísta español Lucas Macías Navarro, quien ofreció una interpretación impecable. Los movimientos rápidos contaron con su excelencia técnica mientras que con lirismo y emoción fraseó el reflexivo «Poco andante» central.

Después del intervalo, la orquesta y Diemecke cumplieron un gran trabajo con una magnífica ejecución de la Sinfonía N° 9 en Mi menor, Op. 95, «Del Nuevo Mundo», de Antonin Dvorák, en sus cuatro contrastados movimientos donde se lucieron los instrumentos solistas de la Filarmónica.

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