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Gobierno logró aprobar proyecto para tomar los fondos del Ciudad
Federico Pinedo, Eduardo Amadeo, Patricia Bullrich y Ricardo Gil Lavedra entraron a protestar cuando se inició la sesión. Carlos Kunkel, Juliana Di Tullio y Agustín Rossi, los más efusivos a la hora del festejo, junto con Julián Domínguez. Roberto Feletti más reservado. Ricardo Alfonsín apareció detrás de las cortinas.
La sesión de ayer comenzó complicada. Kirchnerismo y oposición habían acordado el martes en Labor Parlamentaria una sesión ordinaria con temario variado encabezado por el proyecto contra el Ciudad.
Pero toda la oposición aguardó afuera del recinto hasta que el oficialismo lograra el quórum y desde allí protestó cuando el kirchnerismo esperó más de los 30 minutos que otorga el reglamento para intentar lograr el número necesario.
Cuando Agustín Rossi reunió a 130 diputados, ingresó el radical Ricardo Gil Lavedra a protestar por haberse excedido Julián Domínguez de «la media hora de tolerancia que establece el reglamento».
Todos los partidos abandonaron entonces el recinto anunciando que presentarían una impugnación por «violar el reglamento y las costumbres parlamentarias».
En realidad, ayer no hubo problemas con el quórum a la hora de votar sino en el momento en que se cumplieron los 30 minutos de espera. Fue entonces cuando Rossi le pidió a Domínguez 15 minutos más.
El propio Domínguez lo explicó ayer: «El artículo 26 del reglamento dice que es obligación de los diputados que hubiesen concurrido esperar media hora después de la designada para la sesión. No dice que debe levantarse en ese momento».
Hubo, además, otro punto que la oposición puso en duda: para decidir esa prórroga, el presidente de Diputados pidió asentimiento del recinto, que en ese momento no tenía aún el quórum.
«No fue una votación, fue un asentimiento y sólo se esperaron 6 minutos», explicó ayer Domínguez sobre el episodio que pocos juristas creen pueda terminar en una judicialización de la sesión.
La sesión había sido citada para las 13 y comenzó poco menos de 40 minutos después. En ese momento una manifestación de empleados del Banco Ciudad rodeaba el Congreso y se preparaba para un acto con escenario al que luego se subieron todos los diputados de la oposición que se negaron a votar el proyecto. De hecho, esa idea que pergeñaron Conti y Carlos Kunkel para complicar a Macri y que no parece tomar en cuenta el futuro de los empleados del banco, o el fondeo de los préstamos que otorga el Ciudad (aunque el kirchnerismo nunca pareció reparar demasiado en estas cuestiones técnicas), ni siquiera tuvo el acompañamiento de todos los kirchneristas. Tal como lo había anticipado, Jorge Yoma se negó a apoyarlo: «Este dictamen lo único que va a provocar es daño. Esto de que no va a provocar desempleo es una expresión de deseos, porque se está haciendo daño a una institución financiera pública, descapitalizándola y dañando a los usuarios, además de violar la autarquía de la Justicia», dijo el riojano.
Se refería a una modificación de último momento que incluyó el kirchnerismo en el texto definitivo para intentar calmar la protesta de los empleados: «Esta ley no podrá significar en ningún caso la pérdida de empleos».
De hecho, se recordó ayer en Diputados el antecedente de la privatización del Banco de Santa Fe como base de algunas de esas protestas. En ese momento los depósitos judiciales quedaron en poder del Banco Municipal de Rosario, es decir, una institución local como el Ciudad.
La sesión de ayer fue momento también para que el moyanismo debutara en la oposición: Facundo Moyano, Héctor Recalde y Omar Plaini no bajaron al recinto.
Por el contrario, Carlos Heller, de Nuevo Encuentro, fue el encargado de defender el proyecto de Conti, lo que le valió un reto de Felipe Solá.
La actuación de Solá fue más que curiosa: criticó a Heller considerando que «éticamente debería haberse borrado de la sesión: su banco compite con el Ciudad», dijo, y agregó: «Este proyecto no tiene ningún sentido. Sólo es joder, joder y joder». Pero al mismo tiempo fue quien le terminó de dar el quórum al kirchnerismo al ingresar al recinto aunque fuera para votar en contra.
Todos los opositores abandonaron el lugar y se cruzaron al acto de los empleados en la Plaza Congreso. Federico Pinedo entonces anunció: «Si ellos convalidan esto, nosotros vamos a ir a la Justicia porque no se pueden tomar decisiones así. Es lo mismo que sesionar en un bar».

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