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Hay que seguir cuidando el sable
Después de muchos años el domingo habrá un desfile militar en las calles de Buenos Aires. Será para llevar desde el Regimiento de Granaderos a Caballo de Palermo hasta el Museo Histórico Nacional del Parque Lezama, el sable corvo del general San Martín. Ese arma es uno de los objetos fetiche más trajinados de la historia patria: lo usó el Libertador, se lo regaló a Juan Manuel de Rosas, cuya hija lo tuvo hasta la donación al Estado nacional, y fue robado dos veces como prenda de pronunciamientos políticos. Ayer se publicó el decreto del Gobierno que dispone restituir el sable al Museo donde permaneció desde finales del siglo XIX hasta que fue robado en los años sesenta. Desde entonces permanecía en custodia en el Regimiento de Palermo. De allí será entregado el domingo para su tradicional depósito. En la nota que sigue uno de los autores del robo más sonado de ese sable relata detalles de aquellos hechos. Su experiencia le hace decir que hay que cuidarlo para que no lo vuelvan a robar.
Imagen de archivo de 1963: curiosos y pesquisas revisan la vitrina del Museo Nacional, de donde se había robado el sable corvo de San Martín.
Unas elecciones fraudulentas llevaron a la UCR al poder con poco más del 20 por ciento de los votos, siendo superior la cantidad de votos en blanco en ese proceso electoral.
Por todo esto, el peronismo se encontraba en una situación de decaimiento, después de todo el esfuerzo de reorganización realizado para las elecciones, y por ello, un grupo de jóvenes peronistas, vinculados con la Resistencia, empezamos a esbozar alternativas para levantar el ánimo del Movimiento y seguir la lucha.
Se esbozaron tres iniciativas que, de una forma u otra, se cumplieron en el tiempo. Fueron el robo del sable del general San Martín, la recuperación de las banderas de la Vuelta de Obligado, que estaban en París, y la toma de las Islas Malvinas.
En agosto de 1963, cinco días antes del aniversario de la muerte del general José de San Martín, se produce el primero de estos hechos. Alcides Bonaldi, ya fallecido; Luis Sansoulet, desaparecido durante la última dictadura militar; Manuel Gallardo, un ex oficial de la Policía Bonaerense que había participado en el levantamiento del general Juan José Valle, un joven llamado Emilio, y yo decidimos que el sable de San Martín, que había acompañado al Libertador en la lucha por la Independencia, debía de ser custodiado por la Juventud Peronista.
Para lograr este objetivo, organizamos el operativo en el Museo Histórico Nacional, donde se preservaba la reliquia desde 1897. Llegamos al Museo poco antes de las 19 y nos acercamos al sereno. Le dijimos que éramos un grupo de estudiantes tucumanos que querían hablar con el director. El sereno abrió la puerta y así fue como entramos. Le dijimos al hombre que íbamos a llevarnos el sable, y después rompimos el cristal de la vitrina, extrajimos la espada y la envolvimos en un poncho. Arrojamos un comunicado y rápidamente regresamos al coche. "Una vez más, afirmamos que la espada de la Libertad está en buenas manos, guardada y custodiada por la Juventud Argentina representada por la Juventud Peronista", afirmaba la proclama, en la que se reclamaba el fin de la proscripción del peronismo, la vuelta del general Perón, la devolución del cadáver de Evita, la anulación de los contratos petroleros, la ruptura con el Fondo Monetario Internacional y la liberación de los presos del Plan Conintes, muchos de los cuales estaban encarcelados desde que Frondizi implantase esta medida.
El sable fue resguardado en una estancia cercana a la localidad bonaerense de Maipú, donde desfilaron jóvenes peronistas para jurar lealtad a Perón y a Evita y rendir homenaje a la espada que el general San Martín había legado en su testamento al brigadier general Juan Manuel de Rosas por la defensa de los intereses argentinos antes las pretensiones anglo-francesas que buscaban humillarla.
El efecto público que este hecho produjo desató una sangrienta represión, allanamientos, encarcelamientos y torturas. Cuando estábamos detenidos muchos de los autores materiales del hecho, los depositarios del sable, encabezados por Aníbal Demarco, que luego fue ministro de Bienestar Social, consultaron con el capitán Adolfo Phillipeaux, un militar que fue dado de baja por el levantamiento de 1956 y que estuvo a punto de ser fusilado.
Phillipeaux había estado reunido con Perón, quien le había encargado organizar los distintos grupos de la Resistencia, y aconsejó la devolución del sable para evitar más torturas y represión. Esto impidió que la espada fuese llevada a Madrid para entregarla a Perón, como era nuestra intención.
Después de estos acontecimientos, el sable fue exhibido en el Cuerpo de Granaderos a Caballo, donde se encuentra actualmente. Y el próximo 25 de mayo será restituido al Museo Histórico Nacional. Pensamos que junto con esta restitución al Museo, debe crearse un destacamento de Granaderos a Caballo para custodiar el sable y para evitar que elementos antinacionales profanen esta reliquia. Además, esto serviría para exhibir a los Granaderos con el uniforme de la época en la que pelearon por la independencia de la Patria.
(*) Dirigente de la resistencia peronista.

