24 de septiembre 2012 - 00:00

Flamenco y tango, pareja mal avenida

Diego El Cigala, gran intérprete de flamenco, que insiste con un tango con base de bolero jazzeada, con adornos y estilo vocal aflamencado, sin seguir las melodías ni las letras.
Diego El Cigala, gran intérprete de flamenco, que insiste con un tango con base de bolero jazzeada, con adornos y estilo vocal aflamencado, sin seguir las melodías ni las letras.
«Sintiendo América». Actuación de Diego El Cigala (voz). Con Jaime «Jumitus» Calabuch (piano), Yelsy Heredia (contrabajo), Isidro Suárez (percusión) y Diego García (guitarra). Artista invitada: Adriana Varela (voz). (Teatro Gran Rex; 22 y 23 de setiembre).



Lo dijo esta sección hace un par de años cuando el concierto, en la misma sala, que terminó en la grabación en vivo de «Cigala & Tango». Y se reitera ahora, aún cuando ese álbum fue considerado como de los mejores en el género por los premios Grammy y cuando las ventas lo han favorecido en varios lugares de Hispanoamérica y Estados Unidos, incluido nuestro país.

Diego El Cigala es un cantaor flamenco al que no vamos a valorar aquí como tal porque no es lo que está mostrando por estos días en su gira argentina. Pero puesto a cantante de tangos, está muy lejos de entender el espíritu y el sentido de las melodías y los textos que hicieron internacionalmente valiosa la canción rioplatense. Pese a que su espectáculo se llama «Sintiendo América» y que hay algunas piezas de otras partes del continente, la mayor parte se la llevan el tango y sus muy cercanos alrededores, y parece que es por ahí por donde Diego Ramón Jiménez Salazar, este madrileño de 44 años, elige seguir mostrándose.

El Cigala hace, con base de bolero jazzeada, con adornos y estilo vocal aflamencado, temas que en sus versiones primeras fueron tangos. El ritmo y el pulso típicos fueron decididamente abandonados, pero es mucho más atrevido que se haya despreocupado por no seguir fielmente las melodías ni las letras originales, frente a obras y autores que están entre lo más alto del repertorio popular del siglo XX. El embate del cantante puede ser aceptable -quizá porque él entiende y se cree mejor lo que canta- en «Garganta con arena» o en el bolero de los hermanos Expósito «Vete de mí». Es mucho más duro, en cambio, escucharlo y, sobre todo, verlo con su sonrisa eterna frente a textos desgarrados como los de «Nieblas del Riachuelo», «Nostalgias» o «Las cuarenta».

Adriana Varela (en la función del sábado) puso su dosis de híperpresencia compartiendo con el español «Naranjo en flor», «Los mareados» y «Garganta» en la repetición del bis. Y el recital se completó con una mezcla de canciones como «Dos gardenias», «Alfonsina y el mar», una milonga armada sobre algunos versos del «Martín Fierro», «La bien pagá», «Corazón loco», «Inolvidable» y, claro, aquel «Lágrimas negras» que fuera brillante en su versión junto a Bebo Valdés.

Un párrafo aparte merece el trío instrumental de base, al que a ratos se sumó quien es el guitarrista de Andrés Calamaro, Diego García. Y la mención es sobre todo para el contrabajista Yelsy Heredia y para el excelente pianista Jaime Calabuch.

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