21 de abril 2009 - 00:00

Gloria Estefan: debut tardío y glamoroso

Actuación de Gloria Estefan (voz). Con M. Linares (guitarra), Th. Maestu (guitarra), O. Burgos (batería), J. Casas (bajo), E. Bonilla (percusión), E. Rodríguez (percusión), C. Ostwald (teclados), F. Diez (trompeta), J. Michalak (trompeta), D. Michels (trompeta), H. Mulet (trompeta) y J. Quiñónez Pagan (trompeta). Coros: Y. Duque, L. Humphrey y J. Quiñones Rodríguez. Bailarines: N. Hernández Ortiz, J. Nadar, J. Pizarro y M. Nadar. (Estadio GEBA; 18 de abril).

Después de 24 discos editados con 90 millones de copias vendidas y de que su tema «Reach» se convirtiera en la canción oficial de los Juegos Olímpicos del '96, Gloria Estefan debutó en la Argentina. Había antes cantado frente al papa Juan Pablo II, cumplido con sus menos ilustres trabajos como actriz y obtenido muchos premsios como cantante.

Estefab llegó a nuestro país y convocó a una multitud en la cancha de rugby del club GEBA. Nacida Gloria Fajardo en Cuba en 1957, emigró de la isla siendo una niña junto a sus padres. En los Estados Unidos conoció a un compatriota, Emilio Estefan, uno de los mayores nombres de la industria discográfica mundial y se casó con él hace más de 30 años. Estefan la transformó en una artista pop de alcance internacional, puso temas, arreglos, ideas.

A los más de 50 años sigue conservando su buena figura y su jovialidad aunque no sea una gran cantante ni una bailarina virtuosa ni tenga el swing de otros colegas. Pero la suma de simpatía, profesionalismo, canciones pensadas para seducir multitudes y una maquinaria industrial puesta a su servicio, han logrado colocarla en un lugar del que no tiene intenciones de bajarse. Con esa historia llegó, demoradamente, a Buenos Aires.

Y su show fue lo que se ha visto tantas veces en videos o en conciertos de otras partes. El entorno lo dio una orquesta numerosa, con un muy alto nivel de profesionalismo, con un sonido que parte de lo centroamericano y se edulcora en el camino, y con géneros que tienen su origen en el son y el merengue pero que se convierten en salsa con el adecentamiento norteamericano que, en su trabajo, es aún más evidente que en otros artistas. Hubo, claro, una bandera argentina -traída por la cantante en un toque demagógico innecesario- y otra cubana -arrojada desde la platea-. Hubo también referencias a su lugar de militante anticastrista en canciones políticas, como «Mi tierra» o «Cuba libre», diversión y baile -»por favor, seguridad, dejen bailar al público que no van a romper nada», pidió-. Cantó temas en castellano y en inglés con una puesta de primer mundo con moderna tecnología de imagen y pantallas. Y estuvo sobre el escenario su hija Emily quien, con 14 años, se presenta como la heredera del imperio Estefan. Generoso en su estructura y en su realización -con el único problema de que arrancó con 45 minutos de demora por cuestiones adjudicadas a la exhibición del rally en Palermo-, el show dejó conforme a la multitud que pagó entre $ 130 y $ 440 para verla en vivo.

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