9 de septiembre 2010 - 00:00

“Gaturro” se globaliza en su pase al cine

Favorito de los chicos de menor edad, el «Gaturro» de la historieta sacrifica su marca de identidad para alcanzar un largometraje de proyección internacional.
Favorito de los chicos de menor edad, el «Gaturro» de la historieta sacrifica su marca de identidad para alcanzar un largometraje de proyección internacional.
A pesar de que no siempre comprendan el humor ni las referencias que hace en sus tiras cómicas, Gaturro, el personaje de Nik, es uno de los favoritos de los chicos a partir de los seis años. En perspectiva, y con las diferencias políticas del caso, ha venido a representar el mismo fenómeno de Mafalda en los 60: para sus fans de menor edad, Gaturro y su entorno, sus tropelías en el hogar y su romance imposible con Agatha se imponen por sí mismos, más allá de que le entiendan lo que diga.

Su desembarco en el cine se produce a través de una producción de alto presupuesto y participación internacional (además de los concursos de la Argentina y México, también lo hicieron técnicos de la India). El resultado es una vistosa e impecable realización en 3D, sustentada en una animación que supera aun los logros obtenidos en «Inodoro Pereyra», el largometraje anterior del mismo estudio nacional, Illusion, y una historia que desnaturaliza el espíritu de la historieta aunque, esta vez sí, los chicos la comprenderán al cien por ciento.

En «Gaturro», la película, concebida prioritariamente para el mercado internacional (también formará parte de la programación de Cannes el año que viene), no sólo desaparece el voseo sino también la marca de identidad nacional del personaje; además, y esto es lo más sorprendente, algunos textos que se ven en la película, o denominaciones de negocios como el Pet Shop, están directamente escritos en inglés.

A esa marca de «ningún lugar» que caracteriza al film, y que incluye también una parodia de la ceremonia del Oscar, como si la ciudad donde vive Gaturro fuera Los Ángeles, se añade también una línea argumental apoyada en tópicos globalizados como el del superhéroe, que disputa palmo a palmo el de la divertida comedia sentimental sobre la eterna negativa de Agatha a avenirse a las declaraciones de amor del protagonista.

Desde luego, una producción cuyo presupuesto supera los tres millones de dólares estaría condenada de antemano si su umbral de comprensibilidad, o su humor, se limitaran al mercado local (lo de «pinta tu aldea» no suele verificarse en ciertos terrenos), aunque para ello se haya tenido que sacrificar la naturaleza misma de la historieta. A los chicos, sin embargo, se los ve agradecidos (según se comprobó en las funciones de prensa previas): el gato antihéroe llegó al cine en una aventura clarísima y simple, aunque también ellos se pregunten por qué al ratón Ramiro ahora lo llaman, en inglés, Rat Pitt.

M.Z.

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