3 de enero 2011 - 00:00

Fin al artificio de la lágrima

Dilma Rousseff mantuvo ayer siete reuniones bilaterales, una de ellas con su par uruguayo, José Mujica, ex guerrillero como ella. «Amen a Dilma como me amaron a mí», dijo el sábado, evangelista, Luiz Inácio Lula da Silva en una fiesta convocada por sus seguidores en Sao Bernardo do Campo, la ciudad de su hogar (arriba).
Dilma Rousseff mantuvo ayer siete reuniones bilaterales, una de ellas con su par uruguayo, José Mujica, ex guerrillero como ella. «Amen a Dilma como me amaron a mí», dijo el sábado, evangelista, Luiz Inácio Lula da Silva en una fiesta convocada por sus seguidores en Sao Bernardo do Campo, la ciudad de su hogar (arriba).
Brasilia - El discurso inaugural pronunciado el sábado por la presidenta de Brasil, Dilma Rousseff, impuso un nuevo estilo, menos emotivo que los que solía dar el ex mandatario Luiz Inácio Lula da Silva, y conciliatorio con la oposición, coincidieron ayer diversos analistas.

En el primer discurso pronunciado después de la investidura formal, en el Congreso, Rousseff delineó los ejes centrales de lo que será su Gobierno, usando un tono casi académico que estuvo ausente en los ocho años de gestión de Lula, quien hacía discursos fuertemente emotivos.

Rousseff no se alejó un milímetro del discurso preparado, al contrario de Lula, que en la investidura de su segundo Gobierno, en enero de 2007, improvisó un emocionado mensaje a la sociedad sin preocuparse con formalismos ni protocolos.

«Fue un tono diferente. Fue también un discurso complejo, donde pretendió establecer puentes de diálogo con la oposición, envió mensajes inequívocos al propio Congreso y disipó dudas que podían existir en el mercado» sobre su gestión económica, dijo el politólogo Carlos Melo, del instituto de investigaciones Insper.

Para el analista, «hay una agenda de reformas a ser cumplida, como la reforma fiscal o la reforma política. Y Dilma les dijo a los legisladores que es necesario que ellos participen en eso. En este sentido, dejó claro que su Gobierno será la continuidad del de Lula, pero con una agenda de reformas».

Para el analista político Ricardo Caldas, profesor de la Universidad de Brasilia, el discurso de Rousseff ante el Congreso «fue positivo, mostró que ella llega desarmada, que no quiere empezar a pelearse con la oposición». En contraste con los discursos con que Lula acostumbró al país, con metáforas inspiradas en la vida real, bromas y diálogo directo con la población, Caldas recordó que Rousseff utilizó un lenguaje literalmente académico, con sentido claro, pero sin figuras retóricas.

«Dilma habló con un portugués claro, sin recurrir a los artificios a los que el ex presidente Lula utilizaba», indicó el profesor David Fleischer, de la Universidad de Brasilia, al diario Correio Braziliense.

Para el diario, el tono general utilizado por Rousseff establece el fin de un período signado por la emoción (la marca registrada de los discursos de Lula) y abre otro dominado por la razón.

Rousseff pronunció un segundo discurso el sábado, ante una multitud después de recibir la banda presidencial, y allí fue más explícita en su mensaje a la oposición, al indicar que llega con «manos extendidas» a los apoyaron su candidatura y a los que la combatieron.

«Creo que es simbólico que haya escogido ese discurso, ante el pueblo, para hablar de la mano extendida. Pero lamentablemente la oposición a quien ofreció la mano está totalmente resquebrajada», opinó Melo.

Agencia AFP

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