La aparición de un «refugio» en medio de la pendiente y la nevada bajista resultó una opción nada desechable y que los índices bursátiles tomaron sin dudar. Si hay que encontrarle una postal a una fecha falta de emociones, es la sensación de que se dejó a Grecia como aislada del resto de las consideraciones, y hasta en todo el mapa europeo, se vio un desempeño mucho más encalmado y con diferencias de escaso calibre. El Dow Jones volvió a contar con sus recursos adicionales, afirmarse en la difusión de un par de ratios menores, como para encabezar la entrada al refugio. Y hasta marcando un 0,5% de pequeño rebotar. Por las bajas, la de Shanghái que abría lo suyo previamente y cayendo el 1,5%. Y el caso del Bovespa, que así como en Brasil sonaban trompetas triunfales sobre su «riesgo-país», en el desarrollo bursátil el reflejo fue una caída del 1,30%. Buenos Aires acaso resultó el recinto más chato y gris, no solamente por saldos finales que apenas movieron hacia abajo un 0,3% las agujas en el índice principal, con mínimo en 3.204, el nivel máximo de 3.246 y un cierre en 3.235.
Diferencias de 22 aumentos por 35 plazas en baja acompañaron la sensación final de una rueda con coletazos de la baja previa, aunque propendiendo a mayor calma. Y el volumen efectivo lo confirmó, volviendo a concretarse la clásica defensiva de una oferta mucho más cuidadosa en no presionar en demasía. Y hasta retroceder a la zona de $ 40 millones. Todo quedó en una línea «condicional», con resultado abierto a todo signo en el remate semanal. La Bolsa, refugiada.
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