Mondino participó ayer de una de las mesas en la Conferencia Anual de FIEL. En diálogo con este diario, luego de su exposición, reconoció que esperó que "la velocidad de depreciación de este año fuera mayor" en la Argentina.
Si bien se mostró reacio a hablar sobre el país, ya que en su trabajo de investigador se especializa en mercados emergentes en general, no eludió hablar sobre la necesidad de ajustes, el dólar y la negociación de la deuda con los fondos buitre. "Un sistema desdoblado de tipo de cambio rara vez termina bien. Mi recomendación sería tratar de que todos los tipos de cambios converjan, con cierta intervención del Estado, pero dejando al mercado", señaló.
Periodista: En su disertación mencionó que China crecerá menos y esto repercutirá en América Latina y en la Argentina, en particular.
Guillermo Mondino: La región se benefició mucho de la situación externa que hubo hasta la crisis internacional, que resumo en tres factores: el fuerte crecimiento chino, el aumento del comercio internacional y tasas de interés internacionales muy bajas. Estas tres condiciones se modificarán, lo que hará la situación más cuesta arriba. Las cuentas corrientes de los distintos países de la región ya son deficitarias. La respuesta es que el escenario será más complejo, más cuesta arriba, pero no de crisis que se nos viene el mundo encima.
P.: ¿Cómo está preparada la región para afrontar esta nueva situación?
G.M.: Algunos mucho mejor que otros. Venezuela es uno de los de mayor vulnerabilidad, ya que el 98% de sus exportaciones son petróleo. Un contexto en el que los precios internacionales bajen no lo va a ayudar. En cuanto a Brasil, imaginamos que el contexto global no contribuirá a hacerlo crecer como hasta ahora. En la Argentina hay un conjunto de políticas que lucen insostenibles a lo largo del tiempo y van a requerir ajustes. Éstos se van a entrelazar en un contexto externo menos favorable.
P.: La Argentina también depende bastante de la exportación de commodities.
G.M.: Sí, y también dependemos mucho de las tasas de interés, lo que afecta a todo el mercado de capitales.
P.: Y así se hará más difícil el acceso al financiamiento externo.
G.M.: No es un contexto hostil para los países latinoamericanos, aunque sí más difícil. Estamos viendo un dólar más fuerte, más firme. Esto es un desafío para los países de la región donde las monedas que son más libres de flotar tienden a depreciarse un poco, algunas más que otras.
P.: Habló de ajustes en la Argentina, ¿en qué aspectos centrales?
G.M.: La tasa de inflación es un problema, perdió su ancla fiscal, y tiene que moderar su política monetaria y cambiaria. Es necesario cambiar una serie de factores que es mucho más fácil hacerlo cuando hay viento de cola, a pesar de que en ese momento no se tengan ganas de hacerlo.
P.: En el dólar oficial en la Argentina, si bien no hay flotación libre, se ve cada vez una tasa mayor de devaluación.
G.M.: En la Argentina la tasa de depreciación de la moneda es una decisión de política que la toma el Banco Central, que es a veces un poquito difícil de interpretar. Hubiera esperado que la velocidad de depreciación de este año fuera mayor. Vemos en las últimas semanas una aceleración, que imagino que durará durante el año próximo. Pero es difícil saber hasta dónde y cuánto, ya que es una decisión muy particular del Banco Central de la Argentina, no del mercado.
P.: Algunos sectores en el Gobierno hablan de desdoblamiento cambiario.
G.M.: No sigo la situación argentina al detalle, pero en principio uno diría que un sistema desdoblado de tipo de cambio rara vez termina bien. El ejemplo más extremo son las restricciones de Venezuela. Mi recomendación sería tratar de converger hacia un tipo de cambio único con cierta regulación del Estado, pero dejando al mercado, pero no puedo opinar sobre el caso puntual de la Argentina.
P.: ¿Cree, como algunos, que la Argentina va a convertirse en un país similar a Venezuela en ese paso?
G.M.: Espero que la Argentina no cometa los mismos errores de política económica que cometió Venezuela durante todos estos años. Si no, se mete en caminos sin salidas. Creo que no estamos en esa situación. Espero que lo podamos evitar como país. De todas formas, la Argentina ya es un país que tiene algunos desbalances macroeconómicos y va a requerir correcciones. Todavía está montada sobre un contexto que sigue siendo relativamente favorable para el país. En Venezuela, el 98% de las exportaciones son petroleras. En la Argentina no tenemos una concentración de esa magnitud. No somos tan vulnerables. En Venezuela el tipo de cambio paralelo es 8 veces más que el oficial. Las políticas se parecen, pero hay diferencias muy grandes, muy marcadas.
P.: En términos de mercado, ¿es buen momento para comprar activos argentinos?
G.M.: Subieron mucho en los últimos meses. Todavía queda mucho terreno por delante en un mundo que va a ser cambiante. Los activos argentinos están caros; no los recomendaría a mis clientes, porque ya subieron mucho. Tres meses atrás hubiera dicho otra cosa. No estoy diciendo que el mercado argentino no tiene más valor para los próximos 15 años, simplemente que subieron mucho en los últimos meses.
P.: ¿Cómo ve las negociaciones con los acreedores? ¿Pueden tener algún resultado?
G.M.: Ojalá que sí. Las posiciones son muy distantes y los recursos muy limitados, lo cual hace que sea un gran desafío. A todo el mundo le conviene que eso se resuelva, sobre todo si hay un acuerdo entre privados. Si el Estado tuviera que hacer un aporte adicional, a la Argentina, de cara a los próximos 10 años, le convendría avanzar en la resolución, por cómo estará el mundo.
P.: ¿La "solución Gramercy" puede llegar a funcionar?
G.M.: Creo que la solución final va a ser un cóctel entre las propuestas que circulan, si es que hay una solución final negociada viable. Las posiciones son muy distantes; es difícil.
| Entrevista de María Iglesia |


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