Frustrante primer año de Raúl Castro al mando de Cuba

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La Habana - El colectivo de la Revolución Cubana tiene 50 años de kilometraje sin recambios de piezas desgastadas y obsoletas. «Todos quisiéramos avanzar más rápido, pero no siempre es posible», advirtió Raúl Castro a sus compatriotas al ser electo presidente, el 24 de febrero de 2008.
Por lo pronto, en su primer año como mandatario, el hermano de Fidel no levantó del todo el pie del freno a las reformas e incluso no hizo público ningún proyecto de posibles cambios en el sistema isleño. A pesar de ello, a muchos cubanos les crecieron las expectativas de que el país finalmente tomaría una ruta reformadora.
El general presidente, en breves discursos durante su primer mandato, destacó como prioridad «satisfacer las necesidades básicas de la población, tanto materiales como espirituales, partiendo del fortalecimiento sostenido de la economía nacional y de su base productiva».
También demandó una eficiente gestión empresarial, exigencia en los controles económicos y prioridad a la producción de alimentos. Con ese objetivo, Raúl Castro ha llevado a cabo la distribución, en usufructo, de tierras ociosas a campesinos, a quienes estimuló subiendo el precio de compra de sus cosechas. Además, el presidente promovió como tarea prioritaria reducir las importaciones de alimentos, que en la actualidad ascienden a más de 1.500 millones de euros anuales.
Raúl se manifestó a favor de la gobernabilidad a través de las instituciones, dado que un liderazgo individual como el de Fidel es irrepetible. Para llegar a ese propósito, el Partido Comunista de Cuba (PCC) y la Asamblea Nacional del Poder Popular tendrían que ser remodeladas a fondo.
De las medidas tomadas por Raúl, hasta el momento, la más atrevida fue abolir el igualitarismo social e incitar la laboriosidad con salarios sin topes, ganados por resultados obtenidos. Una iniciativa que llega después de décadas en las que se premiaba a los más trabajadores con estímulos morales como banderitas y distintivos.
El año pasado fueron levantadas varias «prohibiciones absurdas», con el fin de incentivar el consumo y permitir a los cubanos alojarse en un hotel, alquilar un auto, pagar una línea de telefonía móvil o comprar una computadora.
Sin embargo, luego se encendió la luz roja del freno a las reformas. También quedó aplazado el propósito de anunciar, a final de 2008, el «nuevo Gobierno de la república» que se establecería después de simplificar el aparato administrativo del Estado.
Quizás el cambio más significativo en el primer año presidencial de Raúl Castro ha sido la acelerada reconfiguración de las relaciones internacionales de Cuba. Ese relanzamiento diplomático logró derogar las sanciones de la Unión Europea, restablecer un diálogo político con España, ingresar gracias al apoyo de Brasil en el Grupo de Río, normalizar las relaciones con México, fortalecer las relaciones con viejos aliados como China, Rusia, Angola y Argelia, y recibir en La Habana el inédito peregrinaje de presidentes procedentes de Panamá, Ecuador, la Argentina, Chile y Guatemala, que se han manifestado a favor de la integración de Cuba en América Latina y de que se formule un diálogo entre la isla y Estados Unidos.
La razón del abrupto frenazo al despegue del proceso de reformas se atribuyó a la necesidad de dar prioridad de solución a los millonarios desastres causados por los azotes de los huracanes Gustav e Ike en el verano del pasado año.
Raúl Castro inculpó también a la crisis económica internacional, pero también hay quienes imputan el freno de la reformas a las «reflexiones» publicadas por Fidel que, a juicio de varios observadores, tienen el efecto de «poner palos en la rueda de la carreta de su hermano». Así que el colectivo de la revolución ya no transita por la ruta de las reformas. Tiene pinchadas las ruedas y se le acabó el combustible.

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