8 de noviembre 2011 - 00:00

Giro de utilidades: negociarán caso por caso con empresas

Mercedes Marcó del Pont
Mercedes Marcó del Pont
Aunque el objetivo de por lo menos un ala del Gobierno era imponer algún tipo de restricción al giro de utilidades al exterior por parte de las empresas, la conclusión luego de un análisis técnico a fondo es que tal medida resulta de imposible aplicación. Por lo tanto, se iría a un esquema de negociación «caso por caso», tratando de que las compañías extranjeras difieran el giro de sus ganancias al exterior.

Las causas son básicamente dos: existen tratados bilaterales con la mayoría de los países cuyas compañías tienen inversiones relevantes en el país, que justamente protegen la práctica de girar utilidades. Y además el acta constitutiva del FMI también es taxativa en relación con la imposibilidad de trabar esta práctica. Dicho de otro modo, la Argentina tendría que renunciar al FMI y además incumplir con los tratados bilaterales, lo que significaría otro duro golpe en las relaciones con la mayoría de los países con los que hay comercio e inversiones relevantes.

Esta alternativa se estuvo estudiando tanto en el Ministerio de Economía como en la AFIP y en el Banco Central -que preside Mercedes Marcó del Pont- en los últimos días. El objetivo era avanzar con alguna medida complementaria con la obligación a petroleras, mineras y aseguradoras de ingresar divisas al país. Si se obliga a este grupo a ingresar capitales, por qué no impedir que otros los fuguen era el espíritu de esta iniciativa.

Por eso, la intención es avanzar en una negociación con cada empresa que debe girar utilidades y tratar de convencerlas para que dicho giro sea gradual o que directamente resulte diferido. Un caso testigo es el de YPF, que antes de fin de año debería transferirle a Repsol utilidades por alrededor de u$s 600 millones. El director del Gobierno en la compañía votó en contra de la distribución de dividendos en efectivo a los accionistas, pero no la pudo frenar. Ahora el objetivo sería tratar de demorar el envío de lo que le corresponde a la compañía de origen español todo lo que sea posible, ya que implicaría una fuerte salida de capitales adicional a la que ya se viene registrando en la economía.

Hace tres años, por ejemplo, el Banco Central negoció con las entidades extranjeras una postergación del envío de ganancias afuera. Luego, con un mercado más calmo, fueron autorizadas a efectuarlo. Pero se trató simplemente de demoras de la autoridad monetaria para autorizar dichas operaciones.

Por otra parte, una normativa que impida el envío de utilidades al exterior resultaría un duro golpe para futuras inversiones de parte de compañías extranjeras. Parece difícil que una empresa esté dispuesta a invertir si luego no tiene seguridad de poder recibir las utilidades generadas.

Dejá tu comentario