El Gobierno confía en que, al menos en una variable clave comprometida ante el Fondo Monetario Internacional, el Staff Level Agreement que la próxima semana debería aprobar el directorio del organismo estaría cumplido. El dato de la evolución de la devaluación gradual del tipo de cambio oficial estaría en sintonía con lo negociado, al haber evolucionado en lo que va de 2023 más del 62%; con una inflación acumulada a julio (dato que se conocerá el próximo lunes) que podría no llegar al 60%.
Esto quiere decir que la caída del valor del peso oficial (con un dólar navegando ya casi sobre los $300) es superior al alza de los precios; quizá, por primera vez desde que Alberto Fernández ocupa la Casa Rosada. Y, en consecuencia, la política cambiaria oficial sería más realista en lo que va de 2023. Este crawling peg se aceleró desde fines de junio, y acumula una velocidad de más de 10% mensual; con lo que estaría en sintonía con lo acordado con el FMI.
Esto más allá que los dólares financieros y el blue estén volando por arriba del 70% anual; más de 10 puntos por arriba del oficial. El equipo económico está tranquilo en este punto. Sabe que lo conversado con el staff técnico del FMI sobre el crawling peg no relaciona la devaluación gradual del dólar oficial ni con el blue ni con los financieros.
Argumento
El argumento por el cual el Fondo aceptó que este crawling peg eventualmente dé resultados es la explicación que los argentinos le dieron a la gente de Washington sobre que un shock devaluatorio del 20 o 30% antes de la firma del Staff Level Agreement, sería inflacionario; mientras que la devaluación gradual y controlada del oficial a través de aceleraciones y frenos en el alza del precio del dólar puede tener una consecuencia menor sobre el IPC.
Se le explicó al FMI en las negociaciones de julio que el incremento de los precios en los alimentos y otros bienes depende, además, a que los dólares financieros y el blue no se escapen. Y que, en consecuencia, la articulación debe ser a través de devaluaciones pactadas del oficial, con contención e intervención directa del Banco Central. El FMI no negó la alternativa, pero indicó un seco “quiero ver” para saber si la estrategia comienza a dar resultado.
Esta política cambiaria fue discutida en la sede del organismo en las jornadas finales de la negociación con el FMI por el viceministro de Economía, Gabriel Rubinstein; el encargado de las relaciones con organismos internacionales, Marco Lavagna; y el jefe de asesores de Sergio Massa, Leonardo Madcur, por un lado; y el flamante gerente para el Hemisferio Occidental del FMI, Rodrigo Valdés; su número dos, Nigel Chalk; y el encargado para el caso local, Luis Cubeddu.
Se trató, de hecho, del último capítulo discutido entre el organismo y los funcionarios argentinos, una vez ya prácticamente definidos los otros artículos del nuevo Facilidades Extendidas. Y fue un punto resuelto personalmente por Valdés.
El chileno asumió como titular del departamento para el Hemisferio Occidental el 1° de mayo, y una semana después ya se presentaba en las pantallas de Washington como el encargado de negociar el nuevo acuerdo y de, hacia delante, ser el responsable de fiscalizar y controlar su cumplimiento; bajo el control en realidad de la número dos del FMI, Gita Gopinath.
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