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Gremios rechazan canje de salarios por impuesto
Antonio Caló
Kicillof, designado por Cristina de Kirchner para hacer ayer el anuncio del cambio en Ganancias -uno de los más esperados por el movimiento obrero-, fue situado, sin embargo, por el sindicalismo peronista como el más odiado del gabinete por dos razones: le endilgan haber impuesto un tope salarial del 25% para los aumentos de este año, por un lado, y por otro, en su conferencia de prensa incursionó en los aportes de los trabajadores a sus gremios, un tema tabú para la dirigencia.
En varias trincheras gremiales ayer se turnaban para sindicar al ministro como enemigo del modelo sindical argentino, tanto por izquierda como por derecha. Donde más resonaron las quejas fue en la sede de la Unión del Personal Civil de la Nación (UPCN), donde se reunió la "mesa chica" de la CGT oficialista. El mensaje, uniforme, fue que esa central no está dispuesta a canjear las pretensiones en paritarias por la rebaja anunciada ayer en el peso de Ganancias.
A tal punto llegó el malestar que ninguno de los oficialistas concurrió por la tarde al acto de Cristina de Kirchner en Casa de Gobierno.
Caló, al mando de esa CGT, lideró también las quejas contra Kicillof por entenderlo responsable de la falta de acuerdo en la paritaria metalúrgica, que permanece en los mismos términos que al principio: ante el pedido de suba del 32%, los empresarios sólo ofertaron el 23% en cuotas y justificaron no mejorarla por sugerencia oficial.
El líder de la UOM dispuso una huelga por 36 horas que arrancará mañana. La modificación en Ganancias no pareció incidir demasiado en un sindicato que puja por subir el salario mínimo garantizado de los actuales $ 6.400 a un nivel cercano a los $ 8.500.
No será la única medida de fuerza: la Asociación Bancaria hará un paro nacional la semana que viene por falta de acuerdo en su paritaria -también con un reclamo por encima del 30%- y los aceiteros de Rosario anunciaron una huelga por tiempo indeterminado por la misma razón. Otro que se quejó amargamente ayer de Kicillof fue Armando Cavalieri, jefe del gremio de Comercio, tal como lo había hecho en los días previos en un raid mediático imposibilitado de firmar con los empresarios de su actividad una suba preacordada del 30 por ciento.
Las dificultades en las paritarias y las críticas del ministro a la recaudación de los sindicatos abrieron así una cadena de protestas individuales, pero también dejaron paso a acciones colectivas. La CGT oficialista reunirá el miércoles que viene su consejo directivo para analizar esa alternativa, y la Confederación de Trabajadores del Transporte (CATT), responsable central del último paro nacional el 31 de marzo, avisó que prevé disponer el 12 de mayo, en un plenario, una nueva medida de fuerza.
Hasta la semana que viene, los dirigentes de todas las orillas buscarán señales del Ejecutivo para empujar la pauta de Kicillof a un rango del 28 al 30 por ciento.
Aunque los sindicatos del transporte aparecen como beneficiarios principales del cambio en Ganancias, desde el sector advirtieron que no cesará la conflictividad: "Kicillof demostró que está en contra del modelo sindical. Se metió con el manejo de nuestra plata al hablar de las cuotas sindicales. Es gorila o de ultraizquierda, pero en cualquier caso se opone al modelo", advirtió Omar Maturano, jefe de los maquinistas de trenes de La Fraternidad. El ministro había cuestionado a Maturano por su sugerencia de elevar las tarifas ferroviarias.


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