- ámbito
- Edición Impresa
Fortaleza, el lugar que haría crecer a Peter Pan
Playas, historia, vida nocturna y un parque acuático de Brasil atraen a turistas de todas las edades
La capital cearense tiene una rica historia que también vale saber, aunque sus playas sean el atractivo principal. Fue el escenario de la llegada de las expediciones holandesas a Brasil, las que se establecieron y fundaron la Fortaleza de Nuestra Señora de Asunción. El edificio aún sigue en pie -en manos militares- y por eso mismo no se puede visitar. Es la parte más antigua de la ciudad.
También resuenan las historias sobre piratas -¿inspiración para el club?-. ¿Cómo paga la deuda? De a poco está cuidando esos sitios en los que se plasma el pasado, como el Puente de los Ingleses, una escollera que se reconstruyó y a la que ahora sí se puede ir -y todos lo hacen- a observar el mar al atardecer.
De hippies y surfistas
Brasil siempre tiene alguna sorpresa. Y pese a que cientos de sus playas son conocidas, todas se abrieron al mundo de la misma forma: un surfista en búsqueda de olas o un aventurero huyendo de los lugares turísticos. Ceará no escapa a la regla. Para conocer algunas, como Cumbuco, sólo basta movilizarse unos 35 kilómetros.
Hay otras un poco más lejanas, pero que se pueden visitar en un solo día y que las une el mismo dejo histórico, con una diferencia de «descubrimiento» para el turismo de algunos años. Se trata de Canoa Quebrada y Jericoacoara, tierra de «jangadeiros» -canoeros-.
La primera, ubicada a 170 kilómetros de la capital cearense. Los primeros foráneos que llegaron a conocer sus dunas fueron unos hippies, en los 70. Jericoacoara, a unos 300 kilómetros, apareció un poco después, y su acceso aún sigue siendo llamativo por lo difícil. Algunos surfistas supieron de un lugar que estaba en la ruta de los vientos alisios (ideales para la práctica de ese deporte) y comenzaron a atravesar los médanos y alojarse en las casas de los pescadores para disfrutar de esa maravilla natural.
Hoy a Jeri, como le dicen cariñosamente los locales, aún se llega con un bus todoterreno (la jardinera) que cruza esas montañas de arena para abrir paso a un pueblo de cinco cuadras (literales).
En el invierno, son los europeos los que la invaden, pero se mantiene fiel a su estilo, aunque sí se han construido varios hoteles y posadas.
Al atardecer, cuando todos caminan hacia la duna de la puesta de sol para asistir a la ceremonia de la llegada de la noche, desde la arena suenan los acordes para la capoeira, expresión cultural afrobrasileña que surgió como método para defender la libertad. Jericoacoara lo hace a su modo: no deja entrar vehículos como medida ecológica.
Como en el cuento de J. M. Barrie
En la Tierra de Nunca Jamás, Peter Pan no quería crecer. Podría haber sido un nombre para bautizar al Acqua Park que funciona dentro del complejo turístico Beach Park, en Porto Das Dunas, a 20 minutos de Fortaleza. Un laberinto de juegos acuáticos, desde toboganes de las más variadas alturas hasta piscinas con olas artificiales, para quienes eso de «subir la adrenalina» puede ser una experiencia para obviar. Toda gran idea comienza con algo simple. En sus inicios, Beach Park era un restorán a la orilla del mar. En 1985 comenzó a ser tan frecuentado que 4 años después inició su cambio inaugurando un pequeño parque acuático con tres toboganes. Pero de ser el «primero de Latinoamérica» al «más grande» del continente hubo muchos pasos, y litros de agua de por medio. Hoy el complejo cuenta con 2 resorts (un tercero en construcción), ocupa 170 km cuadrados y recibe más de 700 mil personas al año, con récords de hasta 6.600 visitantes por día, de todas las edades.
Tres toboganes. Hoy la cifra se multiplica por diez, todas obras de ingeniería especializada en el tema. Algunos con nombres que remiten a la historia, como el Atlantis o el Arca de Noé, o que recuerdan a libros para chicos, como La Isla del Tesoro y el Hupa & Hopa. Pero el que ha ganado más fama, aunque no es el que cosecha más adeptos, es el Insano, un tobogán de 41 metros de altura, que proporciona una caída de 105 km/h, el equivalente a un salto desde un edificio de 14 pisos. Los 4 segundos que lleva descender no dejan lugar al arrepentimiento. Y eso lo prueban los que se han arrojado más de una vez.
Pero no para todos los extremos son buenos, así que el «síndrome de Peter Pan» se puede disfrutar en diferentes formas: en bote, en toboganes abiertos o cerrados, arrojándose de a uno, de a dos o de a tres en algunas atracciones, o simplemente correr cuando suena el silbato hacia el Acqua Show, y enfrentarse al balde gigante que caerá sobre todos sin distinción. Una suma de sensaciones con el mismo vuelo a Fortaleza.
DATOS ÚTILES:


Dejá tu comentario