26 de octubre 2012 - 00:00

Fin del ‘‘colonialismo’’ en Sudamérica

Todos los países sudamericanos declararon su independencia entre 1810 y 1830 (de España y Portugal).

Desde la «Doctrina Monroe» -1823- empieza a aparecer la influencia norteamericana, que se consolida, en lo institucional, con el modelo constitucional presidencialista y liberal; en lo económico, como alternativa todavía incipiente al imperialismo hegemónico inglés.

Ya en la primera mitad del siglo XX, las dos guerras mundiales y el avance del nacionalismo de derecha y las corrientes socialista y comunista, integran nuestra región a los grandes debates occidentales y a su resultado evidente a partir de 1945: el predominio de los EE.UU. en todo el continente.

El acceso al poder de Fidel Castro en Cuba -1959- nos zambulle en la Guerra Fría como uno de los escenarios militares y políticos del enfrentamiento entre los EE.UU. y la URSS junto con África, Medio Oriente y el Sudeste Asiático.

Es así como, entre 1960 y 1990, nuestro subcontinente participó activamente de los conflictos interimperiales asociándose a los procesos tercermundistas con epicentro en Cuba, China, Argelia, Egipto, Angola, India o Vietnam.

La caída del Imperio Soviético en 1991 y la consolidación de la transición democrática en la región hicieron que una fuerte corriente ligada al «fin de la historia» se tradujera en el «Consenso de Washington» como expresión de una ingenua y optimista visión sobre la desregulación de los mercados en forma casi absoluta.

En los últimos 20 años fue madurando desde Colombia hasta Chile pasando por Brasil, Perú y Uruguay un «nuevo consenso» que incluye a partidos de centroderecha y centroizquierda que recurren a un ponderado equilibrio entre el rol del Estado y la iniciativa privada, y que hoy se encuentran sometidos a las legítimas presiones de mayorías electorales que exigen una aceleración de los procesos de redistribución de riqueza.

Por el otro, todavía subsisten las tradicionales versiones del «populismo democrático» que exalta objetivos clientelistas de corto plazo para apuntalar su esquema autoritario y obsoleto.

Lo que queda muy claro en la actualidad es que no existe Gobierno alguno en la región que sea presionable o manipulable desde el exterior por potencia alguna. El margen de acción de Hugo Chávez, Rafael Correa, Evo Morales y Cristina de Kirchner o el de Dilma Rousseff, Juan Manuel Santos, Ollanta Humala, Sebastián Piñera o José Mujica, está sólo condicionado por el apoyo popular que los sostiene. Y esto es muy buena noticia. Ningún país de la región hoy está sometido a «programas de ajuste» impuestos por el FMI, cinco de nosotros tienen «investment grade» (riesgo político cercano a 0), están creciendo las inversiones extranjeras en los países confiables en cifras récord año tras año, y los índices de pobreza, desocupación y analfabetismo están descendiendo en forma sostenida.

Ya no pueden utilizarse los argumentos «antiimperiales» ni los esquemas de «liberación o dependencia» ni ninguna otra invocación a un nacionalismo xenófobo que fue válido en el pasado, pero que hoy sólo sirve para justificar lo injustificable.

Dejá tu comentario