«Hay razones importantes para estar preocupados por una guerra de divisas porque existen evidencias de que los países emergentes se están defendiendo a través de la acumulación de reservas en moneda extranjera», advirtió ayer Guillermo Calvo. El economista, que es profesor de la Universidad de Columbia y fue economista jefe del Banco Interamericano de Desarrollo (BID), también dijo que en ese contexto «los emergentes no pueden hacer mucho para evitar la apreciación cambiaria, excepto que adopten medidas draconianas, como el control a la salida de capitales». Calvo realizó estas declaraciones durante la charla «El contexto macroeconómico global», en el marco de la Conferencia Anual de FIEL.
A continuación, las frases más importantes de su discurso:
Cuando los shocks vienen del sector real, la capacidad de ajuste es mayor que cuando provienen del sector financiero.
Lo que hemos aprendido es que puede haber shocks netamente financieros, pero la existencia de un prestamista de última instancia puede hacer la diferencia.
La Reserva Federal se ha dado cuenta de esto y ha comenzado a actuar como prestamista con sus líneas de crédito flexible y también ayudando a entidades de otros países.
La inestabilidad del sistema financiero no proviene de los países emergentes como se creía. Es incierto si el dólar seguirá siendo el ancla permanente o si lo será el yuan.
En los países emergentes, la demanda de exportaciones jugó un papel importante en la recuperación, mientras que en los desarrollados, el aumento del gasto público fue el motor de esa recomposición.
En las economías emergentes, el salario real cayó, lo que también facilitó el ajuste, mientras que en EE.UU., por la deflación, el salario real aumentó, lo que complica la situación y genera desempleo.
Además, los consumidores se han endeudado, por lo que es difícil que el consumo sea un motor de crecimiento.
En EE.UU., la tasa de interés cae para el Gobierno, pero no para las pequeñas y medianas empresas. Por lo tanto, estamos ante dos realidades: una emergente, compuesta por pymes y hogares que no tienen acceso al crédito. Otra compuesta por el Gobierno y las grandes corporaciones que tienen disponibles varias líneas de crédito.
Por otra parte, las grandes firmas tienen liquidez pero no encuentran proyectos atractivos ya que hay gran incertidumbre sobre la perspectiva de las exportaciones por la «guerra de divisas».
Las economías emergentes devalúan sus monedas a través de controles a la entrada de capitales e intervención en el mercado de divisas.
Esto hace que sea improbable que las exportaciones sean un factor importante de crecimiento para EE.UU.
Los gobiernos son los que están realizando los ajustes en vez de instituciones globales.
China representa el 40% del PBI de EE.UU. Si el gasto chino tuviese que compensar una caída del 4% del PBI del gasto público, por ejemplo, el gasto de China debería aumentar un 10% del PBI. Pero de ninguna manera estamos en esa situación.
En cambio, si todos los emergentes aumentan el gasto público al mismo tiempo, sólo deberían hacerlo al 3% del PBI.
Habría que pensar un Bretton Woods II, y si el Yuan se revaloriza, podría convertirse en una moneda de reserva internacional, lo que sería muy beneficioso para China.
En Europa, Grecia, España, Irlanda y Portugal son el talón de Aquiles de la región. Alemania ha mostrado una gran capacidad de recuperación, pero lo ha hecho a punta de exportaciones, lo que no contribuye a la recuperación de la región.
Todos los países están sobreendeudados en Europa, es difícil ser optimista.
En las economías avanzadas, la política fiscal es un «pacto faustiano» por el cual un mayor bienestar hoy costará mayor estancamiento en el futuro.
El FMI debería facilitar este ajuste readjudicando recursos a nivel mundial, en vez de establecer controles a la entrada de recursos que no hace más que exacerbar la situación.
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