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Flamenco y tango, pareja mal avenida
Diego El Cigala, gran intérprete de flamenco, que insiste con un tango con base de bolero jazzeada, con adornos y estilo vocal aflamencado, sin seguir las melodías ni las letras.
Lo dijo esta sección hace un par de años cuando el concierto, en la misma sala, que terminó en la grabación en vivo de «Cigala & Tango». Y se reitera ahora, aún cuando ese álbum fue considerado como de los mejores en el género por los premios Grammy y cuando las ventas lo han favorecido en varios lugares de Hispanoamérica y Estados Unidos, incluido nuestro país.
Diego El Cigala es un cantaor flamenco al que no vamos a valorar aquí como tal porque no es lo que está mostrando por estos días en su gira argentina. Pero puesto a cantante de tangos, está muy lejos de entender el espíritu y el sentido de las melodías y los textos que hicieron internacionalmente valiosa la canción rioplatense. Pese a que su espectáculo se llama «Sintiendo América» y que hay algunas piezas de otras partes del continente, la mayor parte se la llevan el tango y sus muy cercanos alrededores, y parece que es por ahí por donde Diego Ramón Jiménez Salazar, este madrileño de 44 años, elige seguir mostrándose.
El Cigala hace, con base de bolero jazzeada, con adornos y estilo vocal aflamencado, temas que en sus versiones primeras fueron tangos. El ritmo y el pulso típicos fueron decididamente abandonados, pero es mucho más atrevido que se haya despreocupado por no seguir fielmente las melodías ni las letras originales, frente a obras y autores que están entre lo más alto del repertorio popular del siglo XX. El embate del cantante puede ser aceptable -quizá porque él entiende y se cree mejor lo que canta- en «Garganta con arena» o en el bolero de los hermanos Expósito «Vete de mí». Es mucho más duro, en cambio, escucharlo y, sobre todo, verlo con su sonrisa eterna frente a textos desgarrados como los de «Nieblas del Riachuelo», «Nostalgias» o «Las cuarenta».
Adriana Varela (en la función del sábado) puso su dosis de híperpresencia compartiendo con el español «Naranjo en flor», «Los mareados» y «Garganta» en la repetición del bis. Y el recital se completó con una mezcla de canciones como «Dos gardenias», «Alfonsina y el mar», una milonga armada sobre algunos versos del «Martín Fierro», «La bien pagá», «Corazón loco», «Inolvidable» y, claro, aquel «Lágrimas negras» que fuera brillante en su versión junto a Bebo Valdés.
Un párrafo aparte merece el trío instrumental de base, al que a ratos se sumó quien es el guitarrista de Andrés Calamaro, Diego García. Y la mención es sobre todo para el contrabajista Yelsy Heredia y para el excelente pianista Jaime Calabuch.


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