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Harta a franceses la furia sindical contra la reforma jubilatoria
Nicolas Sarkozy
El periódico conservador Le Figaro publicó en su primera página de ayer el siguiente titular: «Huelgas, manifestaciones, bloqueos: los franceses ya tienen suficiente», acompañando el artículo de varias encuestas recientes que mostrarían esa pérdida de apoyo.
Sea como fuere, los números muestran una cierta tendencia: el 56% de los franceses espera que los sindicatos cesen en las protestas, ahora que la reforma de las pensiones ya fue aprobada por el Parlamento, y que respeten la votación. Por otro lado, los sectores económicos se quejan de unas pérdidas multimillonarias en daños.
Por eso, los representantes de los trabajadores deberían empezar a prepararse para un desplome del número de personas que los siguen. Si hacen caso de la opinión de la gente, tendrían entonces que parar la huelga y las protestas a partir del miércoles, puesto que ese día la ley estará definitivamente aprobada.
Sin embargo, para el jueves próximo y para el 6 de noviembre ya se organizaron nuevas movilizaciones. «No vamos a parar, ahora estamos más decididos que nunca», se oye del lado de los sindicatos. Incluso el secretario general de la CGT, Bernard Thibault, afirma: «Los trabajadores quieren que continuemos».
Pero la patronal duda de tales afirmaciones y Jean-François Roubaud, uno de sus representantes, dice: «Las acciones de bloqueo son una especie de terrorismo económico; sólo una pequeña parte de los empleados de las pequeñas y medianas empresas apoyan la protesta». Y es que si siguen adelante, por ejemplo, los bloqueos en las refinerías, va a haber problemas serios en breve y hasta alguna quiebra.
De ahí que en los últimos días los trabajadores del transporte y la logística fueran obligados a ir a sus puestos. Por ejemplo, debido a la falta de suministro de brea para asfalto por la huelga, cerca de 15.000 personas del ramo de la construcción están amenazadas con perder su empleo. Por eso, algunos políticos del partido en el Gobierno, el UMP, como su portavoz en el Parlamento, Jean-François Copé, se quejan diciendo: «Esto es un ritual de otra época; no se puede tolerar tomar como rehén a la economía».
La compañía aérea Air France cifra sus pérdidas por la huelga en hasta cinco millones de euros al día, la ferroviaria SNCF habla de 20 millones de euros y la industria química eleva los números hasta los 100 millones.
Además, para la imagen internacional de Francia, el paro es desastroso, según opinan algunos miembros del Gobierno. Creen que incluso el retraso en la edad de jubilación mínima de los 60 a los 62 años, en comparación con otros países, no es nada.
Pero en cualquier caso y a pesar de todos los argumentos que se esgriman, esta reforma se ha convertido en un auténtico lastre para el presidente Sarkozy.
Según una encuesta publicada ayer, tan sólo un 29% de los ciudadanos está satisfecho con la labor del jefe del Estado, el nivel de apoyo más bajo de la historia. A ello contesta Raymond Soubie, asesor del presidente, mostrándose pragmático: «Esta reforma se va a aprobar; es una victoria para Francia y para los franceses», como si no hubiera ni vencedores ni vencidos.
Agencia DPA


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