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Hay zona liberada para el BCE, una concesión de la ‘‘Señora NO’’
¿Existe, pues, vía libre para la intervención del BCE? Así es. ¿A pesar de la oposición del Bundesbank? Correcto. El Bundesbank quedó atrapado en el movimiento de pinzas que armó Draghi en silencio. No cuesta trabajo imaginar que el italiano ya se aseguró la mayoría de los votos del Consejo de Gobierno de la institución. Que el austríaco Edwald Novotny -del bando de los duros- lanzara la primera aproximación aporta una pista. Lo difícil era el aval de Merkel. Y el eje Berlín-París está alineado. ¿Bajo qué condiciones? Reza el comunicado de Merkel y Hollande que cada uno de los 17 miembros de la zona euro al igual que las instituciones europeas deben «cumplir sus obligaciones» en sus áreas de competencia.
¿Qué hará el BCE para poner la crisis bajo llave? Las medidas prometen acción coordinada entre el BCE y los gobiernos. Es muy posible -y lo más probable- que no exista aún una definición precisa. En ese contexto, lo primero es entender cuál es el problema. Antes que nada, el euro no está en grave riesgo. No hay que salvar, no de forma directa, a la moneda común. La emergencia es la corrida contra la deuda de España e Italia. Sólo si la corrida se desboca peligra la unión monetaria. ¿Cómo se frena una avalancha así? Con un prestamista en firme de última instancia. En EE.UU., Inglaterra y Japón -donde el banco central está siempre dispuesto a intervenir -no hubo nunca sombra de inquietud. Quiere decir que la fragilidad de la eurozona es de diseño. Se trata de una unión monetaria pero no fiscal, no es un país; el BCE es el prestamista último de los bancos, pero no de las Tesorerías. Entonces, así como la independencia hispanoamericana hubo que hacerla invocando la «máscara de Fernando VII», Mario Draghi debe auxiliar a España e Italia sin llamar las cosas por su nombre, agitando el pabellón del euro, y citando las obvias perturbaciones monetarias que ocasiona toda debacle del crédito público. ¿Es un exceso? El Bundesbank cree que sí. El propio Draghi y la canciller Merkel pensaban lo mismo, pero, por lo visto, la crisis los obligó a mudar de opinión. Aun así, el BCE ha hecho muchísimo menos que sus pares. Y vale reparar en que los demás bancos centrales del G-7 -amén de ser eficaces- retienen su reputación intacta.
¿Qué medidas concretas tomará el BCE? Conviene revisar el rechazo que hizo público el Bundesbank porque allí, en las discrepancias, se marca un camino. El banco central alemán asentó su oposición a que el BCE retome la compra de deuda pública. Quiere decir que la reactivación del programa SMP está de nuevo en la mesa de discusión. Ya se comentó que éste era el plan de contingencia que pedía el presidente Rajoy a viva voz (con el apoyo de Italia y Francia). El Bundesbank también resiste la iniciativa que sugirió Novotny. Concederle una licencia bancaria al fondo europeo permanente de rescate (MEDE) sería, a su juicio, un camuflaje para financiar de forma directa a los gobiernos. Novotny no propuso su adopción, pero planteó que era una alternativa con méritos como para ser considerada. Si éstos fueran los únicos puntos en discordia, sería fácil hacer apuestas. El programa SMP ya fue aprobado y está vigente aunque no se lo utiliza desde hace veinte semanas. El MEDE, en cambio, todavía está en pañales. Y habría que evaluar si cabe convertirlo en banco (lo que a su vez exigiría modificar sus estatutos). No hay dudas, pues, sobre cuál es la ventanilla presta para el pronto despacho. Se sabe, aunque el Bundesbank no lo haya mencionado ahora, que tampoco los pases a la banca son de su agrado. No obstante, los aceptó. Sin embargo, una estrategia que consista en asistir a la banca para que sea ella la que compre la deuda en apuros padece los límites de toda financiación de segundo piso. Si la planta baja cruje, no prosperará. Hay que atenazar la corrida sí o sí para que sea un buen complemento. La idea de los pases, si sólo se calca el truco de diciembre, no repetirá la tracción original. Por último, para terminar de ver los materiales con los que se armará el collage definitivo, cabe hacer el ejercicio inverso. ¿Cómo cree el Bundesbank que habría que conjurar la coyuntura adversa? Su respuesta es simple: hay que intervenir en el mercado de deuda, pero no el BCE, sino los fondos de rescate. ¿Qué esperar, entonces, si el mensaje es que el BCE y los Gobiernos coordinarán la acción y cada uno se ocupará de sus áreas de competencia? Hay múltiples medidas posibles para tabicar la crisis -no menos de media docena de combinaciones básicas que a su vez pueden reproducirse ad infinitum si se le añaden matices- que involucran una inyección dual de recursos: de liquidez a cargo del BCE, y de solvencia a cargo de los gobiernos. Como se dijo hasta el cansancio, las soluciones técnicas ya no son el obstáculo. Si la voluntad de compromiso que expresó Draghi (y Merkel y Hollande) existe; lo que resta es calibrar cuánto aporta y concede cada una de las partes.


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